Analítica de Datos ¡Un paso importante para Bogotá-Región!

Foto tomada de: https://www.elespectador.com/

Por Mauricio Trujillo Uribe *
Bogotá, junio 2020

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Todos los días circulan en las grandes ciudades millones de datos generados por las instituciones públicas, empresas privadas, organizaciones sociales y culturales, comunidades y ciudadanos, en un mundo cada vez más interconectado e interactivo en el que somos consumidores de datos y también productores. Prosumidores.

Son datos que se producen no sólo en formato numérico, sino en audios, imágenes y videos, que pueden tener información geo-referenciada, con valor agregado, que se colectan mediante las redes de comunicación, los sensores y dispositivos conectados y en general a través de numerosas fuentes. Primarias y secundarias.

La incorporación en el Plan de Desarrollo de Bogotá 2020-2024 de la alcaldía de Claudia López, aprobado por el Concejo de la ciudad el pasado 31 de mayo, de un artículo que autoriza la creación de la Agencia de Analítica de Datos del Distrito, constituye un paso importante para que el territorio de la sabana de Bogotá, en donde viven más de diez millones de habitantes, se proyecte como una ciudad-región inteligente.

Esta Agencia se suma a otras iniciativas anteriores en la misma dirección, como la creación en el 2013 de la Alta Consejería Distrital de Tecnologías de la Información y la Comunicación –TIC- en el gobierno de Petro; los nuevos mapas de Infraestructura de Datos Espaciales de Bogotá de la administración Peñalosa; y la reciente adopción por Colombia de los principios de la Tecnologías Blockchain del Foro Económico Mundial. Entre otros hechos.

La convergencia de las TIC, la Computación en la Nube y la Inteligencia Artificial, habilita recoger, almacenar y tratar los datos de las metrópolis en tiempo real, y en tiempo útil procesarlos, analizarlos y multiplicar el conocimiento. La analítica de datos arroja información relevante para múltiples fines: en lo social, urbano, ambiental, económico, cultural y educativo, y demás aspectos vitales de las grandes ciudades.

Sin embargo, la utilización de la analítica de datos en el ejercicio de gobernar y en otros asuntos, también trae sus desafíos: garantizar el uso legal de los datos, el derecho a la vida privada y el acceso de toda la sociedad a los datos abiertos. También es clave garantizar la sostenibilidad comercial de la Agencia sin perder su condición pública.

Imagen tomada de www.realoviedo.es

De cualquier forma, ante la complejidad de la sociedad contemporánea y frente al tamaño de los desafíos de una ciudad como Bogotá, la analítica de datos de grandes volúmenes, o Big Data, constituye una poderosa herramienta para la predicción de situaciones, la toma de decisiones y la resolución de problemas. Aunque, ciertamente, es rol del cerebro y lo seguirá siendo el interpretar los datos, la analítica de datos masivos, que incorpora cada vez más Inteligencia Artificial, para bien o para mal de la humanidad, provee nuevos y enriquecidos elementos para la interpretación de los datos y las acciones a seguir.

De hecho, la estrategia de los gobiernos en el mundo, incluido el de Colombia, para limitar la propagación de la pandemia del Coronavirus y asegurar una mejor gestión hospitalaria, ha contado en lo fundamental con la analítica de datos. El Ministerio de Hacienda acude a la analítica de datos para prever las tendencias macroeconómicas; el DANE para determinar el índice de precios al consumidor; la DIAN para la identificación de transacciones atípicas; y la Policía Nacional para la predicción de sitios en donde se comentan cierto tipo de delitos, entre otros potenciales usos.

Las alcaldías de las capitales más grandes del país ya incluyen la analítica de datos de manera sistemática a fin de mejorar la movilidad. Y recientemente el presidente de la ANDI se refirió al uso de la analítica de datos para el proyecto de Transporte Limpio de Carga Bogotá-Cundinamarca. En el mundo empresarial y de los negocios, las empresas introducen cada vez más la analítica de datos para diseñar su estrategia comercial, los riesgos financieros y el manejo de existencias. Entre otras aplicaciones.

En hora buena para la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá –ETB-, el liderazgo que se le ha encomendado para llevar a cabo el proceso de conformación de la Sociedad Agencia Analítica de Datos, cuando hasta hace poco la administración de Peñalosa pregonaba la necesidad de vender este importante patrimonio de la ciudad. La tarea asignada es una oportunidad para el fortalecimiento de la empresa, necesariamente asociado al desarrollo inteligente de Bogotá-Región, aprovechando las ventajas de tener la red urbana de fibra óptica más extensa y una oferta asociada de servicios de comunicación y transformación digital. La ETB tiene allí nuevos nichos de gran potencial, sin perder de vista que en su condición de empresa de la ciudad de Bogotá, no sólo debe generar utilidades y dividendos sino también debe mantener su vocación social. El retorno social de inversión.

La aplicación intensiva de la analítica de datos por todas las entidades del Distrito Capital, debe ser un objetivo a corto-mediano plazo para la toma de decisiones sobre los problemas urbanos, la planeación de las políticas públicas y el desarrollo sostenible de la ciudad-región.

Las universidades e instituciones de educación superior, y los centros de educación técnica y tecnológica, tienen en la Analítica de Datos, una amplia oferta de estudios a desarrollar. Promover y fortalecer esa oferta, hará parte de la misión de la Agencia Distrital para la Educación Superior, la Ciencia y la Tecnología, cuya creación también fue incluida en el nuevo Plan de Desarrollo de Bogotá. La articulación de esta oferta educativa con la demanda laboral del sector público y sector privado, y de las organizaciones sociales y culturales, será fundamental para el desarrollo y progreso de la ciudad-región y del país.

* Alto Consejero Distrital de TIC de Bogotá (2013-2014). Ex-Ingeniero del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Ex-Director de proyectos Software & Ingeniería de Datos en Europa y América Latina. Consultor en políticas de Ciudad Inteligente.

