La Gran Paradoja

Artículo tomado de
LE MONDE DIPLOMATIQUE
Edición Colombia – Versión digital – Año XVIII – N° 199
Mayo 2020 – Informe especial

Oscar Pinto Pineda, Boa abierta, ilustraciones del libro «El Principito»

Las tecnologías digitales se han convertido en un soporte fundamental para enfrentar la pandemia del Covid-19 y dar continuidad a las actividades de los ciudadanos, empresas, organizaciones y gobiernos. Lo que no parará ahí. Todo parece indicar que pasada la crisis tendremos una sociedad y una economía más digitalizadas y eficientes, como resultado del aprendizaje, adaptación y reinvención por el que el mundo ha tenido que pasar para poder sortear el confinamiento y el distanciamiento social. Está en curso una de las transformaciones más rápidas de la historia. Es la gran paradoja.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, mayo 2020

En un mundo globalizado como el nuestro, en el que millones de personas se desplazan todos los días de una región a otra, de un país a otro, la propagación del coronavirus, o más precisamente del Covid-19, se convirtió rápidamente, en apenas cuatro meses desde su origen en diciembre pasado en China, en una pandemia. Para finales de abril ésta ha infectado cerca de tres millones de mujeres y hombres de todas las edades y condiciones, ha causado la muerte a más de 200.000 y hoy tiene a la humanidad «detenida en el tiempo» con gran parte de sus 7.500 millones de habitantes resguardados en sus casas o alberges.

Nunca imaginamos que como humanidad nos tocara presenciar lo que estamos viviendo: calles desiertas, comercios cerrados, aulas vacías, carreteras intransitadas, aeropuertos parados, en fin, la vida como hasta ahora la conocimos suspendida o fuertemente alterada. Dada la naturaleza altamente transmisible del virus, el aislamiento y el «distanciamiento social» aparecen como la única estrategia de prevención o mitigación de su propagación y de manejo del número de personas infectadas para evitar el colapso de los servicios sanitarios. Entre tanto médicos, biólogos, químicos, matemáticos, científicos y especialistas buscan afanosamente crear la vacuna que permita ganarle la batalla a la enfermedad.

Pero en medio de esta crisis sanitaria, que ha acelerado una crisis económica y social de escala mundial dado el riesgo para la vida humana de entrar en contacto físico o próximo con personas portadoras del «enemigo invisible», las tecnologías digitales, en particular las de la información y la comunicación (TIC), se han convertido en un soporte fundamental para frenar o ralentizar la pandemia en curso y dar continuidad a las actividades de los ciudadanos, las empresas, las organizaciones y los gobiernos.

Mientras que las actividades presenciales se han parado y sólo se mantienen aquellas indispensables para el funcionamiento básico de las instituciones, de ciertos servicios esenciales y de las cadenas prioritarias de producción y distribución, el mundo digital ha conocido un extraordinario dinamismo e incremento, permitiendo por medios virtuales realizar a distancia numerosas actividades, remplazando la presencia física. Dichas tecnologías, utilizadas principalmente en ciertos ámbitos, hoy son el eje sobre el cual el mundo sigue andando: desde clases, conversatorios, conferencias, asistencia, reuniones laborales, gestiones administrativas, compra de alimentos y entregas a domicilio, hasta los eventos políticos, culturales y religiosos, entre otras actividades, se realizan ahora a través de plataformas digitales, permitiendo que la vida siga su curso.

Esta nueva dinámica conlleva el desarrollo y fortalecimiento de habilidades comunicativas, de autonomía, responsabilidad, manejo del tiempo, autogestión, resolución de dificultades y otras. Pasada la crisis del coronavirus tendremos una sociedad y una economía más digitalizadas y posiblemente más eficientes a corto o mediano plazo, como resultado del aprendizaje, adaptación y reinvención por el que el mundo ha tenido que pasar para poder sortear el confinamiento y el distanciamiento. El cambio que está generando la apropiación social de las tecnologías digitales en estos tiempos, será profundo y perdurable. Está en curso una de las transformaciones más rápidas de la historia. Es la gran paradoja.

El rebusque diario
Sin embargo, así como la cuarentena resalta, de manera particular, el drama que viven millones de familias sumidas en la pobreza o pobreza extrema, cuya posibilidad de comer todos los días depende, ante la ausencia de un trabajo estable e ingresos seguros, del rebusque del día a día, también ha visibilizado la brecha digital existente entre los diversos sectores sociales, empresas y países.

La apropiación social de las tecnologías digitales, o sea, tener acceso a ellas, usarlas y contar con conocimientos para sacarles el mayor provecho, es muy distinta según el nivel económico y cultural de las familias. La Unctad advierte que la mitad de la población mundial no está conectada a la web y sólo una de cada cinco personas usa Internet en los países en desarrollo, mientras que en el mundo desarrollado nueve de cada diez.

En América Latina la principal dificultad que hoy tienen las alcaldías de las grandes ciudades para hacer llegar los precarios subsidios o ayudas a las familias menos favorecidas, no consiste tanto en disponer de los recursos públicos o de las campañas de solidaridad, sino en el hecho de que muchas de estas familias no tienen cuenta bancaria, tampoco están registradas en las bases de datos del Estado, ni manejan un correo electrónico, para poder contactarlas. Así mismo, millones de familias no disponen de un computador en su casa o de acceso a Internet para que sus hijos puedan asistir a las clases en línea, algunos indicadores señalan el 40% de la población.

En el mundo empresarial también asistimos a una transformación disruptiva en materia de dirección, organización y procesos, gracias al uso de las TIC. Pero la pandemia también ha puesto de presente la brecha digital entre las empresas tradicionales que están seriamente amenazadas por el confinamiento social, a punto de cerrar o en el rebusque diario, y las que por el contrario siguen operando e incluso han encontrado una oportunidad de crecer, favorecidas por el uso de plataformas digitales y recursos colaborativos en línea.

En nuestra región el cierre de la brecha digital es un factor determinante para la inclusión social y económica de las poblaciones menos favorecidas, al igual que para el desarrollo empresarial. Pasada la crisis, es responsabilidad de los gobiernos aprovechar el impulso ganado en el uso de las tecnologías digitales para redoblar esfuerzos en la inclusión digital de los sectores populares, mediante programas efectivos de apropiación social de las TIC en barrios y centros educativos. Merecen especial atención los jóvenes y adultos mayores. Y para respaldar con políticas públicas y créditos blandos la transformación digital de las empresas nacionales, sobre todo las pequeñas y medianas.

En estas condiciones, ojalá el próximo voto ciudadano, de Argentina a México, tenga en cuenta las propuestas de los candidatos en este campo. El acceso a Internet debe ser considerado un derecho público esencial y debería garantizarse un consumo básico para las poblaciones de pocos recursos, extendiendo para ello WiFi gratuito por todas las ciudades.

Nuevo paradigma laboral
Numerosos son los sectores de la economía en los que el teletrabajo se puede introducir. De hecho, esta modalidad de trabajo hace parte de la reglamentación laboral de los países andinos y de la mayoría de América Latina, y ya algunas empresas lo han puesto en práctica, principalmente de manera parcial y para cierto tipo de servicios.

Con la pandemia del Covid-19, se ha multiplicado exponencialmente el número de personas tele-trabajando desde sus casas, pudiendo apreciar las ventajas de bienestar que traería esta práctica en tiempos normales. No tendrían que madrugar a sus sitios de trabajo o regresar en las noches a sus hogares en los atiborrados medios de transporte masivo, ni gastar dos o tres horas diarias de lo más preciado que tiene el ser humano, su tiempo. Podrían organizar sus jornadas entre los horarios productivos, comer en casa y compartir con sus familias. El teletrabajo ofrece igualmente una oportunidad laboral a las personas en condición de discapacidad, y a las madres y padres que deben ocuparse de sus hijos. Sin embargo, la confusión entre vida laboral y familiar, tiempo de trabajo y de ocio, surge como una limitante del teletrabajo, así como la extensión de la jornada de trabajo por órdenes que llegan desde el centro de operaciones y no reparan en el límite de la jornada laboral.

En la economía de mercado las empresas están obligadas a transformarse e innovar. Las plataformas colaborativas de teletrabajo 4.0 permiten ahorrar costos, flexibilizar horarios laborales, ganar en productividad y eficiencia, y mejorar el clima laboral. La reducción de la jornada de trabajo, de 8 a 6 o menos horas diarias, deja de ser una utopía. De otro lado, el teletrabajo no debe ser una forma de precarizar el empleo y en ello los trabajadores y sus organizaciones deben estar vigilantes. Este paso laboral exige entonces un cambio de mentalidad. Avanzamos así, hacia un nuevo paradigma laboral.

Tsunami en la Educación
Salvo en centros educativos con programas específicos a distancia, la educación virtual como complemento de la educación presencial sigue siendo una meta a alcanzar en el sistema educativo de los países latinoamericanos, sin desconocer que el uso de recursos digitales ha ganado espacio en colegios y universidades, principalmente del sector privado. El debate no resuelto sobre la educación como proceso de socialización que va más allá del aula e implica la interrelación diaria en espacios públicos entre los actores del proceso educativo y de éstos con la sociedad en general, un aprendizaje que implica mucho más que leer o revisar escritos, gana nueva pertinencia.

En América Latina hay todavía un amplio trecho por recorrer: mejorar la infraestructura de conectividad de los centros educativos; garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a los monitores de sus instituciones y cuenten con computadores en sus casas; mayor capacitación de los educadores en las herramientas digitales; plataformas con contenidos interactivos ajustados a los pénsum académicos; y actualizar las políticas y programas de educación virtual. También es fundamental mejorar el nivel de inglés de docentes y estudiantes, sin lo cual están en desventaja para integrar los beneficios de la revolución 4.0.

No obstante, con ocasión del cierre forzoso de escuelas, colegios, institutos y universidades, y la continuación de las clases por medios digitales decretado por las autoridades, se está produciendo un verdadero «tsunami educativo». En Colombia, por ejemplo, la mayoría de los docentes ha tenido que preparar sus clases virtuales a marchas forzadas, adecuando su material pedagógico y sus espacios de trabajo en casa y algo similar ha pasado con los estudiantes. Así, unos y otros han ido adaptándose y tomando el ritmo.

El impacto que tendrá esta experiencia cuando alumnos y educadores regresen a las aulas permitirá que la educación virtual ocupe finalmente su espacio, rompiendo paradigmas. El debate sobre los programas de formación y el futuro de los establecimientos educativos estará servido. Y algo es seguro: La educación presencial no volverá a ser la misma.

Lucha contra el coronavirus
Medios de comunicación, ciudadanos, gobiernos, autoridades sanitarias, servicios de salud, laboratorios, comunidad científica y organizaciones internacionales están utilizando de una u otra forma las tecnologías digitales en la prevención y lucha contra el Covid-19. A los medios de comunicación, que a diario informan sobre el avance y consecuencias del virus y las medidas sanitarias que la gente debe acatar, se suman las redes sociales en Internet, las cuales, aunque sirven de cloacas de noticias falsas, están facilitado el intercambio de conocimientos en salud, medidas preventivas y autoevaluación.

