Cepeda, Petro, y algunas razones de la derrota

Por Mauricio Trujillo Uribe
22 de junio de 2026

Realizado el preconteo de la segunda vuelta presidencial en Colombia, las urnas dieron ganador a Abelardo de la Espriella. Con 49.6% de los votos venció a Iván Cepeda por menos de 250.00 votos. De confirmarse, De la Espriella se convierte en el noveno presidente elegido bajo la Constitución de 1991 –contando las reelecciones de Uribe y Santos–, para el período 2026–2030.

El candidato de la izquierda ha reconocido los primeros resultados del preconteo, pero espera el escrutinio oficial. A su vez, anuncia oposición firme al gobierno De la Espriella, pero expresa igualmente su disposición al diálogo y a buscar un acuerdo nacional. Una posición que lo enaltece como demócrata y lo perfila como jefe de la Oposición en los próximos cuatro años.

Cepeda redujo, respecto a la primera vuelta, la distancia que lo separaba de su contendor. Muchos jóvenes se movilizaron para avivar su campaña, cada voto contaba. Pero no le alcanzó. Y es legítimo y necesario preguntarse qué pasó, ¿cuáles fueron las razones de la derrota del candidato del Pacto Histórico y de la Alianza por la Vida? Estas son, quizás, algunas de ellas:

  • El voto castigo. A pesar de los logros del gobierno de Petro y de que diferentes sondeos daban una alta favorabilidad a la imagen y gestión del presidente, sus mensajes y actuaciones despertaron rechazo en sectores del electorado susceptibles de apoyar al candidato oficialista. Pesó el estilo de confrontación permanente; la intervención abierta en las elecciones; y demás salidas en falso. Esa antipatía en el plano emocional fue trasladada a la candidatura de Cepeda.

  • El foco anti–Uribe. Cepeda se convirtió en el candidato ideal para los sectores duros del petrismo tras la condena del expresidente Uribe, proceso penal en donde el senador actuó como parte civil. La declaración de Petro cuando el Tribunal Superior anuló el fallo, reforzó aún más esa carga simbólica de la campaña. Ello fortaleció a Cepeda ante las bases más ideologizadas, pero limitó su proyección ante sectores independientes que no se identifican con un antiuribismo a ultranza.

  • De cara al pasado. A lo largo de su vida política, Cepeda ha estado asociado a la promoción de los derechos humanos y a la defensa de las víctimas del Estado. Su labor ha sido valiosa y valiente, inscrita en la historia del conflicto armado que Colombia padeció desde 1960 y cuyas graves secuelas aún persisten. Sin embargo, la oposición logró instalar en una parte de la opinión pública la percepción de un hombre anclado en el pasado y que solo se refería a una parte de las víctimas.

  • Petro 1. El candidato del progresismo mostró su talante respetuoso y ponderado, al tiempo que sustentaba sus posiciones con claridad y firmeza. Sin embargo, siempre apareció muy “pegado” a Petro, o así muchos lo vieron, sin que se le oyese críticas al gobierno, salvo ligeras referencias a la necesidad de hacer ajustes, y sin que se le viese, aún menos, tomar distancia frente a ciertas posiciones del presidente. Le faltó hacer visible una mayor independencia y eso le pasó factura.

  • Dos cabos sueltos. En el curso de la campaña, Cepeda no reconoció el fracaso de la Paz Total ni descartó una Asamblea constituyente –son al final de cuentas sus convicciones–. Pero el temor que provoca el importante crecimiento de los grupos armados ilegales en estos cuatro años y la alerta frente al riesgo para la democracia que conlleva una constituyente, jugaron en su contra.

  • La fórmula vicepresidencial. Cepeda siempre resaltó su plena confianza en la capacidad de la senadora Aída Quilqué, lideresa indígena y comunitaria, para remplazarlo en caso de su ausencia definitiva. No lo vieron así amplios sectores del electorado que pusieron en duda su preparación para ocupar el cargo, preocupación aún mayor dados los antecedentes de salud del candidato.

Nuestra realidad es la de una sociedad fuertemente polarizada –“ADN” de nuestra historia– en la que priman dos visiones. Pero quien resulte electo será el presidente de todos los colombianos y colombianas. Ante el triunfo del candidato De la Espriella, le corresponde a la coalición progresista remontar en democracia la pendiente, desarrollar en estos cuatro años una política inteligente de oposición-concertación y proyectarse como una opción de poder hacia las próximas elecciones.