Artículo publicado por Revista Sur – 08 junio 2020

Análisis Mundial con Mauricio Trujillo y la transformación de las comunicaciones en la emergencia

En Análisis Mundial hablamos sobre las comunicaciones en época de pandemia, cuál es el rol que jugamos los periodistas, cómo hemos tenido que transformarnos y cuál será nuestro futuro, pero también por parte de los gobernantes cómo han manejado las comunicaciones a su favor y cómo esto ha impactado positivamente y negativamente en la sociedad. Acompáñenos a analizar este tema junto a Mauricio Trujillo Uribe por Cable Noticias TV, 30 y 31 de mayo 2020, 4:00 pm, Colombia.

Festivales Jazz del Mundo

Disfruta los domingos el programa radial
FESTIVALES JAZZ DEL MUNDO
Música diferente para una escucha atenta: un espacio cultural en donde convergen el jazz y los géneros del mundo.

Los domingos 10 a.m. por:
📻 Laud 90.4 FM en Bogotá
🌐 A la misma hora: https://is.gd/RmJntv

🎙️ Mauricio Trujillo Uribe
🔈 Jairo Buitrago

Escríbenos: foro@festivalesjazzmundo.com
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Twitter: @JazzFestivales

Producido con la colaboración de la Academia Luis A. Calvo y la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital de Bogotá.


 

La Gran Paradoja

Artículo tomado de
LE MONDE DIPLOMATIQUE
Edición Colombia – Versión digital – Año XVIII – N° 199
Mayo 2020 – Informe especial

Oscar Pinto Pineda, Boa abierta, ilustraciones del libro «El Principito»

Las tecnologías digitales se han convertido en un soporte fundamental para enfrentar la pandemia del Covid-19 y dar continuidad a las actividades de los ciudadanos, empresas, organizaciones y gobiernos. Lo que no parará ahí. Todo parece indicar que pasada la crisis tendremos una sociedad y una economía más digitalizadas y eficientes, como resultado del aprendizaje, adaptación y reinvención por el que el mundo ha tenido que pasar para poder sortear el confinamiento y el distanciamiento social. Está en curso una de las transformaciones más rápidas de la historia. Es la gran paradoja.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, mayo 2020

En un mundo globalizado como el nuestro, en el que millones de personas se desplazan todos los días de una región a otra, de un país a otro, la propagación del coronavirus, o más precisamente del Covid-19, se convirtió rápidamente, en apenas cuatro meses desde su origen en diciembre pasado en China, en una pandemia. Para finales de abril ésta ha infectado cerca de tres millones de mujeres y hombres de todas las edades y condiciones, ha causado la muerte a más de 200.000 y hoy tiene a la humanidad «detenida en el tiempo» con gran parte de sus 7.500 millones de habitantes resguardados en sus casas o alberges.

Nunca imaginamos que como humanidad nos tocara presenciar lo que estamos viviendo: calles desiertas, comercios cerrados, aulas vacías, carreteras intransitadas, aeropuertos parados, en fin, la vida como hasta ahora la conocimos suspendida o fuertemente alterada. Dada la naturaleza altamente transmisible del virus, el aislamiento y el «distanciamiento social» aparecen como la única estrategia de prevención o mitigación de su propagación y de manejo del número de personas infectadas para evitar el colapso de los servicios sanitarios. Entre tanto médicos, biólogos, químicos, matemáticos, científicos y especialistas buscan afanosamente crear la vacuna que permita ganarle la batalla a la enfermedad.

Pero en medio de esta crisis sanitaria, que ha acelerado una crisis económica y social de escala mundial dado el riesgo para la vida humana de entrar en contacto físico o próximo con personas portadoras del «enemigo invisible», las tecnologías digitales, en particular las de la información y la comunicación (TIC), se han convertido en un soporte fundamental para frenar o ralentizar la pandemia en curso y dar continuidad a las actividades de los ciudadanos, las empresas, las organizaciones y los gobiernos.

Mientras que las actividades presenciales se han parado y sólo se mantienen aquellas indispensables para el funcionamiento básico de las instituciones, de ciertos servicios esenciales y de las cadenas prioritarias de producción y distribución, el mundo digital ha conocido un extraordinario dinamismo e incremento, permitiendo por medios virtuales realizar a distancia numerosas actividades, remplazando la presencia física. Dichas tecnologías, utilizadas principalmente en ciertos ámbitos, hoy son el eje sobre el cual el mundo sigue andando: desde clases, conversatorios, conferencias, asistencia, reuniones laborales, gestiones administrativas, compra de alimentos y entregas a domicilio, hasta los eventos políticos, culturales y religiosos, entre otras actividades, se realizan ahora a través de plataformas digitales, permitiendo que la vida siga su curso.

Esta nueva dinámica conlleva el desarrollo y fortalecimiento de habilidades comunicativas, de autonomía, responsabilidad, manejo del tiempo, autogestión, resolución de dificultades y otras. Pasada la crisis del coronavirus tendremos una sociedad y una economía más digitalizadas y posiblemente más eficientes a corto o mediano plazo, como resultado del aprendizaje, adaptación y reinvención por el que el mundo ha tenido que pasar para poder sortear el confinamiento y el distanciamiento. El cambio que está generando la apropiación social de las tecnologías digitales en estos tiempos, será profundo y perdurable. Está en curso una de las transformaciones más rápidas de la historia. Es la gran paradoja.

El rebusque diario
Sin embargo, así como la cuarentena resalta, de manera particular, el drama que viven millones de familias sumidas en la pobreza o pobreza extrema, cuya posibilidad de comer todos los días depende, ante la ausencia de un trabajo estable e ingresos seguros, del rebusque del día a día, también ha visibilizado la brecha digital existente entre los diversos sectores sociales, empresas y países.

La apropiación social de las tecnologías digitales, o sea, tener acceso a ellas, usarlas y contar con conocimientos para sacarles el mayor provecho, es muy distinta según el nivel económico y cultural de las familias. La Unctad advierte que la mitad de la población mundial no está conectada a la web y sólo una de cada cinco personas usa Internet en los países en desarrollo, mientras que en el mundo desarrollado nueve de cada diez.