Las tecnologías digitales también permiten elaborar modelos epidemiológicos predictivos que están ayudando a los gobiernos y autoridades sanitarias a tomar decisiones sobre la gestión de la cuarentena y la reactivación de sectores productivos, para encontrar un equilibrio entre «aplanar la curva» de contagiados y paliar la recesión económica. En China, Corea del Sur y otros países han implementado aplicaciones en teléfonos móviles para monitorear las personas contagiadas. En Colombia, recientemente la Ministra TIC presentó la aplicación CoronApp. Sin embargo, en democracia política, es urgente que el gobierno aclare cuáles son las medidas de privacidad y seguridad de los datos que se colectan.

Otros ejemplos son las cámaras de alta resolución y termómetros infrarrojos que miden la fiebre de posibles infectados; drones y robots para esterilizar hospitales, sitios públicos y medios de transporte; computación de alto rendimiento con sistemas de Big Data e Inteligencia Artificial para comprender el coronavirus y obtener lo antes posible una vacuna; tele-asistencia sanitaria y plataformas en la nube con el historial clínico de recuperados.

En conclusión, el sector TIC se erige como gran aliado contra el coronavirus y futuras epidemias, poniendo de presente la importancia de las formaciones universitarias y tecnológicas asociadas a las tecnologías de la cuarta revolución industrial o industria 4.0.

Reinventar nuestra forma de vivir
Esta crisis mundial, como otras sucedidas en el pasado, y como la que ya empezamos a vivir debido al cambio climático, también provocada principalmente por los humanos, nos debe llevar a cuestionarnos como habitantes del planeta, nuestro único y espectacular hogar.

La pausa global nos debe conducir a reflexionar sobre nuestra condición de «especie dominante» y el futuro de la Tierra: es necesario modificar nuestro comportamiento personal y colectivo en aras del bienestar general y el uso responsable de los recursos comunes. Nos esperan nuevos desafíos como civilización, es imprescindible un cambio de mentalidad y una transformación de nuestros modelos de existencia.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, 08 de mayo de 2020

* Ex-Alto Consejero Distrital de TIC de Bogotá, ex-Ingeniero de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Consultor en temas de Ciudad Inteligente.

Coronavirus ¿Protección Tóxica a las Personas Mayores?

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Por Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 06 de mayo de 2020

«Quiero demostrar que esos seis millones de colombianos que estamos archivados desde hace dos meses, no digo confinados, archivados, con menos derechos que los animales, los abuelitos… métanlos allá los abuelitos, ya les diremos cuándo salgan… esos abuelitos tenemos muchas cosas qué decir, tenemos muchas cosas qué hacer», respondió Daniel Samper Pizano, intelectual, periodista y escritor colombiano, en una entrevista radial el pasado 30 de abril, refiriéndose a una de las razones por las que aceptó volver a escribir una columna, esta vez en «Los Danieles», plataforma digital creada por los periodistas Daniel Coronell y Daniel Samper Ospina.

La polémica sobre el tratamiento de las personas mayores durante la pandemia del coronavirus ha tomado fuerza en países de Europa y América Latina bajo el título «la rebelión de las canas». En Inglaterra la pretensión del gobierno de prolongar la cuarentena para las personas mayores hasta que haya una vacuna disponible al público, causó gran controversia. En España se levantaron masivamente voces de ira y protesta de los mayores ante la posibilidad de que se prolongue su confinamiento: «Creer que con la reclusión se nos cuida es un error, es mejor tomar un riesgo controlado para vivir con los demás que languidecer en una soledad desesperada», «Que no se les ocurra, le recuerdo al presidente que nosotros también votamos», «Nos quitarán años de vida si nos alargan la cuarentena», son algunas de las reacciones recogidas en la prensa.

En Francia, el anuncio del presidente de que los mayores de 65 años seguirían encerrados en sus casas después del 11 de mayo, fecha inicial del desconfinamiento, suscitó el rechazo de médicos, intelectuales y abogados, cuestionando la decisión desde el punto de vista médico, ético y jurídico. La Academia de Medicina se pronunció contra la cuarentena por grupos de edad: «La tentación simplista de gestionar este episodio por grupos de edad y de imponer a los ancianos, en nombre de su propia protección, que permanezcan confinados, no es satisfactoria». Y criticó la «amalgama» que hacen las autoridades entre los mayores y las personas con enfermedades crónicas.

En Argentina, el gobierno de Buenos Aires dispuso que las personas mayores de 70 años deberían pedir permiso para salir. «Son medidas que, además de incómodas, denigran a los mayores», «Esta restricción parece considerar a los mayores como un sector condenable de la sociedad, un sector que molesta», «Nunca las prohibiciones de este tipo son buena idea, ésta es una medida absurda e impracticable», fueron algunas de las reacciones de personalidades y organizaciones de derechos humanos. Entre tanto, tomó fuerza la consigna «Protección SI. Prisión domiciliaria NO».

En Colombia el presidente Iván Duque decretó el Aislamiento Preventivo Obligatorio en todo el país desde el 17 de marzo. Entre las excepciones, autorizó a los mayores de 18 años salir a comprar víveres, ir al banco y otras actividades, pero al mismo tiempo dispuso el confinamiento total de las personas mayores de 70 años, éstas simplemente no pueden salir a la calle salvo casos de urgencia o fuerza mayor. Luego, el 21 de abril el gobierno nacional prolongó la cuarentena hasta el 11 de mayo, sin embargo flexibilizó las medidas al permitir que las personas de 18 a 59 años puedan salir a realizar actividad física bajo ciertas condiciones. De nuevo, de un plumazo, las personas mayores quedaron por fuera, aunque esta vez la exclusión comienza a los 60 años. El 05 de mayo el presidente prolongó otra vez el aislamiento, hasta el 25 de mayo, y entre las nuevas medidas abrió la puerta a los niños y adolescentes de 6 a 17 años bajo ciertos protocolos, pero las personas mayores tendrán que seguir tiempo completo «en el closet».

Nadie duda que la cuarentena total de la población adulta mayor decretada por las autoridades, en medio de una crisis planetaria inédita, tiene el propósito de protegerla frente al Covid-19, dado que presenta el mayor número de fallecimientos, y además evitar la sobrecarga de los servicios sanitarios. Sin embargo, otras consideraciones deben ser tenidas en cuenta. Para los mayores permanecer encerrados tanto tiempo afecta sus articulaciones y su corazón en particular, y fragiliza su estado mental. Tanto más que no pocos de ellos viven la dura realidad de la soledad. Su confinamiento prolongado los debilita y deprime, más que a otros grupos poblacionales.

De otro lado, este tratamiento de encerrar a los mayores, léase enclaustrar, incuba en la sociedad un cierto ambiente de infantilización y subestimación hacia ellos, empezando por la expresión «los abuelitos» utilizada públicamente por algunos gobernantes, la cual fue retirada por las Naciones Unidas desde 2002[1] porque no todas las personas mayores son abuelos o abuelas, y porque nos devuelve a la mirada antigua de compasión y asistencialismo que hasta el siglo pasado se empleaba con la gente mayor. A diferencia de la mirada tradicional, como nos lo recordó Simone de Beauvoir cuando protestó contra la sociedad que trata a los viejos «como parias», hoy la mirada es de derechos, la comunidad mayor no sólo es beneficiaria de programas sino titular de derechos.

Además, en las últimas décadas en el país y en el mundo, se ha producido un hecho importante en relación con el envejecimiento: la esperanza de vida ha aumentado, las personas mayores son más activas que antes, hacen más ejercicio, se cuidan más, se cultivan más y se ocupan más. Incluso hoy se habla de tercera y cuarta edad. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) les facilitan, a su vez, desarrollar proyectos personales, reciclarse y trabajar nuevos temas, socializar y participar en grupos. Los tiempos han cambiado, «los viejos» del siglo XXI no son los de antes.

No es gratuito entonces que con la cuarentena total muchas personas mayores se sientan inútiles, estigmatizadas y discriminadas, al tiempo que van perdiendo su salud y ven afectada su dignidad. Afortunadamente hace pocos días Ángela Merkel declaró «Encerrar a nuestros mayores como estrategia de salida a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral». En Francia, Emmanuel Macron tuvo que rectificar, levantó la restricción. En Argentina las autoridades porteñas debieron retroceder, cambiaron la prohibición por recomendación. Y muchos gobiernos de los países más afectados por el coronavirus, como España, acaban de establecer horarios para que todos los grupos poblacionales, incluidos niños y mayores, puedan salir a la calle.

Mantener por un tiempo excesivo el encierro total de las personas mayores sin permitirles salir a la calle en ningún momento, tendrá consecuencias más negativas que positivas para su salud y autoestima. Por todas las razones anteriores, es de esperar que el presidente Duque y el gobierno nacional, al igual que los mandatarios regionales y locales, reflexionen e innoven en sus medidas, y encaucen su ánimo protector con un cambio de mirada hacia las personas mayores.

Por Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 06 de mayo de 2020

Artículo de libre difusión citando la fuente

[1] En la Segunda Asamblea  Mundial sobre  envejecimiento y vejez en Madrid-España

¿Cuál satélite para Colombia?

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Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

El periódico El Tiempo publicó el 23 de febrero un artículo del ex-Vicepresidente Germán Vargas Lleras titulado «El satélite, un juguete caro» en el que critica la decisión del Gobierno Nacional de «volver a poner en marcha el negocio del satélite de observación de la Tierra con el cual se pretende, además, que Colombia entre con pie firme en la era espacial». Y se declara sorprendido de enterarse a través de los medios de comunicación de que «Colombia le apostaría nuevamente a tener un satélite propio de última tecnología».

Recordemos que un satélite de este tipo permite tomar imágenes en muchos campos: estado de las carreteras, recursos hídricos, incendios forestales, minería, pesca y otros. El ex-Vicepresidente se refiriere en particular a la aprobación del Gobierno de Duque al Conpes (Consejo Nacional de Política Económica y Social) # 3983 de enero pasado. El documento en cuestión se titula «Política de Desarrollo Espacial: Condiciones habilitantes para el impulso de la competitividad nacional», en el que se incluye la siguiente línea de acción: «El Ministerio de Defensa Nacional, en coordinación con la FAC, el IGAC y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, realizará un estudio costo-beneficio sobre las diferentes alternativas de adquisición de infraestructura espacial de observación de la Tierra».

La inconformidad de Vargas Lleras tiene que ver con el costo que implicaría la compra del satélite, cerca de 350 millones de dólares, más los gastos de mantenimiento, cuando hoy en día esas imágenes se pueden comprar a otros satélites extranjeros por cerca de 2 millones de dólares anuales «e incluso provistas gratuitamente por medio de la cooperación internacional, como en el caso de los cultivos ilícitos», agrega. También alerta sobre los intereses que se moverían detrás del «negocio» y dice «la idea de tener no solo uno, sino varios satélites propios, incluso para generar emprendimientos, no parecería corresponder con las prioridades nacionales en materia del gasto».

Este artículo suscitó fuerte controversia y la W Radio entrevistó al abogado y experto en derecho espacial, Alfredo Rey, quien aseguró que es más conveniente, tiene mayor prioridad, adquirir un satélite de comunicaciones que un satélite de observación de la Tierra y dio la razón a Vargas Lleras confirmando que las imágenes se consiguen en el mercado y Colombia los compra actualmente.

