Hay «pelo pal moño»

La consulta del Pacto Histórico, más allá de la competencia interna, marcó un punto de inflexión en el panorama político colombiano. Demostró la capacidad de esta colectividad para movilizar electores, organizarse democráticamente y proyectarse como una opción de poder hacia el 2026.

Por Mauricio Trujillo Uribe 

Sin duda, los resultados de la consulta del Pacto Histórico que se llevó a cabo el pasado 26 de octubre entusiasman a la izquierda  y preocupan a la derecha colombiana. Hay de qué. Pero antes vale destacar que, en términos generales, salvo contados casos, la jornada electoral transcurrió con normalidad; la Registraduría, la Procuraduría y la fuerza pública cumplieron su misión institucional.

Lo alcanzado en esta consulta representa para el Pacto Histórico un avance significativo en varios frentes, a pesar del palo que recibe todos los días el presidente Gustavo Petro, de la campaña de oposición al gobierno de varios gremios empresariales y de la tormenta que ha provocado el rifirrafe con el presidente Donald Trump –cuyo estilo nos recuerda a veces las películas de gánsteres.

El primer efecto de los resultados de la consulta es sicológico: devuelve a los adherentes del Pacto Histórico un sentimiento de optimismo ante un panorama electoral que se avizora difícil en el 2026. Los 2.700.000 votos envían un mensaje poderoso: Colombia cuenta hoy con una izquierda consolidada, con suficiente “pelo pal moño” para elegir, junto con sectores de centro, el próximo presidente de la república.

El Pacto Histórico ha puesto en manos del voto ciudadano la escogencia de su candidato presidencial, así como el orden de las listas cerradas de sus candidatos al Congreso –cuyos primeros puestos van a la fija. El movimiento apuesta así a la cohesión organizativa e identidad política. Es un ejercicio democrático que le da legitimidad ante la opinión pública, en contraste con el “bolígrafo”, el muñequeo y los “derechos adquiridos”.

La victoria del senador Iván Cepeda, con más de 1.500.000 votos, representa una doble ganancia para el Pacto Histórico: cuenta ya con un candidato respetado, alrededor del cual su militancia cierra filas y se pone en marcha. Al salir de primeras en el “partidor” de la carrera presidencial, Cepeda puede recorrer desde ahora estrados y foros con la fuerza de su legitimidad y serenidad, explicando su programa de gobierno. Las velas están levantadas y el viento sopla.

La votación alcanzada por Carolina Corcho, cerca de 700.000 sufragios, representa un importante logro para el Pacto Histórico: confirma y configura la existencia de una saludable pluralidad política en su seno. La exministra encarna una tenacidad y una visión que le han permitido ganar su lugar ampliamente. Con el revelador respaldo electoral obtenido, la lógica democrática indicaría que debe encabezar la lista al Senado.

El acuerdo interno mediante el cual la reconocida senadora María José Pizarro desistió de su precandidatura presidencial –lo que hizo imposible medir su fuerza electoral-, a cambio del primer lugar en la lista al Senado sin participar en la consulta –lo que tampoco permitió contar sus votos- debe también ser considerado. Su importante trabajo en el desarrollo de la consulta, y su apoyo a Cepeda, le da plena legitimidad para que su nombre sea considerado como fórmula vicepresidencial.

Ante el anuncio del Consejo Nacional Electoral de aprobar de manera condicionada la personería jurídica del Pacto Histórico como partido único, los dos precandidatos asistieron a la consulta con el aval de uno solo de los partidos que lo integran –el Polo Democrático. Esto, para evitar que quien resultara electo quedara impedido para participar en la consulta interpartidista del próximo 8 marzo, fecha en la que también se realizarán las elecciones legislativas. El importante caudal electoral obtenido bajo la bandera del Pacto Histórico constituye un hecho político que el CNE no puede desconocer.

La elección del candidato presidencial por el conjunto de ciudadanos que fue a las urnas, muchos de ellos petristas a “rajatabla” pero muchos otros no ni mucho menos, da paso a la construcción de una coalición política amplia. Se espera que a la consulta interpartidista del 8 marzo concurran la izquierda, el centro y los no alineados para elegir un candidato presidencial de coalición con base en un programa que retome elementos del gobierno actual con nuevos aportes.

Más allá, la inmensa mayoría de los colombianos y colombianas desean un gran acuerdo nacional que le baje decibeles a la polarización y encuentre consensos sobre unos mínimos para superar los tantos problemas que atraviesan nuestra sociedad.

29 de octubre de 2026 

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