En América Latina la principal dificultad que hoy tienen las alcaldías de las grandes ciudades para hacer llegar los precarios subsidios o ayudas a las familias menos favorecidas, no consiste tanto en disponer de los recursos públicos o de las campañas de solidaridad, sino en el hecho de que muchas de estas familias no tienen cuenta bancaria, tampoco están registradas en las bases de datos del Estado, ni manejan un correo electrónico, para poder contactarlas. Así mismo, millones de familias no disponen de un computador en su casa o de acceso a Internet para que sus hijos puedan asistir a las clases en línea, algunos indicadores señalan el 40% de la población.

En el mundo empresarial también asistimos a una transformación disruptiva en materia de dirección, organización y procesos, gracias al uso de las TIC. Pero la pandemia también ha puesto de presente la brecha digital entre las empresas tradicionales que están seriamente amenazadas por el confinamiento social, a punto de cerrar o en el rebusque diario, y las que por el contrario siguen operando e incluso han encontrado una oportunidad de crecer, favorecidas por el uso de plataformas digitales y recursos colaborativos en línea.

En nuestra región el cierre de la brecha digital es un factor determinante para la inclusión social y económica de las poblaciones menos favorecidas, al igual que para el desarrollo empresarial. Pasada la crisis, es responsabilidad de los gobiernos aprovechar el impulso ganado en el uso de las tecnologías digitales para redoblar esfuerzos en la inclusión digital de los sectores populares, mediante programas efectivos de apropiación social de las TIC en barrios y centros educativos. Merecen especial atención los jóvenes y adultos mayores. Y para respaldar con políticas públicas y créditos blandos la transformación digital de las empresas nacionales, sobre todo las pequeñas y medianas.

En estas condiciones, ojalá el próximo voto ciudadano, de Argentina a México, tenga en cuenta las propuestas de los candidatos en este campo. El acceso a Internet debe ser considerado un derecho público esencial y debería garantizarse un consumo básico para las poblaciones de pocos recursos, extendiendo para ello WiFi gratuito por todas las ciudades.

Nuevo paradigma laboral
Numerosos son los sectores de la economía en los que el teletrabajo se puede introducir. De hecho, esta modalidad de trabajo hace parte de la reglamentación laboral de los países andinos y de la mayoría de América Latina, y ya algunas empresas lo han puesto en práctica, principalmente de manera parcial y para cierto tipo de servicios.

Con la pandemia del Covid-19, se ha multiplicado exponencialmente el número de personas tele-trabajando desde sus casas, pudiendo apreciar las ventajas de bienestar que traería esta práctica en tiempos normales. No tendrían que madrugar a sus sitios de trabajo o regresar en las noches a sus hogares en los atiborrados medios de transporte masivo, ni gastar dos o tres horas diarias de lo más preciado que tiene el ser humano, su tiempo. Podrían organizar sus jornadas entre los horarios productivos, comer en casa y compartir con sus familias. El teletrabajo ofrece igualmente una oportunidad laboral a las personas en condición de discapacidad, y a las madres y padres que deben ocuparse de sus hijos. Sin embargo, la confusión entre vida laboral y familiar, tiempo de trabajo y de ocio, surge como una limitante del teletrabajo, así como la extensión de la jornada de trabajo por órdenes que llegan desde el centro de operaciones y no reparan en el límite de la jornada laboral.

En la economía de mercado las empresas están obligadas a transformarse e innovar. Las plataformas colaborativas de teletrabajo 4.0 permiten ahorrar costos, flexibilizar horarios laborales, ganar en productividad y eficiencia, y mejorar el clima laboral. La reducción de la jornada de trabajo, de 8 a 6 o menos horas diarias, deja de ser una utopía. De otro lado, el teletrabajo no debe ser una forma de precarizar el empleo y en ello los trabajadores y sus organizaciones deben estar vigilantes. Este paso laboral exige entonces un cambio de mentalidad. Avanzamos así, hacia un nuevo paradigma laboral.

Tsunami en la Educación
Salvo en centros educativos con programas específicos a distancia, la educación virtual como complemento de la educación presencial sigue siendo una meta a alcanzar en el sistema educativo de los países latinoamericanos, sin desconocer que el uso de recursos digitales ha ganado espacio en colegios y universidades, principalmente del sector privado. El debate no resuelto sobre la educación como proceso de socialización que va más allá del aula e implica la interrelación diaria en espacios públicos entre los actores del proceso educativo y de éstos con la sociedad en general, un aprendizaje que implica mucho más que leer o revisar escritos, gana nueva pertinencia.

En América Latina hay todavía un amplio trecho por recorrer: mejorar la infraestructura de conectividad de los centros educativos; garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a los monitores de sus instituciones y cuenten con computadores en sus casas; mayor capacitación de los educadores en las herramientas digitales; plataformas con contenidos interactivos ajustados a los pénsum académicos; y actualizar las políticas y programas de educación virtual. También es fundamental mejorar el nivel de inglés de docentes y estudiantes, sin lo cual están en desventaja para integrar los beneficios de la revolución 4.0.

No obstante, con ocasión del cierre forzoso de escuelas, colegios, institutos y universidades, y la continuación de las clases por medios digitales decretado por las autoridades, se está produciendo un verdadero «tsunami educativo». En Colombia, por ejemplo, la mayoría de los docentes ha tenido que preparar sus clases virtuales a marchas forzadas, adecuando su material pedagógico y sus espacios de trabajo en casa y algo similar ha pasado con los estudiantes. Así, unos y otros han ido adaptándose y tomando el ritmo.

El impacto que tendrá esta experiencia cuando alumnos y educadores regresen a las aulas permitirá que la educación virtual ocupe finalmente su espacio, rompiendo paradigmas. El debate sobre los programas de formación y el futuro de los establecimientos educativos estará servido. Y algo es seguro: La educación presencial no volverá a ser la misma.

Lucha contra el coronavirus
Medios de comunicación, ciudadanos, gobiernos, autoridades sanitarias, servicios de salud, laboratorios, comunidad científica y organizaciones internacionales están utilizando de una u otra forma las tecnologías digitales en la prevención y lucha contra el Covid-19. A los medios de comunicación, que a diario informan sobre el avance y consecuencias del virus y las medidas sanitarias que la gente debe acatar, se suman las redes sociales en Internet, las cuales, aunque sirven de cloacas de noticias falsas, están facilitado el intercambio de conocimientos en salud, medidas preventivas y autoevaluación.