El profesor Rey también manifestó que en materia de comunicaciones dependemos de los satélites de otros países, a pesar de que la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que administra las posiciones orbitales de los satélites, le asignó a Colombia tres posiciones. Agregó que un satélite de comunicaciones tiene más o menos el mismo costo que uno de imágenes y permitiría cubrir todo el territorio nacional, conectar a todas las regiones y dejaríamos de pagar los costos por el alquiler de satélites extranjeros para hacer las telecomunicaciones.

Colombia rezagada
Aun cuando comparto lo fundamental de ambas posiciones, éstas ameritan ciertas precisiones y aclaraciones. En primer lugar, Colombia no ha tenido hasta ahora una política pública espacial con una visión estratégica de largo plazo, los esfuerzos en esta materia han sido muy limitados y la clase política no ha sabido conducir al país para aprovechar el potencial que tiene este sector, quedando Colombia rezagada frente a otros países de América Latina. A pesar de que se han aprobado en las últimas décadas tres documentos Conpes para la compra de satélites, dos de comunicaciones y uno de observación de la Tierra, estas adquisiciones nunca tuvieron lugar, se quedaron en el papel.

El reciente Conpes plantea la necesidad de una Política de Desarrollo Espacial para impulsar la economía colombiana mediante una serie de estrategias que permitan generar tres condiciones habilitantes: sentar las bases para construir una visión de largo plazo del sector espacial; facilitar la entrada de la iniciativa privada; y revisar el rol de la Comisión Colombiana del Espacio, adaptar la normatividad existente y propiciar la cooperación internacional. Sin embargo, este Conpes apenas destina recursos por 1904 millones de pesos para su implementación, lo cual parece insuficiente.

Un valioso recurso natural
En segundo lugar, Colombia al igual que otros 9 países en el mundo, Brasil, Ecuador, Congo, Gabón, Kenia, Somalia, Uganda, Zaire e Indonesia, goza del privilegio de poseer una órbita geoestacionaria, un valioso recurso natural que hubiese podido ser gran fuente de ingresos para el país pero que hoy ha sido declarado por las grandes potencias como un recurso de la humanidad, en contraposición al concepto de soberanía nacional que firmaron estos países en el año 1976.

Recordemos que la órbita geoestacionaria (O.G.E.) es una autopista circular sobre la línea ecuatorial a casi 36.000 kilómetros de altura. Ella permite que los satélites allí situados giren en el mismo período de rotación del planeta, desplazándose siempre encima de un territorio dado. Por ello, esta órbita presenta grandes ventajas para los satélites de comunicaciones, televisión y navegación GPS (Global Position System), reduciendo a su vez los costos de los equipos terrestres.

La Constitución colombiana establece que también es parte de Colombia el segmento de la órbita geoestacionaria. Pero en la vida real la O.G.E. está casi llena con satélites de las grandes potencias y es clara la inclinación de la UIT en favor de los países con capacidad tecnológica. Sin embargo, Colombia conserva aún tres posiciones en derecho, que nos corresponden entre los 70 y 75 grados al oeste del meridiano de Greenwich.

Satélite de comunicaciones vs fibra óptica
Debido a la compleja geografía colombiana, el Ministerio de Tecnologías de Información y Comunicaciones (MinTIC) abrió en el 2010 un proceso para la compra de un satélite de comunicaciones con el fin de dar conectividad a miles de centros educativos, hospitales y otras instituciones públicas, buscando así superar el aislamiento de buen número de regiones y a la vez reducir la brecha digital.

En esa ocasión la licitación se declaró desierta y tampoco tuvo éxito un nuevo intento. Finalmente el Gobierno consideró que era mejor desplegar una red nacional de fibra óptica, estableciendo un plan gradual para llegar a las cabeceras de la gran mayoría de los 1.100 municipios del país, y allí en donde no fuese posible implementar esta infraestructura de comunicaciones de alta velocidad se acudiría a empresas prestadoras de servicios inalámbricos de voz y datos (satelitales y micro-ondas).

Este programa de fibra óptica se ha ido cumpliendo en general, aunque a nivel local la solución del «último kilómetro» para llegar al usuario final, que corre a cargo de empresas de servicios públicas o privadas, avanza a paso lento en muchos sitios. A su vez, numerosas zonas rurales del país aún carecen de comunicaciones de alta velocidad, a pesar del esfuerzo hecho por algunos operadores.

Conclusión
Antes que hacer una inversión económica en la adquisición de un sistema satelital de imágenes, el gobierno debería dar prioridad a la adquisición de un satélite geoestacionario de comunicaciones que beneficie el desarrollo equitativo de las regiones del país.

Desde luego, ello exigiría una inversión económica importante, además de asegurar necesariamente otros factores de éxito. Lo ideal sería ponerse de acuerdo con los países vecinos, en particular con Venezuela y Ecuador, pero tal cooperación es improbable en el contexto político actual.

Y como quiera que las comunicaciones en el siglo XXI pasan en gran medida por las telecomunicaciones y Colombia no tiene un satélite de comunicaciones propio, será necesario seguir acudiendo a los servicios de satélites de otros países y de empresas privadas. Esa es por ahora nuestra realidad.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

* Ex-Alto Consejero Distrital de TIC para Bogotá.
Blog: https://agoradeldomingo.com


Artículo publicado en Revista Sur: https://www.sur.org.co/cual-satelite-para-colombia

Foto tomada de: larepublica.pe
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Los Millenials de Colombia en las Calles

Artículo tomado de REVISTA SUR: www.sur.org.co/los-millenials-de-colombia-en-las-calles

Por Mauricio Trujillo Uribe*
23 de enero de 2020

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En buena hora para la vida social y política del país, la Generación de Millenials se moviliza y comienza a ocupar líneas de liderazgo. El espacio de diálogo ganado al gobierno de Duque debe ser aprovechado como un paso hacia la negociación de metas concretas, principalmente en educación y cultura.

El lector encontrará en estas líneas algunas consideraciones sobre las motivaciones que han llevado a los jóvenes que nacieron cerca al siglo XXI y crecieron con las tecnologías digitales, conocidos como los Millenials, a salir masivamente a las calles en estos dos últimos meses.

Desde el paro cívico nacional de 1977, el más grande de la segunda mitad del siglo XX, no habíamos visto tal cantidad de jóvenes desfilando. Hoy se movilizan en un clima más favorable luego de los acuerdos de paz firmados entre el Estado y las FARC.

Estos jóvenes no viven en barrios de marcada pobreza, son más bien de nivel económico medio y han tenido acceso a la educación formal, más de la que tuvieron sus padres y abuelos.

La mayoría de ellos se moviliza por un sentimiento general de inconformidad con el estado de cosas que diariamente les toca vivir, por la ausencia de oportunidades para su desarrollo como individuos, por la incertidumbre frente al futuro que los espera y por la alerta ante el cambio climático.

Así, por ejemplo, una de sus preocupaciones centrales tiene que ver con la dificultad para encontrar empleo en un mundo laboral en donde cada vez más se les pide tener no sólo un pregrado sino un posgrado, y contar con una primera experiencia de trabajo, algo imposible para la gran mayoría. Además, no pocos empleos son mal remunerados e inestables. El estrés que les genera este panorama es aún mayor porque tienen grandes expectativas de un retorno de inversión en términos de éxito y progreso personal. No es de extrañar entonces que muchos de ellos continúen viviendo en casa de sus familiares y que no se proyecten en una relación de pareja con hijos. Ven con desazón que su nivel de vida futura será posiblemente inferior a la de sus progenitores.

De otro lado, a diferencia de la oposición frontal y explícita al mal gobierno de Duque de gran parte de los dirigentes del paro y de las organizaciones de izquierda, y de ciertos grupos pequeños notorios en las marchas, la decisión de estos Millenials de salir a las calles refleja más un rechazo, en general, a la clase política tradicional: no creen en los gobernantes o se decepcionan pronto, no se sienten representados por nadie, o casi nadie, aún menos por un Congreso al que muchos señalan como un cuerpo de políticos profesionales que se perpetúa.

Su indiferencia frente a los partidos políticos del establecimiento es también evidente, aunque la mayoría tampoco se alinea con los partidos de izquierda. Desean voltear la página de la polarización y repudian el asesinato de líderes sociales. Se indignan frente a la corrupción que, dicen, atraviesa todas las instituciones. Sospechan de las informaciones de los medios de comunicación, dándole más credibilidad a las redes sociales, o mejor, a sus propias redes, que retroalimentan en circuito cerrado sus propios sentimientos y creencias. En síntesis, viven una crisis de confianza y legitimidad en los partidos, gobiernos e instituciones, pero prefieren y quieren el sistema democrático.

Son jóvenes con grandes esperanzas y retos en la sociedad de la información, el conocimiento y la innovación. Deben desenvolverse en un mundo globalizado y competitivo. Y están dispuestos a dar la pelea para que las cosas cambien en nuestro país. De hecho, la votación de esta juventud fue determinante en las elecciones territoriales de octubre de 2019 para elegir alcaldes y gobernadores alternativos en las principales ciudades y departamentos, algo inédito en nuestra historia, como también lo será para las elecciones parlamentarias y presidenciales del 2022.

El protagonismo de los Millenials es decisivo para avanzar hacia una sociedad más equitativa, incluyente y próspera. Pero el potencial transformador de su movilización pierde fuerza por la acción de los encapuchados violentos y visiblemente organizados, que destruyen los bienes públicos y privados, deslegitiman la protesta social y provocan a la fuerza pública (ello no justifica por tanto el abuso de autoridad); y sus banderas se debilitan ante la opinión pública cuando no se tiene en cuenta las necesidades de transporte de los ciudadanos que no participan en las marchas.

En buena hora para la vida social y política del país, la Generación de Millenials se moviliza y comienza a ocupar líneas de liderazgo. El espacio de diálogo ganado al gobierno de Duque, que recuerda al Diálogo Nacional de cierta época, a pesar de la mano dura que piden ciertos sectores de derecha, debe ser aprovechado como un paso hacia la negociación de metas concretas, principalmente en educación y cultura. La protesta democrática será siempre un recurso ante los oídos sordos de los gobernantes, así lo garantiza la Constitución de 1991.

Mauricio Trujillo Uribe*
23 de enero de 2020

*Ex-Alto Consejero TIC Bogotá. Director programa radial Festivales Jazz del Mundo.  Blog: https://agoradeldomingo.com

Foto tomada de: Escuela Nacional Sindical

 

Diez retos de Bogotá Inteligente que esperan a Claudia López

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, 06 enero 2020

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Con el permanente crecimiento de la población urbana, aumentan todos los días los problemas en campos como la seguridad, movilidad, educación, salud, empleo, medio ambiente y otros. Bogotá llegará en poco tiempo a diez millones de habitantes y enfrentar con éxito los retos que este conglomerado humano conlleva, requiere soluciones innovadoras de gran escala e impacto.

Una visión y gobernanza acertadas, la participación activa de la ciudadanía, los datos abiertos y la aplicación de nuevas tecnologías como factor disruptivo, hacen parte de las variables que Claudia López tendrá por delante para avanzar en la solución de los desafíos de este ecosistema urbano cada vez más complejo, teniendo como meta central mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En hora buena su elección como nueva alcaldesa, me uno a las expectativas de quienes hicimos parte de los equipos programáticos de su campaña y votamos por ella. Bogotá necesita desarrollar una política pública de Ciudad Inteligente y Amigable, de la que hacen parte los siguientes diez retos:

  • Una ciudad más segura para todos: utilizar de manera intensiva un sistema de Analítica Criminal de Big Data e Inteligencia Artificial. Estas plataformas funcionan con base en los sitios, modos y frecuencia donde se viola la ley en un territorio, y demás informaciones recolectadas por las autoridades, a partir de las cuales cruzan datos, determinan patrones e identifican tendencias, permitiendo anticipar y enfrentar el delito más eficazmente.
  • Una ciudad que cuida su medio ambiente y preserva su hábitat ecológico dando un tratamiento sostenible e inteligente a sus residuos sólidos: migrar del actual modelo tóxico de depósito y manejo de los desechos del Relleno Sanitario de Doña Juana, hacia el uso de tecnologías limpias de Termovalorización, que además permiten generar energía eléctrica. Son varias las ciudades capitales de América Latina que las utilizan con éxito.
  • Una ciudad de Gobierno Abierto y Transparente que acerca a la Administración y los ciudadanos, que escucha a sus habitantes y que acuerda con ellos, entre otros temas, la destinación de los fondos propios de las veinte localidades: incentivar la participación ciudadana, mediante el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), incluyendo las aplicaciones para celulares, en los presupuestos locales y su seguimiento.
  • Una ciudad que moderniza la enseñanza de la educación pública en sus escuelas y colegios: acelerar la incorporación de la educación virtual, con sus redes, plataformas y contenidos, como complemento fundamental de la educación presencial en un mundo globalizado, facilitando la labor del docente y la apropiación de conocimientos por parte del alumno.
  • Una ciudad que prepara a las generaciones para desempeñarse en un mundo moderno: promover la apropiación social de las TIC, apoyar los laboratorios digitales de innovación abierta y colaborativa, y respaldar la apertura de nuevos cupos en la Universidad Distrital en programas tecnológicos y profesionales como el Internet de las Cosas, Inteligencia Artificial, Computación Cognitiva y Blockchain, entre otras áreas innovadoras.
  • Una ciudad en donde el talento y la innovación se conjugan en el arte y la cultura: formar artistas y agentes culturales en las nuevas expresiones escénicas, creadoras de nuevas audiencias, en las que el arte urbano y las nuevas tecnologías convergen. Así mismo, contar con espacios y equipamientos públicos funcionales al uso amplio de los recursos digitales.
  • Una ciudad que propicia, en la era de la información y el conocimiento, la inclusión digital como elemento clave de los programas de integración social: dar continuidad a las más de cien zonas de Wi-FI público (puestas en funcionamiento entre 2013 y 2014 por la Alta Consejería Distrital de TIC) y ampliar su cobertura. A su vez, estas zonas de acceso libre a Internet permiten revitalizar el hábitat, ofrecen espacios de encuentro y convivencia a los jóvenes y son una oportunidad económica para los comerciantes del sector.
  • Una ciudad que cuenta con un sistema de emergencias médicas inteligente: promover la implementación de una plataforma de información por parte de las entidades prestadoras de servicios de salud, basada en geolocalización y bases de datos centralizadas, que articula la ambulancia más cercana con el centro médico más apto y próximo, para atender la emergencia. A su vez, la Historia Clínica Unificada, en fase de implementación, constituye el complemento ideal para los servicios de atención de emergencias y salud en general.
  • Una ciudad que se beneficia de la sinergia entre las empresas de servicios públicos: establecer alianzas estratégicas entre la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), que dispone de la mayor red de fibra óptica urbana, y la Empresa Metro de Bogotá, para implementar el vasto sistema de comunicaciones y anuncios del futuro metro de Bogotá, y entre la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá (EEB) y la futura Red de Regiotrams de la Sabana, para el transporte férreo metropolitano.
  • Una ciudad que potencia las oportunidades de emprendimiento, empleo y negocios de nueva base tecnológica: hacer realidad la primera fase del Parque de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá, en donde colaboren el talento juvenil, universidades y empresarios, contribuyendo a la competitividad y el crecimiento económico de la ciudad-región.

Una política pública de Ciudad Inteligente y Amigable tiene en cuenta los componentes humanos, institucionales y tecnológicos que intervienen en su desarrollo, además de los aspectos sectoriales y las mejores prácticas internacionales. Su implementación en Bogotá pasa por la voluntad política de la nueva alcaldesa y el Concejo Distrital y se refleja, aprovechando la amplia base regulatoria nacional y distrital, en el Plan de Desarrollo, la apropiación presupuestal y la planeación distrital.

También es fundamental contar con una institucionalidad fuerte que dirija dicha política pública en concertación con las secretarías y entidades del Distrito y en colaboración con el Gobierno Nacional y la empresa privada. Bienvenida Claudia López al universo de la Ciudad Inteligente y Amigable.

* En Colombia: ex-Alto Consejero Distrital de TIC de Bogotá y ex-miembro de las juntas directivas de ETB y EEB.

Artículo publicado en la página web https://agoradeldomingo.com, de libre difusión citando la fuente.

Cahr-nah-vahu

Por Mauricio Trujillo Uribe
30 de diciembre de 2019

Hace calor, las noches de febrero son así, el verano se instala, la brisa del mar se queda en el mar y el cielo no conoce nube, mientras la ciudad levanta los panderos y se va de fiesta. Desde que vengo al CAHR-NAH-VAHU, o festival de la carne vale como le decían antes, siempre ha sido así: se apodera de mí una sensación de euforia, que pronto se funde en la colectiva. Bajando por las calles de adoquines, más y más gente va sumándose al jolgorio. Esta vez salimos del barrio Toquín. De las casitas coloniales de techos de teja, con sus paredes descascaradas, van saliendo los lugareños al ritmo de la batucada que, como campana de iglesia a sus feligreses, pasa y los convoca a la infaltable misa del Carnaval. Ningún vecino se queda, es la noche del frenesí, esperada y largamente preparada. Llegan con máscaras de mil diseños y colores, símbolo de anonimato y libertad; largas plumas en la tiara de la espalda, cual colas de pavo real; y disfraces inverosímiles haciendo alarde de creatividad. Vienen también con vestidos zoomorfos de leopardos, gorilas, burros y demás; y de grifos y unicornios, animales mitológicos que hacen volar la imaginación y la curiosidad. Marchan príncipes y maharajás, calaveras y demonios, y figuras paganas y religiosas. Y están presentes los trajes típicos, los viejos y raídos, los nuevos y rimbombantes, todos con lentejuelas y elaborados bordados. Es una especie de embrujo que contagia la piel en la medida en que nos acercamos al gran bulevar de donde proviene el eco colosal. Hombro con hombro, paso con paso, coro con coro, candomblé con candomblé, miles con miles vamos entrando en apretadas filas por las vías aledañas a la gran alameda que atraviesa la urbe. Y allí, de repente, frente a mis cinco sentidos, dos océanos: el de las olas que riman con los tambores que tocan desde el atardecer,  estrellándose en las playas de fina arena amarilla que sobre varios kilómetros delinean el malecón. ¡Y el de un millón de personas danzando y avanzando simultáneamente al compás de la samba, poseídas de una euforia colectiva que adivino transmutada de los ritos africanos de Ogadú!

 

Paco el seminarista

Fotos: yomismo – cathopic

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Por: Mauricio Trujillo Uribe
Diciembre 2019

La plaza de Alfaro estaba llena, la gente apretujada, hombres y mujeres codo a codo. En la tarima donde yo me encontraba decían que eran más de veinte mil. Habían llegado con sus pancartas desde diferentes puntos de Cartago para escuchar al orador que llamaba a conformar el gran movimiento de los no polarizados. ¡Quién lo creyera! el amigo de mi padre, René, que visitaba nuestra casa cuando éramos niños, se había vuelto figura nacional y ahora se dirigía a una multitud que lo oía con atención y, sobre todo, con entusiasmo.

Recordé que ya había visto una actitud similar hacia él un año antes, en una reunión de gente humilde en un salón comunal levantado con tablas y tejas de plástico. Yo estaba entonces en vacaciones escolares y mi padre me preguntó si quería acompañarlo. No lo dudé, le respondí que sí. A mi edad, catorce años, ese viaje era toda una aventura.

─Saldremos el sábado después de medianoche para Manizales. Tú vas y vuelves con el grupo, yo lo haré en la camioneta de la fundación. Pero cuando estemos allá te mantendrás siempre a mi lado y serás sólo oídos –me advirtió mi viejo.

Me embarcaron en un bus de color verde, grande, moderno. Éramos veinte: subí de primero, luego un señor ya mayor que me saludó muy afectuosamente, eso me sorprendió, y enseguida los demás, eran universitarios. En la parte de atrás del vehículo llevaban gaseosas, cajas de galletas, libros y otras cosas, en particular un proyector enorme que tenía dos carretes, un telón plegable y una planta eléctrica. Al llegar a nuestro destino en la mañana, descubrí un conjunto de casitas improvisadas alrededor de cinco calles de tierra pisada, en una loma en las afueras de la ciudad. Los habitantes nos recibieron sonrientes y rodearon con afecto al invitado especial. De cuarenta y tantos años, alto, amable, la figura y condición de René inspiraban confianza.

Recorrió el lugar saludando y hablando con unos y otros, antes de pasar a la reunión en donde mujeres curtidas, hombres de camisa arremangada y ancianos curiosos, se acomodaron para escucharlo. Al terminar su charla en medio de aplausos y abrazos, hubo sorpresa y algarabía cuando mi padre, ubicado atrás del salón, operó el proyector y una luz potente iluminó el telón sobre el que rodó un corto metraje mostrando cómo hacer letrinas en toda la regla. Cuando emprendimos el regreso al anochecer, el grupo estaba contento: cantaban, echaban cuentos y comentaban la jornada sacando pecho. Y en ese ambiente, el veterano, que se había sentado a mi lado, me contó esta historia:

Una noche Paco no conseguía conciliar el sueño… no era normal, por lo general dormía de un solo tirón. Se recostó contra el espaldar de su cama preocupado por lo que le había dicho un pariente suyo cuando fue a visitarlo a la parroquia.

─¿Y usted cómo cree que le va poder ayudar a su mamá cuando lo manden de cura a un pueblo en medio de la nada?

Esa pregunta lo atravesó como un rayo. Matilde había llegado a la capital embarazada de él, y aunque había sido maestra rural no tuvo otra opción que ponerse a coser para ganarse la vida. Madre soltera, había querido escapar a la censura beata de su pueblo.

Paco notó a través de la pálida oscuridad que su compañero de dormitorio no estaba en su cama. Habrá ido al baño, supuso. Se había entendido bien con René, el padre que oficiaba la misa, a pesar de la diferencia de edad: él con veintiuno, aquel en los treinta. Lo sentía sincero y además contaba historias graciosas e interesantes de su viaje a Bélgica. En cambio, el cura titular, un hombre mayor, era colérico y autoritario. Todo le disgustaba. Quizás por eso Paco echaba de menos la vida del seminario, había sido enviado recientemente a la parroquia de San Mauro como paso previo a vestir los hábitos.