Las tecnologías digitales también permiten elaborar modelos epidemiológicos predictivos que están ayudando a los gobiernos y autoridades sanitarias a tomar decisiones sobre la gestión de la cuarentena y la reactivación de sectores productivos, para encontrar un equilibrio entre «aplanar la curva» de contagiados y paliar la recesión económica. En China, Corea del Sur y otros países han implementado aplicaciones en teléfonos móviles para monitorear las personas contagiadas. En Colombia, recientemente la Ministra TIC presentó la aplicación CoronApp. Sin embargo, en democracia política, es urgente que el gobierno aclare cuáles son las medidas de privacidad y seguridad de los datos que se colectan.

Otros ejemplos son las cámaras de alta resolución y termómetros infrarrojos que miden la fiebre de posibles infectados; drones y robots para esterilizar hospitales, sitios públicos y medios de transporte; computación de alto rendimiento con sistemas de Big Data e Inteligencia Artificial para comprender el coronavirus y obtener lo antes posible una vacuna; tele-asistencia sanitaria y plataformas en la nube con el historial clínico de recuperados.

En conclusión, el sector TIC se erige como gran aliado contra el coronavirus y futuras epidemias, poniendo de presente la importancia de las formaciones universitarias y tecnológicas asociadas a las tecnologías de la cuarta revolución industrial o industria 4.0.

Reinventar nuestra forma de vivir
Esta crisis mundial, como otras sucedidas en el pasado, y como la que ya empezamos a vivir debido al cambio climático, también provocada principalmente por los humanos, nos debe llevar a cuestionarnos como habitantes del planeta, nuestro único y espectacular hogar.

La pausa global nos debe conducir a reflexionar sobre nuestra condición de «especie dominante» y el futuro de la Tierra: es necesario modificar nuestro comportamiento personal y colectivo en aras del bienestar general y el uso responsable de los recursos comunes. Nos esperan nuevos desafíos como civilización, es imprescindible un cambio de mentalidad y una transformación de nuestros modelos de existencia.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, 08 de mayo de 2020

* Ex-Alto Consejero Distrital de TIC de Bogotá, ex-Ingeniero de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Consultor en temas de Ciudad Inteligente.

Coronavirus ¿Protección Tóxica a las Personas Mayores?

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Por Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 06 de mayo de 2020

«Quiero demostrar que esos seis millones de colombianos que estamos archivados desde hace dos meses, no digo confinados, archivados, con menos derechos que los animales, los abuelitos… métanlos allá los abuelitos, ya les diremos cuándo salgan… esos abuelitos tenemos muchas cosas qué decir, tenemos muchas cosas qué hacer», respondió Daniel Samper Pizano, intelectual, periodista y escritor colombiano, en una entrevista radial el pasado 30 de abril, refiriéndose a una de las razones por las que aceptó volver a escribir una columna, esta vez en «Los Danieles», plataforma digital creada por los periodistas Daniel Coronell y Daniel Samper Ospina.

La polémica sobre el tratamiento de las personas mayores durante la pandemia del coronavirus ha tomado fuerza en países de Europa y América Latina bajo el título «la rebelión de las canas». En Inglaterra la pretensión del gobierno de prolongar la cuarentena para las personas mayores hasta que haya una vacuna disponible al público, causó gran controversia. En España se levantaron masivamente voces de ira y protesta de los mayores ante la posibilidad de que se prolongue su confinamiento: «Creer que con la reclusión se nos cuida es un error, es mejor tomar un riesgo controlado para vivir con los demás que languidecer en una soledad desesperada», «Que no se les ocurra, le recuerdo al presidente que nosotros también votamos», «Nos quitarán años de vida si nos alargan la cuarentena», son algunas de las reacciones recogidas en la prensa.

En Francia, el anuncio del presidente de que los mayores de 65 años seguirían encerrados en sus casas después del 11 de mayo, fecha inicial del desconfinamiento, suscitó el rechazo de médicos, intelectuales y abogados, cuestionando la decisión desde el punto de vista médico, ético y jurídico. La Academia de Medicina se pronunció contra la cuarentena por grupos de edad: «La tentación simplista de gestionar este episodio por grupos de edad y de imponer a los ancianos, en nombre de su propia protección, que permanezcan confinados, no es satisfactoria». Y criticó la «amalgama» que hacen las autoridades entre los mayores y las personas con enfermedades crónicas.

En Argentina, el gobierno de Buenos Aires dispuso que las personas mayores de 70 años deberían pedir permiso para salir. «Son medidas que, además de incómodas, denigran a los mayores», «Esta restricción parece considerar a los mayores como un sector condenable de la sociedad, un sector que molesta», «Nunca las prohibiciones de este tipo son buena idea, ésta es una medida absurda e impracticable», fueron algunas de las reacciones de personalidades y organizaciones de derechos humanos. Entre tanto, tomó fuerza la consigna «Protección SI. Prisión domiciliaria NO».

En Colombia el presidente Iván Duque decretó el Aislamiento Preventivo Obligatorio en todo el país desde el 17 de marzo. Entre las excepciones, autorizó a los mayores de 18 años salir a comprar víveres, ir al banco y otras actividades, pero al mismo tiempo dispuso el confinamiento total de las personas mayores de 70 años, éstas simplemente no pueden salir a la calle salvo casos de urgencia o fuerza mayor. Luego, el 21 de abril el gobierno nacional prolongó la cuarentena hasta el 11 de mayo, sin embargo flexibilizó las medidas al permitir que las personas de 18 a 59 años puedan salir a realizar actividad física bajo ciertas condiciones. De nuevo, de un plumazo, las personas mayores quedaron por fuera, aunque esta vez la exclusión comienza a los 60 años. El 05 de mayo el presidente prolongó otra vez el aislamiento, hasta el 25 de mayo, y entre las nuevas medidas abrió la puerta a los niños y adolescentes de 6 a 17 años bajo ciertos protocolos, pero las personas mayores tendrán que seguir tiempo completo «en el closet».