Sus primeros recuerdos lo llevaban justamente a la cocina del seminario en donde Matilde, por fin, había conseguido un trabajo estable como ecónoma encargada de las compras y de hacer equipo con las cocineras para alimentar cuarenta vocaciones. Cuando no tenía con quien dejar al niño, lo traía. Paco revoloteaba por entre las piernas de las mujeres y cuando se alejaba por los pasillos su mamá lo devolvía de una oreja. Hasta que un día, afortunado para ella, la llamó el padre superior a su despacho y le propuso que dejara a su hijo con ellos.

─Con la ayuda de Dios nos encargaremos de su educación y lo llevaremos por la senda religiosa –le dijo.

Sus palabras fueron agua bendita para la señora. ¡Qué más podía pedir, su niño tendría techo y comida, y sería sacerdote a mucho orgullo! Se deshizo en agradecimientos y rezó. Un tiempo después Matilde regresó a su tierra natal.

René se está demorando, es extraño, pensó el seminarista. El baño quedaba al final del pasillo de ese segundo piso. ¿Y si le pasó algo? se dijo a sí mismo. Inquieto, se levantó y miró por la ventana hacia la calle. Todavía seguía allí el cordón de policía que desde hacía varios días rodeaba la fábrica de cerveza contigua a la parroquia en donde los obreros en huelga se habían atrincherado. El suceso había tomado notoriedad en los medios de comunicación y el gobierno había preferido no atender la solicitud de desalojo que pedían los patronos. Esperaba, en cambio, que los trabajadores se vieran forzados a cesar la ocupación de otra forma: ordenó cercar la fábrica e impedir la entrada de alimentos.

Paco se sentó sobre la cama sin saber qué hacer. Su mamá seguía presente en su pensamiento. Dulce y algo ingenua, siempre le hablaba de su pueblo y en alguna ocasión le contó lo de su progenitor. Por eso cuando un tío le preguntó:

─¿Quieres conocer a tu papá? ¡Yo sé dónde encontrarlo!

─No, no tengo para qué –le respondió tajante el chico de doce años.

El individuo en cuestión era un funcionario departamental que iba de pueblo en pueblo. Así había conocido a Matilde y así mismo había desaparecido.

Más de media hora había pasado y René no aparecía. Dudoso, decidió salir a buscarlo; no lo encontró en el baño pero al regresar vio a través de los ventanales del corredor un bulto que se movía junto al muro de ladrillo que colindaba con el patio de la fábrica aledaña. Bajó asustado pero dispuesto a entender qué pasaba.

De piel clara, crespo y ojiazul, como muchos de los campesinos de la región de su mamá, Paco era de estatura mediana y piernas macizas. Se destacaba por ser buen basquetbolista: los deportes eran parte esencial de la formación de los jóvenes aspirantes al sacerdocio. Mente sana en cuerpo sano, repetían los curas. La institución estaba regida por sacerdotes españoles que apoyaban la dictadura de Franco. De mentalidad anticuada y represiva, castigaban a los muchachos por cualquier cosa. La letra con sangre entra, era su lema. Pero no con Paco: en aquel ambiente de recogimiento y disciplina, conversaciones en voz baja, cánticos gregorianos y zurriago para la autoflagelación, las directivas vieron en él un chico inteligente. Leía el catecismo en voz alta con mucha personalidad y se distinguía entre los demás seminaristas. Sin embargo, algunos sacerdotes lo miraban con cierto recelo por su inclinación a hablar de temas sociales alejados del altar de Dios.

Ya en el primer piso Paco salió por la puerta lateral a la huerta y esta vez pudo identificar lo que sus ojos veían: René estaba lanzando unas bolsas por encima del muro, hacia el patio de la fábrica, al tiempo que susurraba con alguien del otro lado.

─¿Qué pasa? –le preguntó el seminarista.

El sacerdote lanzó el último paquete y mirándolo se puso el dedo en la boca:

─Shhiii… te explicaré en el cuarto –y ambos regresaron sigilosamente.

─Estaba pasándoles comida a los obreros que están en huelga –le dijo René, y le soltó todo un discurso para justificar su acto.

Sin pensarlo dos veces, Paco se ofreció a ir con él: en las siguientes noches ambos se deslizaron del dormitorio a la alacena de la parroquia y luego al muro, a la hora convenida. Días después el aguante de los trabajadores forzó la concertación y la fábrica retomó su ritmo.

Un domingo vino a la iglesia un grupo de personas que quería hablar con René, esperó a que éste terminara la misa y cuando salieron los últimos feligreses se acercó al padre. Eran tres hombres de aspecto obrero y una señora ya mayor acompañada por una bonita adolescente. La dama portaba un abrigo negro y sombrero con velo, como se usaba en ese tiempo, y fue ella quien tomó la palabra. En la cervecería Westfalia, la más grande del país, trabajaban antiguos obreros socialistas, entre ellos un primo de Susana, y éstos le habían contado el episodio del muro en una de las reuniones que todavía ella solía hacer en su casa.

─Vayamos a visitarlo y llevémosle un regalo –les propuso, y acordaron la fecha.

Susana conservaba aún cierta aureola en los barrios orientales de la capital donde había liderado una asociación en defensa de las familias de los inquilinatos frente a los desalojos abusivos con policía y garrote. Vivía sola con sus siete hijos en el barrio Egipto, allí conseguía el pan diario colocando un pequeño escritorio en el andén de su casa al que acudían los vecinos para que les escribiera todo tipo de cartas con su bella caligrafía: misivas de amor, despecho, promesas y demás, que colocaba cuidadosamente en sobres de colores con cintas según el motivo.

El día previsto Susana llevó a su hija con ella. Alumna de la Normal Femenina, Olga encontró allí su afición por la escritura y, gracias a dos profesoras de mente abierta, las directivas del plantel le permitieron publicar un pequeño periódico estudiantil. Ella y su hermano eran hijos de una segunda relación que tuvo Susana con un hombre singular, quien falleció unos años después. Conoció a Tomás cuando al pasar por la plaza de Bolívar, éste se dirigía a un grupo numeroso de ciudadanos en el que ella reconoció a varios de sus vecinos, que luego se lo presentaron. Periodista y humanista, había sido uno de los fundadores del extinto partido socialista que dio mucho que hablar en la década del Veinte.

─Padre, en nombre de los trabajadores de la fábrica y sus familias queremos agradecer su solidaridad –le dijo Susana, refiriéndose al hecho que los traía.

─Dios la bendiga señora –exclamó René luego del intercambio de saludos–. Muchas gracias por el regalo pero no era necesario, sólo cumplí con mi deber de cristiano –dijo amablemente–. Pero esperen, no lo hice solo. ¡Paco, Paco ven!

El seminarista se acercó, saludó cordialmente a todos los presentes y sus ojos encontraron en ese instante la mirada de la joven. El padre los hizo seguir al pequeño despacho parroquial, se sentaron en torno a una mesa y en tono socarrón o en todo caso de satisfacción, comentaron animadamente lo sucedido: René y Paco lo vivido en la parroquia, los trabajadores delegados lo que pasó en la fábrica y Susana los sobresaltos y rumores de la calle. Al cabo de un rato se despidieron.

─Madre, aquí yo tendría una historia para el periódico, a lo mejor podría contarla de alguna forma –dijo Olga pensativa cuando salieron a la calle.

─¡Sí, pero no se puede, ni una sola palabra! –advirtió cortante Susana, dejando zanjado el asunto con su autoridad, tono y mirada, ante su hija y los tres hombres.

El bus iba a mitad de camino de regreso a Bogotá cuando el veterano terminó su narración. Había capturado toda mi atención. Emocionado, me dijo que siempre había querido escribir esa historia: era el más joven de la comitiva de los trabajadores que fue a la iglesia. Y agregó que nunca imaginó encontrarse esa noche contándome a mí ese episodio que marcó su vida. Cuando llegamos a la capital y me dejaron en casa me prometí que algún día escribiría esa historia.

Los aplausos, gritos y vivas sacudieron la plaza de Alfaro trayéndome de nuevo a la realidad, absorto como estaba en aquellos recuerdos. Miré a la multitud entusiasta cuando el vibrante orador terminó su intervención y comprendí que antes que debilitar su imagen, el reciente anuncio de la jerarquía de la iglesia de retirarle su condición de sacerdote le había ganado la solidaridad de mucha gente. Mi padre, a mi lado, me hizo entonces una señal para salir por la escalera lateral de la tarima, siguiendo al paso de su viejo amigo y ahora compañero de ruta e ilusiones.

─¡Tu discurso fue muy bien recibido, René, felicitaciones! –le dijo mi padre cuando llegamos a la camioneta que nos esperaba, al tiempo que otros miembros del equipo de la gira se subían a varios carros.

─Gracias Paco –respondió sonriendo René–. ¡Vamos! nos esperan en Palmira –le dijo al conductor, mientras reclinaba su asiento para descansar.

─Sí, todo está listo –comentó mi padre–. Pero compremos algo de comer por el camino, no quiero que este muchachito, cuando vuelva a casa, le diga a Olga que lo «dejé pasar hambre» –agregó en tono burlón, guiñándome el ojo.

La caravana de vehículos se puso en marcha dejando atrás Cartago.

FIN

Por: Mauricio Trujillo Uribe
Diciembre 2019

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Taller de Escritores, Universidad Central, Bogotá, diciembre de 2019.

Qué nos dicen las elecciones que acaban de pasar

Artículo tomado de REVISTA SUR – 28 de octubre 2019
https://www.sur.org.co/que-nos-dicen-las-elecciones-que-acaban-de-pasar

Los resultados de las elecciones territoriales que acaban de pasar en Colombia trajeron aires de renovación y arrojan luz sobre los procesos de cambio en curso. El nuevo mapa electoral muestra que el péndulo político del país está cambiando de dirección hacia el centro izquierda. Se abren grandes retos a los mandatarios alternativos e independientes electos, al tiempo que la construcción de una convergencia política amplia para las presidenciales del 2022 será la mejor opción para afianzar lo alcanzado en estos comicios y darle un nuevo rumbo al país.

Por  Mauricio Trujillo
Los resultados de las elecciones territoriales que acaban de pasar en Colombia trajeron aires de renovación del panorama político nacional. El número de gobernadores y alcaldes electos que se presentaron como candidatos alternativos o independientes, no había sido antes tan importante y significativo como ahora. Llama también la atención el número de alianzas electorales amplias y diversas que se conformaron, representando una variada paleta de intereses y de nuevas ciudadanías, reflejo de las problemáticas actuales, como las ambientales, de hábitat, convivencia y educación, entre otras, así como de los relevos generacionales y las transformaciones culturales que vive nuestra sociedad.

El triunfo en Bogotá de Claudia López para el segundo cargo más importante del país después del presidente de la república ha sido ampliamente destacado en la prensa internacional por cuatro razones: por su condición de mujer, siendo la primera alcaldesa electa por voto popular, en una sociedad aún machista; por su orientación sexual en un país muy católico: ella hace parte, públicamente, de la comunidad LGTB; por su lucha contra la corrupción; y por su pertenencia a la Alianza Verde y su programa de gobierno de centro izquierda.

En otros lugares también ganaron las fuerzas alternativas e independientes. Los resultados electorales, conocidos poco después del cierre de las urnas, lo cual habla bien de la Registraduría Nacional y del uso de las TIC, son sorprendentes y dicientes: en las ciudades de Arauca, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Florencia, Manizales, Medellín, Villavicencio y Yopal, y en los departamentos de Boyacá, Caldas, Cauca, Magdalena, Meta, Quindío, San Andrés, Santander, Santander del Norte, Risaralda y Vaupés, fueron elegidos alcaldes y gobernadores que compitieron frente a los candidatos de los partidos tradicionales y del establecimiento, en medio de prejuicios sociales e ideas conservadoras; de maquinarias politiqueras, parapolíticos y ex-paramilitares; y de clanes familiares que detentan parcelas del poder público y de la contratación de obras públicas.

La jornada electoral del pasado 27 de octubre fue pacífica, transcurrió normalmente, y la legitimidad de los resultados no está cuestionada. Aumentó la participación electoral, siendo una de las votaciones más altas de los últimos años, y el voto en blanco en varios municipios fue alto, algo que de todas maneras fortalece la democracia y la participación política. Sin embargo, en el último año cada 36 horas un candidato sufrió violencia política según la Fundación Paz y Reconciliación; la compra de votos, fenómeno político y social, sigue presente en muchos sitios del país; y los grupos armados ilegales continúan ejerciendo su poder en ciertas áreas rurales.

Estos resultados electorales arrojan luz sobre los procesos de cambio en curso. El nuevo mapa electoral colombiano muestra que el péndulo político del país está cambiando de dirección y comienza a moverse hacia el centro izquierda. En el campo de la derecha, el partido del expresidente Álvaro Uribe, Centro Democrático, perdió terreno. En efecto, numerosos colombianos rechazan cada vez más el enfrentamiento polarizador, la riña permanente y agotadora, y los epítetos descalificadores como forma de hacer política. En el campo de la izquierda, la coalición Colombia Humana-UP también estuvo lejos de sus expectativas. Así como los más de 10 millones de votos que sacó Iván Duque en los comicios presidenciales de 2018 no se tradujeron en votos suficientes para los candidatos del Centro Democrático, tampoco fueron transferibles a los candidatos de la Colombia Humana, la mayoría de los más de 8 millones de votos que obtuvo Gustavo Petro en dichos comicios. La tendencia hacia posiciones de izquierda más moderadas, por parte de mucha gente que en el pasado acompañó a Petro, hoy es visible. Así, estas elecciones muestran que los extremos políticos han disminuido su capacidad de convocatoria.

Los resultados de estos comicios también ponen en evidencia que una base importante de los votantes de a pie se ha alejado de los partidos del establecimiento. Los escándalos de corrupción que envuelven a reconocidos “varones electorales”, han debilitado la influencia de sus partidos en las regiones y tienen hastiada a la sociedad colombiana. Pero sería injusto y nocivo para la democracia, generalizar la suspicacia sobre el conjunto de los políticos. Lo cierto es que los candidatos alternativos e independientes lograron seducir en estas elecciones a sus votantes en buena parte gracias a que son vistos como una generación nueva de políticos ajena a la corrupción. Sin embargo, no puede decirse tajantemente que partidos como el Liberal, Conservador y Cambio Radical, “quedaron en los rines”: también ganaron buen número de alcaldías y gobernaciones.

El voto fue menos clientelista y menos ideológico. Fue más de opinión, más programático y más tolerante, ligado a las necesidades diarias de la gente y a las preocupaciones de nuevas ciudadanías como los ambientalistas, animalistas y millennials, entre otras. De hecho, las encuestas sobre la intención de voto, realizadas con muestreos ridículamente pequeños y cuestionables metodologías, sin ningún tipo de reglamentación, y que una vez difundidas a través de los medios de comunicación y las redes sociales influyen fuertemente en la decisión del “voto útil”, no surtieron efecto. Casi todas las encuestas se pifiaron.

Con los resultados de estas elecciones, las primeras del posconflicto, se abren nuevas oportunidades para fortalecer en los territorios las iniciativas por La Paz. Recordemos las grandes marchas y los plantones de julio pasado, en 57 ciudades de Colombia y 53 en el exterior, repudiando el asesinato de líderes sociales y exigiendo la acción decidida del Estado frente a este terrible flagelo. El debilitamiento político de los sectores del NO y el retroceso de la parapolítica en el país, así como la llegada al poder regional y local de partidos, movimientos y coaliciones alternativos e independientes, que apoyan firmemente los acuerdos de paz entre el Estado colombiano y las FARC-EP, hoy partido político FARC, deberían crear mejores condiciones para la convivencia y la concertación en las regiones.

Llegamos entonces a un escenario en el que se abren retos de gran calado a los mandatarios alternativos e independientes electos que pretendan cambios efectivos, y que de no lograrlo abrirán nuevamente el paso a la clase política que no ha sabido dar soluciones de fondo a los déficits regionales y locales que nos aquejan. Pero en paralelo, la construcción de una convergencia política amplia para las presidenciales del 2022, en la que se debería incluir a la izquierda y al centro político alrededor de un proyecto de centroizquierda, será la mejor opción para afianzar lo alcanzado en estas elecciones territoriales y darle un nuevo rumbo al país.

Mauricio Trujillo Uribe
Consultor en Ciudades Inteligentes

Imagen obtenida de: http://www.semaforo.mx

 

Se mueve el cotarro para la alcaldía de Bogotá

Artículo publicado por LE MONDE DIPLOMATIQUE
Edición impresa en español de octubre 2019

Pintura de Adriana Gómez, detalle Colgada de la brocha, de la serie «Algo pendiente», 2009.

Cuatro candidaturas se disputan la dirección de Bogotá para el período 2020-2023. Con diferencias entre las campañas, las mismas están más dadas sobre prevenciones ideológicas y políticas que sobre el trasfondo de los programas que airean en los debates públicos. Las encuestas indican que todo está por definirse en las próximas semanas.

Por Mauricio Trujillo Uribe*

En Bogotá, como en el resto del país, el domingo 27 de octubre se elige, para un período de 4 años a partir del próximo 1 de enero, el nuevo alcalde o alcaldesa que administrará la ciudad, así como los 45 miembros del Concejo Distrital y los más de 150 ediles de las Juntas Administradoras Locales de las 20 localidades que integran la urbe. La cabeza de la rama ejecutiva del gobierno local y máxima autoridad administrativa y policial de la ciudad, es considerada como el segundo cargo político más importante de Colombia después del Presidente de la República.

Estas elecciones se desarrollan en medio de un «estado» de impopularidad del actual alcalde capitalino, Enrique Peñalosa, pocas veces visto. A tal punto que, ante las últimas encuestas realizadas a mediados de este año, que dan una imagen desfavorable de Peñalosa de más del 70 por ciento, la alcaldía lanzó en los medios de comunicación una profusa y costosa pauta publicitaria en la que predomina el eslogan «Impopulares pero eficientes».

En estos comicios hay que resaltar en particular que por primera vez, de acuerdo con la Reforma de Equilibrio de Poderes y el Estatuto de la Oposición, los candidatos que obtengan el segundo lugar en las elecciones a alcaldías y gobernaciones tienen el derecho a ocupar una curul en los concejos y las asambleas departamentales. Esto significa que el próximo alcalde o alcaldesa elegido entre los cuatro candidatos en competencia, Claudia López, Hollman Morris, Miguel Uribe y Carlos Fernando Galán, tendrá que lidiar en el Concejo Distrital con el liderazgo de quien saque la segunda votación, hecho novedoso que en principio deberá permitir el fortalecimiento del juego democrático y un mayor espacio a las fuerzas alternativas y de oposición, amplificando el control político que ejerce esta corporación.

Claudia López candidata verdeamarilla

Otro hecho novedoso en las presentes elecciones, es la presencia de una candidata, Claudia López, con posibilidad de ser electa alcaldesa. Aunque a la cabeza de la ciudad han tomado lugar varias alcaldesas, como Clara López y María Mercedes Maldonado, lo fueron en su condición de encargadas para remplazar el respectivo alcalde suspendido o destituido. Desde que los alcaldes se eligen por voto popular (1988), ninguna mujer ha ganado en las urnas en Bogotá.

López, candidata de la Alianza Verde con el respaldo del Polo Democrático y otras fuerzas, tiene en su haber una imagen positiva por diversas razones, entre ellas su liderazgo en la lucha anti-corrupción. López aparece para muchos ciudadanos como una candidata de centro-izquierda, lo cual quizás le permitiría obtener el respaldo de sectores de la ciudadanía que votan por candidatos alternativos, tal como ha sucedido en las elecciones de los alcaldes Antanas Mockus, Lucho Garzón, Samuel Moreno y Gustavo Petro.

El modelo de ciudad que López propone se diferencia del modelo de Peñalosa, aunque sus críticas a la gestión del alcalde han sido más bien tibias. López plantea construir sobre lo construido: una de las grandes dificultades que ha tenido Bogotá (y Colombia) para su desarrollo y progreso, ha sido justamente la política de borrón y cuenta nueva, en donde quien llega al poder no reconoce, por razones políticas o ideológicas, los logros de sus antecesores.

No la beneficia en cambio su temperamento fogoso. Y está por verse, a la hora de las urnas, si el rompimiento entre ella y Petro por diferencias sobre el qué hacer (entre otras, el futuro del metro tantas veces proyectado para la ciudad, frente a la realidad del metro aéreo que Peñalosa impuso), afecta a la candidata ante los bogotanos que apoyaron a Petro en las elecciones presidenciales del año pasado, en las que éste obtuvo la mayoría de votos en el Distrito Capital. Pero en contrapartida, también está por verse si el deslinde entre estas dos figuras le traerá votos a la candidata en los sectores desencantados del liderazgo de Petro o claramente anti-petristas, que van desde la izquierda hasta la derecha. De otro lado, uno de los cuestionamientos a los liderazgos «renovadores», es la preeminencia que en estas elecciones ha tomado la próxima campaña presidencial, factor profundo del distanciamiento López-Petro.

Aunque es un tema poco mencionado en la campaña, la opción sexual de la candidata seguramente pesará a la hora del voto, sobre todo entre sectores tradicionales, regresivos, religiosos, machistas y similares, dispuestos a cerrarle el paso a la candidata verdeamarilla.

La Oposición de Hollman Morris

La candidatura del exconcejal Hollman Morris, quien cuenta con el aval del partido Mais y respaldo de Petro y el movimiento Colombia Humana, se lee ante los ojos de un porcentaje importante de la ciudadanía bogotana que concurre a las urnas, como una propuesta de izquierda radicalmente distinta al modelo de ciudad del alcalde Peñalosa. Al centro del debate se encuentra su total oposición al metro elevado y su énfasis en el metro subterráneo; ha manifestado, asimismo, no apoyar la construcción de tres troncales adicionales para la red de transporte público TransMilenio, y se aparta sin matices de muchas otras iniciativas de la actual administración. Morris aparece en las encuestas con el más bajo porcentaje de intención de voto. Pero más allá de que logre obtener un resultado honorable en las urnas, su candidatura le resta fuerza a López e incluso podría ser factor determinante para que ésta no termine elegida.