Nadie duda que la cuarentena total de la población adulta mayor decretada por las autoridades, en medio de una crisis planetaria inédita, tiene el propósito de protegerla frente al Covid-19, dado que presenta el mayor número de fallecimientos, y además evitar la sobrecarga de los servicios sanitarios. Sin embargo, otras consideraciones deben ser tenidas en cuenta. Para los mayores permanecer encerrados tanto tiempo afecta sus articulaciones y su corazón en particular, y fragiliza su estado mental. Tanto más que no pocos de ellos viven la dura realidad de la soledad. Su confinamiento prolongado los debilita y deprime, más que a otros grupos poblacionales.

De otro lado, este tratamiento de encerrar a los mayores, léase enclaustrar, incuba en la sociedad un cierto ambiente de infantilización y subestimación hacia ellos, empezando por la expresión «los abuelitos» utilizada públicamente por algunos gobernantes, la cual fue retirada por las Naciones Unidas desde 2002[1] porque no todas las personas mayores son abuelos o abuelas, y porque nos devuelve a la mirada antigua de compasión y asistencialismo que hasta el siglo pasado se empleaba con la gente mayor. A diferencia de la mirada tradicional, como nos lo recordó Simone de Beauvoir cuando protestó contra la sociedad que trata a los viejos «como parias», hoy la mirada es de derechos, la comunidad mayor no sólo es beneficiaria de programas sino titular de derechos.

Además, en las últimas décadas en el país y en el mundo, se ha producido un hecho importante en relación con el envejecimiento: la esperanza de vida ha aumentado, las personas mayores son más activas que antes, hacen más ejercicio, se cuidan más, se cultivan más y se ocupan más. Incluso hoy se habla de tercera y cuarta edad. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) les facilitan, a su vez, desarrollar proyectos personales, reciclarse y trabajar nuevos temas, socializar y participar en grupos. Los tiempos han cambiado, «los viejos» del siglo XXI no son los de antes.

No es gratuito entonces que con la cuarentena total muchas personas mayores se sientan inútiles, estigmatizadas y discriminadas, al tiempo que van perdiendo su salud y ven afectada su dignidad. Afortunadamente hace pocos días Ángela Merkel declaró «Encerrar a nuestros mayores como estrategia de salida a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral». En Francia, Emmanuel Macron tuvo que rectificar, levantó la restricción. En Argentina las autoridades porteñas debieron retroceder, cambiaron la prohibición por recomendación. Y muchos gobiernos de los países más afectados por el coronavirus, como España, acaban de establecer horarios para que todos los grupos poblacionales, incluidos niños y mayores, puedan salir a la calle.

Mantener por un tiempo excesivo el encierro total de las personas mayores sin permitirles salir a la calle en ningún momento, tendrá consecuencias más negativas que positivas para su salud y autoestima. Por todas las razones anteriores, es de esperar que el presidente Duque y el gobierno nacional, al igual que los mandatarios regionales y locales, reflexionen e innoven en sus medidas, y encaucen su ánimo protector con un cambio de mirada hacia las personas mayores.

Por Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 06 de mayo de 2020

Artículo de libre difusión citando la fuente

[1] En la Segunda Asamblea  Mundial sobre  envejecimiento y vejez en Madrid-España

¿Cuál satélite para Colombia?

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Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

El periódico El Tiempo publicó el 23 de febrero un artículo del ex-Vicepresidente Germán Vargas Lleras titulado «El satélite, un juguete caro» en el que critica la decisión del Gobierno Nacional de «volver a poner en marcha el negocio del satélite de observación de la Tierra con el cual se pretende, además, que Colombia entre con pie firme en la era espacial». Y se declara sorprendido de enterarse a través de los medios de comunicación de que «Colombia le apostaría nuevamente a tener un satélite propio de última tecnología».

Recordemos que un satélite de este tipo permite tomar imágenes en muchos campos: estado de las carreteras, recursos hídricos, incendios forestales, minería, pesca y otros. El ex-Vicepresidente se refiriere en particular a la aprobación del Gobierno de Duque al Conpes (Consejo Nacional de Política Económica y Social) # 3983 de enero pasado. El documento en cuestión se titula «Política de Desarrollo Espacial: Condiciones habilitantes para el impulso de la competitividad nacional», en el que se incluye la siguiente línea de acción: «El Ministerio de Defensa Nacional, en coordinación con la FAC, el IGAC y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, realizará un estudio costo-beneficio sobre las diferentes alternativas de adquisición de infraestructura espacial de observación de la Tierra».

La inconformidad de Vargas Lleras tiene que ver con el costo que implicaría la compra del satélite, cerca de 350 millones de dólares, más los gastos de mantenimiento, cuando hoy en día esas imágenes se pueden comprar a otros satélites extranjeros por cerca de 2 millones de dólares anuales «e incluso provistas gratuitamente por medio de la cooperación internacional, como en el caso de los cultivos ilícitos», agrega. También alerta sobre los intereses que se moverían detrás del «negocio» y dice «la idea de tener no solo uno, sino varios satélites propios, incluso para generar emprendimientos, no parecería corresponder con las prioridades nacionales en materia del gasto».

Este artículo suscitó fuerte controversia y la W Radio entrevistó al abogado y experto en derecho espacial, Alfredo Rey, quien aseguró que es más conveniente, tiene mayor prioridad, adquirir un satélite de comunicaciones que un satélite de observación de la Tierra y dio la razón a Vargas Lleras confirmando que las imágenes se consiguen en el mercado y Colombia los compra actualmente.

El profesor Rey también manifestó que en materia de comunicaciones dependemos de los satélites de otros países, a pesar de que la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que administra las posiciones orbitales de los satélites, le asignó a Colombia tres posiciones. Agregó que un satélite de comunicaciones tiene más o menos el mismo costo que uno de imágenes y permitiría cubrir todo el territorio nacional, conectar a todas las regiones y dejaríamos de pagar los costos por el alquiler de satélites extranjeros para hacer las telecomunicaciones.