La candidatura de Hollman, salpicada por denuncias de machismo, en contra de la opinión mayoritaria de activistas femeninas de la Colombia Humana, pone de presente las limitaciones del recambio del liderazgo existente en el país, a la par de dinámicas en gran parte unipersonales que ganan carrera al interior de proyectos políticos de izquierda, que se supone tendrían que ser colectivos, consultivos, asambleatorios, en donde el peso de la opinión de su cabeza visible debiera valer como la de cualquier otro de sus militantes.

El delfín Miguel Uribe

El exsecretario de Gobierno de Enrique Peñalosa, Miguel Uribe, es el candidato de una derecha diversa y con maquinarias. Inscribió su candidatura en nombre del movimiento Avancemos y pronto recibió el respaldo de la mayoría de los partidos del establecimiento: Centro Democrático, Liberal, Conservador, Mira y Colombia Justa Libres, este último de las iglesias cristianas. También cuenta con la adhesión de buena parte de los seguidores de Peñalosa, aunque es probable que ese grupo, que ve en Uribe el garante del continuismo de la actual administración, pese menos en las urnas que los sufragios que le quita al candidato Uribe su fervoroso y público respaldo a la obra de su alter ego, dado el desprestigio de éste y de su gestión, como ya fue señalado.

En su campaña, Uribe reitera una y otra vez ser el candidato mejor preparado, constante, consistente y coherente en sus propuestas. Se expresa siempre mirando el espejo retrovisor frente a Petro, sin desaprovechar oportunidad para criticar con virulencia su gestión, al igual que todo lo que él percibe, de cerca o de lejos, como izquierda. En su estilo polarizador y planteamientos ideológicos, el joven Uribe se identifica en gran parte con el expresidente Uribe, quien lo ha acompañado en su campaña. La vocación del candidato apunta también hacia sus propios intereses de delfín presidencial. Nieto del expresidente Turbay, tristemente recordado por su Estatuto de Seguridad y las denuncias sobre la imposición de la tortura y las desapariciones, su candidatura a la alcaldía de Bogotá es también un peldaño estratégico, y legítimo, para aspirar a la presidencia de la república.

El repunte de Galán

En el centro y la derecha del espectro político de Bogotá, se presenta una situación similar: la candidatura de Uribe, quien según varias encuestas ocupa el tercer lugar en intención de voto, le quita fuerza a la candidatura de Galán, quien repunta en recientes encuestas. En las elecciones a la alcaldía de Bogotá del año 2011, Galán ya vivió un contexto parecido y no faltaron voces que lo corresponsabilizaron de la derrota de Peñalosa cuando Petro fue electo. Esa lección podría incidir en los dos candidatos a última hora.

Hijo del líder liberal Luis Carlos Galán, asesinado en 1989, exconcejal y exsenador, se inscribió por el movimiento Bogotá Para la Gente, luego de retirarse del partido Cambio Radical. Respaldó la candidatura de Peñalosa en las últimas elecciones para la alcaldía de Bogotá y propone soluciones cercanas a las que plantea Miguel Uribe en temas relacionados con la seguridad ciudadana y el transporte público, entre otros. Al igual que López y Hollman, Galán se opone al Plan de Ordenamiento Territorial presentado recientemente por Peñalosa al Concejo Distrital. Y todos los cuatro candidatos coinciden en el tema de la necesidad de la transformación digital de Bogotá. Ello no quita que el candidato tenga su propio modelo de ciudad, que podría caracterizarse de centro-derecha.

Ambiente frío

Como el clima de la ciudad por estos días, así está hasta ahora el ambiente electoral despertado por la campaña electoral en curso, la cual no logra aún suscitar el interés y la atención más allá de las clientelas, así como de algunos sectores activos siempre movilizados. Los bogotanos necesitamos una urbe realmente incluyente y participativa, que atienda con todo rigor temas centrales para sus pobladores como ambiente, transporte público, trabajo, salud, educación, vivienda, y otros aspectos propios de una vida digna.

Bogotá, urbe de ocho millones de habitantes, está en el límite de sus posibilidades, lo que demanda pensarla desde la integralidad de su territorio sabanero con su frágil ecosistema. La movilidad consume a los trabajadores y empleados que viven en la sabana varias horas cada día en su desplazamiento hacia Bogotá y regreso a su vivienda, con su consecuente impacto en contaminación, destrucción del hábitat natural, problemas de abastecimiento de agua y demás. Es fundamental la recuperación de quebradas y ríos, así como de humedales y similares, colchón necesario para resistir el cambio climático. Precisamente, es sobre esas temáticas que las campañas deben pronunciarse a fondo, como lo requiere un proyecto estratégico, colectivo y movilizador de mayorías. La gente debe sentirse recogida en las propuestas de gobierno para motivarse a participar en la consulta electoral.

Lograrlo es un desafío mayor para las elecciones a la alcaldía de 2023, las cuales deben caracterizarse por un debate ciudadano abierto y apasionado con meses de anterioridad, de tal manera que la gente a la que se pretende llegar con una u otra candidatura sea ampliamente concitada y consultada tanto para estructurar programas como para elegir candidatos. Sólo así el frío no seguirá calando en la cabeza y el corazón de quienes habitan la capital del país.

Todo está por pasar

Faltando pocos días para las elecciones, nada está cantado. Siempre cabe preguntarse si las encuestas sobre la intención de voto, realizadas sobre muestreos de mil y tantas personas, reflejan una foto real, en un momento dado, de la intención de voto promedio de la sociedad bogotana. Y no faltan quienes se preguntan si tales encuestas no están sesgadas o direccionadas. Pero más allá de las respuestas, lo evidente es que estas encuestas influyen a su vez sobre el voto de los ciudadanos.

A partir de las elecciones municipales y departamentales de 2023, Bogotá tendrá doble vuelta electoral si en la primera el ganador no obtiene los votos necesarios para ser elegido. Entre tanto, para el período que sigue, cualquiera que sea la candidata o el candidato triunfante, puede preverse que vamos hacia un escenario similar al de las últimas administraciones: el alcalde electo no contará con una mayoría suficientemente amplia que le facilite ejercer su mandato con mayor gobernabilidad, por el bien de quienes habitan Bogotá y de quienes se desplazan a ella cada día para cumplir con su jornada de trabajo.

Octubre de 2019

*Consultor en Ciudades Inteligentes

Las obsesiones no siempre son buenas consejeras – Iván Duque, primer año de su política exterior

Artículo publicado por LE MONDE DIPLOMATIQUE
Edición impresa en español de agosto 2019

Oscar Larrañaga, Movimiento de ciudad al atardecer, mixta sobre lienzo, 82 x 240 cm. (Cortesía del autor).

Consecuente con el discurso que agitó durante su campaña electoral y con los planteamientos de la coalición política que lo llevó al poder, así ha sido la política internacional del presidente Iván Duque. Otra cosa han sido los resultados de tal política, que por ahora son bastante limitados, aunque su Gobierno todavía tiene tres años por delante

Por Mauricio Trujillo Uribe *

La orientación y diseño de la política internacional de Colombia es del fuero del Presidente de la República y, salvo por los enunciados generales, podría decirse que no existe una política internacional de Estado sino de gobierno. No sorprende entonces los virajes de la política de relaciones exteriores de un gobierno a otro, como ha sido el caso de Santos a Duque, reflejo a su vez de la polarización política que atraviesa el país. Desde luego, la política exterior también se mueve frente a un mapa geopolítico flexible y agitado como el de Estados Unidos, América Latina y también España, tratándose de los gobiernos y las regiones con las que tenemos mayor interrelación. Así, desde su posesión el 7 de agosto de 2018, en presencia de un número importante de homólogos que lo acompañaron, Iván Duque anunció las principales líneas de lo que sería su política exterior.

SUS PRIORIDADES
En primer lugar, el fortalecimiento de los lazos con Estados Unidos, privilegiando las relaciones bilaterales con el socio principal de Colombia. Históricamente las élites dirigentes han hecho de Colombia un aliado estratégico de los norteamericanos en América Latina. Sin embargo, el presidente Donald Trump venía expresando su disgusto por el aumento de la producción y exportación de narcóticos desde Colombia, lo cual podía desembocar en una crisis entre ambos países. Hoy, no obstante, existe un terreno más favorable para las relaciones bilaterales por cuenta de las afinidades ideológicas entre Duque y Trump.

Dos, el rechazo al régimen de Daniel Ortega y las pretensiones territoriales de Nicaragua. Se trata de un punto muy álgido no sólo por el veredicto de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que le amputó a Colombia una parte de su plataforma marítima, sino también porque desde los sectores más radicales del Centro Democrático se criticó al gobierno de Santos por la estrategia jurídica desarrollada ante esa instancia internacional, de la cual Colombia decidió retirarse. Por eso, Duque inició su agenda de visitas al país en San Andrés.

En tercer lugar, el “asunto Venezuela”, un punto de honor para Duque, quien rompió con el gobierno de Maduro y decidió liderar una campaña internacional encaminada a facilitar el cambio de gobierno en el país vecino y hermano. En las reuniones de Duque con Trump, el Grupo de Lima y líderes de la Comunidad Europea, en sus intervenciones en la OEA y en el Foro Económico Mundial, así como en los viajes del Canciller para reunirse con numerosas personalidades del campo internacional, incluyendo el secretario de Estado Mike Pompeo de Estados Unidos, la crisis venezolana ha estado al centro de la agenda.

En otro registro, el presidente colombiano también se refirió al desarrollo de los lazos comerciales con la comunidad internacional y la búsqueda de capital e inversores, señalando en particular la importancia de España en la materia. La visita a Colombia del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez reiteró la importancia de ese país como socio económico. A su vez, en la visita a Chile en noviembre, el jefe de la diplomacia colombiana confirmó el interés y la importancia para Colombia de la Alianza del Pacífico.

Finalmente, precedido por el discurso provocador del presidente del Senado, Ernesto Macías, del Centro Democrático, contra todo el ejercicio de la Administración Santos, Duque expresó de nuevo sus reparos al Acuerdo de Paz firmado con las FARC. El presidente empezó así su mandato distanciándose del acuerdo de paz, un logro innegable del gobierno Santos también en materia de política exterior.

Para apuntalar esta agenda internacional el presidente ha viajado oficialmente diecisiete veces al exterior, además de los numerosos desplazamientos de su canciller, Carlos Holmes Trujillo. Estos viajes han suscitado críticas desde algunos sectores del país, aduciendo falta de planeación para los mismos, ausencia de liderazgo para sacar adelante los proyectos del gobierno ante el Congreso y los pocos resultados de estas giras, lo cual llevó al Canciller en días pasados a manifestar que hay una campaña internacional de desprestigio contra el presidente Duque.

Un capítulo de esta política exterior merece ser destacado: el reconocimiento de Palestina como Estado soberano. Aunque éste se dio al final del mandato Santos, la notificación al gobierno palestino se produjo recién posesionado Duque. Se inició entonces un debate mediático sobre la postura del gobierno colombiano pues el canciller anunció que examinaría cuidadosamente las implicaciones de tal reconocimiento en momentos en el presidente norteamericano había tomado graves medidas en contra de los intereses de Palestina. Se pensó entonces que la decisión del gobierno Santos sería reversada. Pero no sucedió así y Colombia pasó así a ser el último país de Suramérica en reconocer a Palestina.

Encontramos, por tanto, ciertos elementos de continuidad de la política exterior del gobierno precedente en política internacional, pero es claro el cambio de rumbo en otros asuntos clave de las relaciones internacionales: la lucha contra el narcotráfico, la agenda Venezuela y la política de paz llevada a los escenarios de la comunidad internacional.

LAS DROGAS, UN DOLOR DE CABEZA PARA TODOS
La lucha contra las drogas sigue siendo el tema prioritario en las relaciones bilaterales Colombia-Estados Unidos a pesar de los esfuerzos de los gobiernos colombianos por “desnarcotizar” estas relaciones. En la primera reunión que sostuvieron los presidentes, Duque y Trump, la lucha contra las drogas ocupó el espacio central. Recordemos que el año anterior estas relaciones bilaterales corrían por mal momento e incluso el Presidente de los Estados Unidos amenazó con “descertificar” a Colombia si no lograba controlar el incremento de los cultivos ilícitos.

El gobierno del Presidente Santos pretendió darle una nueva lectura a la lucha contra las drogas, variando el enfoque represivo y prohibicionista con el que principalmente se ha tratado este grave problema. “Tenemos que avanzar en esta lucha con una mente más abierta. Tenemos que ser más inteligentes, más innovadores”, decía Santos en un período en que la comunidad internacional seguía atentamente al avance del acuerdo de paz con las FARC, las cuales financiaron en parte su guerra con los dineros del narcotráfico. Razón por la cual se aceptó la conexidad del delito de narcotráfico con el delito de rebelión.

Una nueva mirada se consideró necesaria bajo el gobierno de Santos para combatir el narcotráfico, entendiendo que los Estados afectados e involucrados tienen responsabilidad compartida y que en Colombia el fenómeno económico y social que lleva a ciertos sectores campesinos a cultivar la coca requiere de un tratamiento alternativo: incentivos a las familias campesinas cultivadoras de coca, para que la sustituyan por otros cultivos lícitos, y suspensión de las aspersiones aéreas con glifosato a cambio de la erradicación manual.

Sin embargo, la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca reveló que los cultivos ilícitos en Colombia habían alcanzado el número histórico de 209.000 hectáreas. El nuevo gobierno aprovechó el informe para cuestionar de nuevo los acuerdos de paz al plantear que el incremento de las hectáreas se había disparado a partir de que el gobierno Santos aceptó incluir en dichos acuerdos la propuesta de las FARC para que el Estado diese a las familias campesinas involucradas un aporte económico para la sustitución de los cultivos de coca, lo que se convirtió en un estímulo perverso. En la otra orilla, los partidarios de la erradicación manual y sustitución de cultivos, hicieron ver que todavía era muy pronto para decretar que esta estrategia no daba o no daría los resultados esperados.

Luego de la primera reunión entre Duque y Trump, el presidente norteamericano se refirió nuevamente a la ineficiencia del gobierno colombiano para lograr la disminución de las áreas sembradas, declaraciones que generaron preocupación en el gobierno y el establecimiento. Duque decidió dar un viraje a la política antidrogas diseñada durante el gobierno Santos y aunque reconoció que había de por medio un problema de salud pública con las comunidades que viven cerca de las zonas cocaleras, dispuso que el centro de gravedad de la lucha contra los cultivos ilícitos se basaría, principalmente, en la aspersión aérea con glifosato, junto con otras medidas. Inició así una campaña para que la Corte Constitucional revisara un veredicto que ordenaba al Consejo Nacional de Estupefacientes la suspensión del programa de aspersión aérea de glifosato sobre los cultivos de coca, marihuana y amapola, aunque hay que aclarar que dicha sentencia se refería a un programa específico en un territorio indígena. Finalmente la Corte abrió la puerta para que, bajo ciertas condiciones, el gobierno pueda hacer uso del glifosato en su estrategia anti-drogas.

Las relaciones entre Colombia y Estados Unidos han vuelto así a su cauce normal, al menos por ahora, tanto más que el gobierno anunció recientemente que el ritmo de crecimiento de las hectáreas de coca cultivadas se había frenado y a su vez el Secretario de Estado norteamericano y el Ministro de Relaciones Exteriores colombiano anunciaron el compromiso mutuo para reducir a la mitad los cultivos ilícitos y la producción de cocaína para finales del 2023.

VENEZUELA, OBSESIÓN Y DESAFÍO
Aunque el derecho a la autodeterminación de los pueblos y la no intervención de un Estado en los asuntos internos de otro Estado, son principios de la ONU y la OEA, instancias de las que hace parte Colombia, lo cierto es que este principio del derecho público internacional es cada vez más violado, infortunadamente, o inevitablemente según las nuevas teorías para un mundo globalizado. Y no faltan los argumentos de unos y otros para justificar lo que al final de cuentas es injerencia en los asuntos internos de otro país.

Es así como ante la profunda crisis de Venezuela, cuyo actual modelo económico es un fracaso, con todas las implicaciones para su pueblo, y cuyo gobierno ha desembocado en un régimen político autoritario y populista, con todas sus derivas en violación de derechos humanos y libertades cívicas y políticas, más allá de ello y sin respetar su soberanía como Estado-nación, Duque ha liderado una cruzada internacional para aislar al Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y facilitar que se produzca una transición hacia un gobierno surgido de elecciones libres, según sus propias declaraciones. Este objetivo es ni más ni menos uno de los componentes prioritarios de la actual política exterior del presidente Duque, al cual le ha dedicado tiempo y esfuerzo, convirtiéndose al parecer en una suerte de obsesión y desafío personal.

Uno de los primeros pasos de Duque fue no nombrar embajador en Venezuela, rompiendo en la práctica las relaciones diplomáticas con este país, y nombrar embajador en Washington a Francisco Santos, cuyas declaraciones en favor de una intervención militar en Venezuela si fuese necesario generaron el rechazo de amplios sectores en Colombia. Duque endureció, junto con su canciller Carlos Holmes, su lenguaje contra Maduro, asumiendo la retórica del anti-castrochavismo de los sectores más radicales del Centro Democrático.

De cara a la opinión pública nacional, el presidente Duque anunció el apoyo a la denuncia del secretario general de la OEA, Luis Almagro, contra Maduro ante la Corte Penal Internacional, al tiempo que visitaba la frontera con Venezuela en medio de una campaña mediática prometiendo medidas económicas y sociales de emergencia ante la llegada de cientos de miles de venezolanos huyendo de la crisis de su país y anunciando la creación de un fondo multilateral humanitario de ayuda para paliar el fenómeno migratorio.

En la escena internacional Duque y su canciller también han actuado con intensidad para afianzar el cerco diplomático y las sanciones contra el gobierno vecino: lo primero fue la visita de Duque al presidente Trump para alinear su estrategia contra el gobierno de Nicolás Maduro y de apoyo a sus opositores. A la vez, el presidente ordenó el retiro de Colombia de Unasur, organismo suramericano conformado por doce países, alegando que se “había convertido en un cómplice de la dictadura venezolana”. En su remplazo, Duque ha querido liderar el Grupo de Lima en el que participan gobiernos latinoamericanos que no han reconocido los últimos comicios en los que Maduro salió relecto presidente y, por el contrario, reconocen la legitimidad de la Asamblea Nacional de Venezuela, además de que proponen aumentar las sanciones económicas y diplomáticas contra el régimen de Maduro, las cuales terminan también, al final de cuentas, afectando al pueblo venezolano.

El gobierno colombiano ha desarrollado igualmente un fuerte cabildeo en la OEA, ONU, Unión Europea, Foro Económico Mundial y otros espacios internacionales, intentando darle piso político a su estrategia para “devolverle la democracia a Venezuela”. Ésta ha tenido por eje central conseguir el reconocimiento de Juan Guaidó como el nuevo presidente interino de Venezuela. El grupo de Lima, Estados Unidos y otro gran número de países le dieron entonces su respaldo a Guaidó con la esperanza de que a corto plazo –en cuestión de días decía Duque–, Maduro dejara el gobierno o sufriera la intervención de las Fuerzas Armadas venezolanas.

Pero no sucedió, no pasó nada, el presidente de Venezuela encontró los recursos internos y externos para sostenerse, aunque el aislamiento y rechazo internacional del régimen bolivariano se amplió y la oposición venezolana ganó en espacio y protagonismo. Maduro ha aceptado recientemente que sus delegados se sienten de nuevo con los representantes de Guaidó, con el propósito de instalar «una mesa de trabajo continua y expedita» para llegar a «una solución acordada». La decisión del gobierno de Maduro de volver a una negociación con la Oposición estaría reflejando que poco a poco las condiciones internas han ido cambiando en Venezuela y que la presión internacional va produciendo efecto. Podría decirse, entonces, que la política internacional del gobierno de Duque frente a Venezuela no le ha dado los resultados esperados en un principio, pero tampoco ha sido inocua o improductiva; en algo ha contribuido al cambio de situación a pesar de la negación de principios fundamentales para la convivencia pacífica entre Estados.

LOS ACUERDOS DE PAZ, SÍ PERO NO
En septiembre del año pasado Iván Duque debutó como presidente de Colombia en la Asamblea General de Naciones Unidas manifestando que “la paz es un objetivo de todos los colombianos”. Llegó al poder, con un país dividido prácticamente en partes iguales frente a los Acuerdos de Paz con las FARC, diciendo que haría modificaciones a esos acuerdos, las cuales en realidad no eran de poca monta. Pues una cosa es asegurar que “Este gobierno tiene un compromiso absoluto con que las personas que genuinamente le han apostado a la desmovilización, desarme, reinserción y reincorporación”, como lo hizo ante el jefe de la Misión de la ONU en Colombia, y otra cosa, por ejemplo, son las objeciones presidenciales a la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz, parte sustancial de los acuerdos firmados por el presidente Santos en nombre del Estado colombiano y no de un gobierno. Como se sabe, esas objeciones fueron rechazadas por el Congreso de la República, obligando al primer mandatario a firmar dicha ley en su versión original.

La comunidad internacional ha acompañado el proceso de paz. Las delegaciones de la Unión Europea y del Consejo de Seguridad de la ONU que han monitoreado los avances de los acuerdos han expresado su preocupación por el asesinato de excombatientes, cerca de 140, y el retraso de los proyectos de reincorporación, entre otros temas. Esta lectura es diferente a la expresada por el Secretario General de la OEA, por lo cual el movimiento ciudadano “Defendamos la Paz” le envió una carta reclamando por la percepción que tiene este organismo sobre la implementación de los acuerdos, asegurando que no era cierto, como dijo Almagro, que el gobierno de Duque “ha hecho todo” por cumplir. La respuesta gubernamental no tardó, asegurando que el movimiento desconoce las “inmensas ejecutorias” de este gobierno comparadas con las del que lo antecedió.

Queda claro que Duque ha tenido que incluir en su ejercicio diplomático temas que hubiese querido evitar, como el tema de la paz. En efecto, la política internacional está necesariamente ligada a la política interna y lo doméstico impone nuevas agendas a la política exterior.

* Consultor en Ciudades Inteligentes

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