Colombia rezagada
Aun cuando comparto lo fundamental de ambas posiciones, éstas ameritan ciertas precisiones y aclaraciones. En primer lugar, Colombia no ha tenido hasta ahora una política pública espacial con una visión estratégica de largo plazo, los esfuerzos en esta materia han sido muy limitados y la clase política no ha sabido conducir al país para aprovechar el potencial que tiene este sector, quedando Colombia rezagada frente a otros países de América Latina. A pesar de que se han aprobado en las últimas décadas tres documentos Conpes para la compra de satélites, dos de comunicaciones y uno de observación de la Tierra, estas adquisiciones nunca tuvieron lugar, se quedaron en el papel.

El reciente Conpes plantea la necesidad de una Política de Desarrollo Espacial para impulsar la economía colombiana mediante una serie de estrategias que permitan generar tres condiciones habilitantes: sentar las bases para construir una visión de largo plazo del sector espacial; facilitar la entrada de la iniciativa privada; y revisar el rol de la Comisión Colombiana del Espacio, adaptar la normatividad existente y propiciar la cooperación internacional. Sin embargo, este Conpes apenas destina recursos por 1904 millones de pesos para su implementación, lo cual parece insuficiente.

Un valioso recurso natural
En segundo lugar, Colombia al igual que otros 9 países en el mundo, Brasil, Ecuador, Congo, Gabón, Kenia, Somalia, Uganda, Zaire e Indonesia, goza del privilegio de poseer una órbita geoestacionaria, un valioso recurso natural que hubiese podido ser gran fuente de ingresos para el país pero que hoy ha sido declarado por las grandes potencias como un recurso de la humanidad, en contraposición al concepto de soberanía nacional que firmaron estos países en el año 1976.

Recordemos que la órbita geoestacionaria (O.G.E.) es una autopista circular sobre la línea ecuatorial a casi 36.000 kilómetros de altura. Ella permite que los satélites allí situados giren en el mismo período de rotación del planeta, desplazándose siempre encima de un territorio dado. Por ello, esta órbita presenta grandes ventajas para los satélites de comunicaciones, televisión y navegación GPS (Global Position System), reduciendo a su vez los costos de los equipos terrestres.

La Constitución colombiana establece que también es parte de Colombia el segmento de la órbita geoestacionaria. Pero en la vida real la O.G.E. está casi llena con satélites de las grandes potencias y es clara la inclinación de la UIT en favor de los países con capacidad tecnológica. Sin embargo, Colombia conserva aún tres posiciones en derecho, que nos corresponden entre los 70 y 75 grados al oeste del meridiano de Greenwich.

Satélite de comunicaciones vs fibra óptica
Debido a la compleja geografía colombiana, el Ministerio de Tecnologías de Información y Comunicaciones (MinTIC) abrió en el 2010 un proceso para la compra de un satélite de comunicaciones con el fin de dar conectividad a miles de centros educativos, hospitales y otras instituciones públicas, buscando así superar el aislamiento de buen número de regiones y a la vez reducir la brecha digital.

En esa ocasión la licitación se declaró desierta y tampoco tuvo éxito un nuevo intento. Finalmente el Gobierno consideró que era mejor desplegar una red nacional de fibra óptica, estableciendo un plan gradual para llegar a las cabeceras de la gran mayoría de los 1.100 municipios del país, y allí en donde no fuese posible implementar esta infraestructura de comunicaciones de alta velocidad se acudiría a empresas prestadoras de servicios inalámbricos de voz y datos (satelitales y micro-ondas).

Este programa de fibra óptica se ha ido cumpliendo en general, aunque a nivel local la solución del «último kilómetro» para llegar al usuario final, que corre a cargo de empresas de servicios públicas o privadas, avanza a paso lento en muchos sitios. A su vez, numerosas zonas rurales del país aún carecen de comunicaciones de alta velocidad, a pesar del esfuerzo hecho por algunos operadores.

Conclusión
Antes que hacer una inversión económica en la adquisición de un sistema satelital de imágenes, el gobierno debería dar prioridad a la adquisición de un satélite geoestacionario de comunicaciones que beneficie el desarrollo equitativo de las regiones del país.

Desde luego, ello exigiría una inversión económica importante, además de asegurar necesariamente otros factores de éxito. Lo ideal sería ponerse de acuerdo con los países vecinos, en particular con Venezuela y Ecuador, pero tal cooperación es improbable en el contexto político actual.

Y como quiera que las comunicaciones en el siglo XXI pasan en gran medida por las telecomunicaciones y Colombia no tiene un satélite de comunicaciones propio, será necesario seguir acudiendo a los servicios de satélites de otros países y de empresas privadas. Esa es por ahora nuestra realidad.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

* Ex-Alto Consejero Distrital de TIC para Bogotá.
Blog: https://agoradeldomingo.com


Artículo publicado en Revista Sur: https://www.sur.org.co/cual-satelite-para-colombia

Foto tomada de: larepublica.pe
Filed Under: Revista Sur, RS Desde el sur

Los Millenials de Colombia en las Calles

Artículo tomado de REVISTA SUR: www.sur.org.co/los-millenials-de-colombia-en-las-calles

Por Mauricio Trujillo Uribe*
23 de enero de 2020

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En buena hora para la vida social y política del país, la Generación de Millenials se moviliza y comienza a ocupar líneas de liderazgo. El espacio de diálogo ganado al gobierno de Duque debe ser aprovechado como un paso hacia la negociación de metas concretas, principalmente en educación y cultura.

El lector encontrará en estas líneas algunas consideraciones sobre las motivaciones que han llevado a los jóvenes que nacieron cerca al siglo XXI y crecieron con las tecnologías digitales, conocidos como los Millenials, a salir masivamente a las calles en estos dos últimos meses.

Desde el paro cívico nacional de 1977, el más grande de la segunda mitad del siglo XX, no habíamos visto tal cantidad de jóvenes desfilando. Hoy se movilizan en un clima más favorable luego de los acuerdos de paz firmados entre el Estado y las FARC.

Estos jóvenes no viven en barrios de marcada pobreza, son más bien de nivel económico medio y han tenido acceso a la educación formal, más de la que tuvieron sus padres y abuelos.

La mayoría de ellos se moviliza por un sentimiento general de inconformidad con el estado de cosas que diariamente les toca vivir, por la ausencia de oportunidades para su desarrollo como individuos, por la incertidumbre frente al futuro que los espera y por la alerta ante el cambio climático.

Así, por ejemplo, una de sus preocupaciones centrales tiene que ver con la dificultad para encontrar empleo en un mundo laboral en donde cada vez más se les pide tener no sólo un pregrado sino un posgrado, y contar con una primera experiencia de trabajo, algo imposible para la gran mayoría. Además, no pocos empleos son mal remunerados e inestables. El estrés que les genera este panorama es aún mayor porque tienen grandes expectativas de un retorno de inversión en términos de éxito y progreso personal. No es de extrañar entonces que muchos de ellos continúen viviendo en casa de sus familiares y que no se proyecten en una relación de pareja con hijos. Ven con desazón que su nivel de vida futura será posiblemente inferior a la de sus progenitores.

De otro lado, a diferencia de la oposición frontal y explícita al mal gobierno de Duque de gran parte de los dirigentes del paro y de las organizaciones de izquierda, y de ciertos grupos pequeños notorios en las marchas, la decisión de estos Millenials de salir a las calles refleja más un rechazo, en general, a la clase política tradicional: no creen en los gobernantes o se decepcionan pronto, no se sienten representados por nadie, o casi nadie, aún menos por un Congreso al que muchos señalan como un cuerpo de políticos profesionales que se perpetúa.

Su indiferencia frente a los partidos políticos del establecimiento es también evidente, aunque la mayoría tampoco se alinea con los partidos de izquierda. Desean voltear la página de la polarización y repudian el asesinato de líderes sociales. Se indignan frente a la corrupción que, dicen, atraviesa todas las instituciones. Sospechan de las informaciones de los medios de comunicación, dándole más credibilidad a las redes sociales, o mejor, a sus propias redes, que retroalimentan en circuito cerrado sus propios sentimientos y creencias. En síntesis, viven una crisis de confianza y legitimidad en los partidos, gobiernos e instituciones, pero prefieren y quieren el sistema democrático.

Son jóvenes con grandes esperanzas y retos en la sociedad de la información, el conocimiento y la innovación. Deben desenvolverse en un mundo globalizado y competitivo. Y están dispuestos a dar la pelea para que las cosas cambien en nuestro país. De hecho, la votación de esta juventud fue determinante en las elecciones territoriales de octubre de 2019 para elegir alcaldes y gobernadores alternativos en las principales ciudades y departamentos, algo inédito en nuestra historia, como también lo será para las elecciones parlamentarias y presidenciales del 2022.

El protagonismo de los Millenials es decisivo para avanzar hacia una sociedad más equitativa, incluyente y próspera. Pero el potencial transformador de su movilización pierde fuerza por la acción de los encapuchados violentos y visiblemente organizados, que destruyen los bienes públicos y privados, deslegitiman la protesta social y provocan a la fuerza pública (ello no justifica por tanto el abuso de autoridad); y sus banderas se debilitan ante la opinión pública cuando no se tiene en cuenta las necesidades de transporte de los ciudadanos que no participan en las marchas.

En buena hora para la vida social y política del país, la Generación de Millenials se moviliza y comienza a ocupar líneas de liderazgo. El espacio de diálogo ganado al gobierno de Duque, que recuerda al Diálogo Nacional de cierta época, a pesar de la mano dura que piden ciertos sectores de derecha, debe ser aprovechado como un paso hacia la negociación de metas concretas, principalmente en educación y cultura. La protesta democrática será siempre un recurso ante los oídos sordos de los gobernantes, así lo garantiza la Constitución de 1991.

Mauricio Trujillo Uribe*
23 de enero de 2020

*Ex-Alto Consejero TIC Bogotá. Director programa radial Festivales Jazz del Mundo.  Blog: https://agoradeldomingo.com

Foto tomada de: Escuela Nacional Sindical

 

Diez retos de Bogotá Inteligente que esperan a Claudia López

Por Mauricio Trujillo Uribe*
Bogotá, 06 enero 2020

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Con el permanente crecimiento de la población urbana, aumentan todos los días los problemas en campos como la seguridad, movilidad, educación, salud, empleo, medio ambiente y otros. Bogotá llegará en poco tiempo a diez millones de habitantes y enfrentar con éxito los retos que este conglomerado humano conlleva, requiere soluciones innovadoras de gran escala e impacto.

Una visión y gobernanza acertadas, la participación activa de la ciudadanía, los datos abiertos y la aplicación de nuevas tecnologías como factor disruptivo, hacen parte de las variables que Claudia López tendrá por delante para avanzar en la solución de los desafíos de este ecosistema urbano cada vez más complejo, teniendo como meta central mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

En hora buena su elección como nueva alcaldesa, me uno a las expectativas de quienes hicimos parte de los equipos programáticos de su campaña y votamos por ella. Bogotá necesita desarrollar una política pública de Ciudad Inteligente y Amigable, de la que hacen parte los siguientes diez retos:

  • Una ciudad más segura para todos: utilizar de manera intensiva un sistema de Analítica Criminal de Big Data e Inteligencia Artificial. Estas plataformas funcionan con base en los sitios, modos y frecuencia donde se viola la ley en un territorio, y demás informaciones recolectadas por las autoridades, a partir de las cuales cruzan datos, determinan patrones e identifican tendencias, permitiendo anticipar y enfrentar el delito más eficazmente.
  • Una ciudad que cuida su medio ambiente y preserva su hábitat ecológico dando un tratamiento sostenible e inteligente a sus residuos sólidos: migrar del actual modelo tóxico de depósito y manejo de los desechos del Relleno Sanitario de Doña Juana, hacia el uso de tecnologías limpias de Termovalorización, que además permiten generar energía eléctrica. Son varias las ciudades capitales de América Latina que las utilizan con éxito.
  • Una ciudad de Gobierno Abierto y Transparente que acerca a la Administración y los ciudadanos, que escucha a sus habitantes y que acuerda con ellos, entre otros temas, la destinación de los fondos propios de las veinte localidades: incentivar la participación ciudadana, mediante el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), incluyendo las aplicaciones para celulares, en los presupuestos locales y su seguimiento.
  • Una ciudad que moderniza la enseñanza de la educación pública en sus escuelas y colegios: acelerar la incorporación de la educación virtual, con sus redes, plataformas y contenidos, como complemento fundamental de la educación presencial en un mundo globalizado, facilitando la labor del docente y la apropiación de conocimientos por parte del alumno.
  • Una ciudad que prepara a las generaciones para desempeñarse en un mundo moderno: promover la apropiación social de las TIC, apoyar los laboratorios digitales de innovación abierta y colaborativa, y respaldar la apertura de nuevos cupos en la Universidad Distrital en programas tecnológicos y profesionales como el Internet de las Cosas, Inteligencia Artificial, Computación Cognitiva y Blockchain, entre otras áreas innovadoras.
  • Una ciudad en donde el talento y la innovación se conjugan en el arte y la cultura: formar artistas y agentes culturales en las nuevas expresiones escénicas, creadoras de nuevas audiencias, en las que el arte urbano y las nuevas tecnologías convergen. Así mismo, contar con espacios y equipamientos públicos funcionales al uso amplio de los recursos digitales.
  • Una ciudad que propicia, en la era de la información y el conocimiento, la inclusión digital como elemento clave de los programas de integración social: dar continuidad a las más de cien zonas de Wi-FI público (puestas en funcionamiento entre 2013 y 2014 por la Alta Consejería Distrital de TIC) y ampliar su cobertura. A su vez, estas zonas de acceso libre a Internet permiten revitalizar el hábitat, ofrecen espacios de encuentro y convivencia a los jóvenes y son una oportunidad económica para los comerciantes del sector.
  • Una ciudad que cuenta con un sistema de emergencias médicas inteligente: promover la implementación de una plataforma de información por parte de las entidades prestadoras de servicios de salud, basada en geolocalización y bases de datos centralizadas, que articula la ambulancia más cercana con el centro médico más apto y próximo, para atender la emergencia. A su vez, la Historia Clínica Unificada, en fase de implementación, constituye el complemento ideal para los servicios de atención de emergencias y salud en general.
  • Una ciudad que se beneficia de la sinergia entre las empresas de servicios públicos: establecer alianzas estratégicas entre la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), que dispone de la mayor red de fibra óptica urbana, y la Empresa Metro de Bogotá, para implementar el vasto sistema de comunicaciones y anuncios del futuro metro de Bogotá, y entre la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá (EEB) y la futura Red de Regiotrams de la Sabana, para el transporte férreo metropolitano.
  • Una ciudad que potencia las oportunidades de emprendimiento, empleo y negocios de nueva base tecnológica: hacer realidad la primera fase del Parque de Ciencia, Tecnología e Innovación de Bogotá, en donde colaboren el talento juvenil, universidades y empresarios, contribuyendo a la competitividad y el crecimiento económico de la ciudad-región.

Una política pública de Ciudad Inteligente y Amigable tiene en cuenta los componentes humanos, institucionales y tecnológicos que intervienen en su desarrollo, además de los aspectos sectoriales y las mejores prácticas internacionales. Su implementación en Bogotá pasa por la voluntad política de la nueva alcaldesa y el Concejo Distrital y se refleja, aprovechando la amplia base regulatoria nacional y distrital, en el Plan de Desarrollo, la apropiación presupuestal y la planeación distrital.

También es fundamental contar con una institucionalidad fuerte que dirija dicha política pública en concertación con las secretarías y entidades del Distrito y en colaboración con el Gobierno Nacional y la empresa privada. Bienvenida Claudia López al universo de la Ciudad Inteligente y Amigable.

* En Colombia: ex-Alto Consejero Distrital de TIC de Bogotá y ex-miembro de las juntas directivas de ETB y EEB.

Artículo publicado en la página web https://agoradeldomingo.com, de libre difusión citando la fuente.

Cahr-nah-vahu

Por Mauricio Trujillo Uribe
30 de diciembre de 2019

Hace calor, las noches de febrero son así, el verano se instala, la brisa del mar se queda en el mar y el cielo no conoce nube, mientras la ciudad levanta los panderos y se va de fiesta. Desde que vengo al CAHR-NAH-VAHU, o festival de la carne vale como le decían antes, siempre ha sido así: se apodera de mí una sensación de euforia, que pronto se funde en la colectiva. Bajando por las calles de adoquines, más y más gente va sumándose al jolgorio. Esta vez salimos del barrio Toquín. De las casitas coloniales de techos de teja, con sus paredes descascaradas, van saliendo los lugareños al ritmo de la batucada que, como campana de iglesia a sus feligreses, pasa y los convoca a la infaltable misa del Carnaval. Ningún vecino se queda, es la noche del frenesí, esperada y largamente preparada. Llegan con máscaras de mil diseños y colores, símbolo de anonimato y libertad; largas plumas en la tiara de la espalda, cual colas de pavo real; y disfraces inverosímiles haciendo alarde de creatividad. Vienen también con vestidos zoomorfos de leopardos, gorilas, burros y demás; y de grifos y unicornios, animales mitológicos que hacen volar la imaginación y la curiosidad. Marchan príncipes y maharajás, calaveras y demonios, y figuras paganas y religiosas. Y están presentes los trajes típicos, los viejos y raídos, los nuevos y rimbombantes, todos con lentejuelas y elaborados bordados. Es una especie de embrujo que contagia la piel en la medida en que nos acercamos al gran bulevar de donde proviene el eco colosal. Hombro con hombro, paso con paso, coro con coro, candomblé con candomblé, miles con miles vamos entrando en apretadas filas por las vías aledañas a la gran alameda que atraviesa la urbe. Y allí, de repente, frente a mis cinco sentidos, dos océanos: el de las olas que riman con los tambores que tocan desde el atardecer,  estrellándose en las playas de fina arena amarilla que sobre varios kilómetros delinean el malecón. ¡Y el de un millón de personas danzando y avanzando simultáneamente al compás de la samba, poseídas de una euforia colectiva que adivino transmutada de los ritos africanos de Ogadú!