La flotilla Global Sumud

Una iniciativa civil internacional para romper el bloqueo en Gaza

Está integrada por más de 50 barcos de 44 países y navega hacia Gaza para romper el bloqueo israelí. Su travesía simboliza la mayor acción marítima no gubernamental de carácter humanitario ante una catástrofe que la ONU ya advierte como genocidio.

Por: Mauricio Trujillo Uribe

Artículo tomado de CAMBIO COLOMBIA
Publicado el 1 de octubre de 2025

La advertencia lanzada este jueves 25 de septiembre por Philippe Lazzarini, jefe de la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA), en referencia a Gaza, resuena como un eco: La historia preguntará por qué nuestros predecesores no lograron prevenir los genocidios perpetrados bajo su vigilancia. Con las advertencias emitidas por la Corte Internacional de Justicia el año pasado, y la publicación del informe de la Comisión de Investigación la semana pasada, esta pregunta debe hacérsenos ahora a nosotros”.

No es retórica, la incapacidad de los organismos internacionales para imponer límites efectivos a Israel contrasta con una movilización civil internacional actualmente en curso: la Flotilla Global Sumud. Integrada por más de 50 embarcaciones procedentes de 44 países, constituye la mayor acción marítima no gubernamental de carácter humanitario. Su objetivo declarado es romper el bloqueo israelí sobre Gaza y abrir un corredor humanitario hacia un territorio devastado por la guerra, la hambruna y la destrucción sistemática de su infraestructura vital.

El nombre elegido, Sumud, “perseverancia” en árabe, remite a la larga tradición de resistencia civil palestina. Esta iniciativa arrancó en julio, cuando varios movimientos humanitarios, entre ellos el Movimiento Global hacia Gaza y la Flotilla Magreb Sumud, se unieron. El primer convoy partió el 30 de agosto desde Génova, el 31 de agosto desde Barcelona y luego embarcaciones adicionales zarparon de Túnez y Sicilia en los primeros días de septiembre. El corazón de la flotilla lo componen cientos de voluntarios anónimos que transportan medicinas, alimentos y materiales de ayuda.

El telón de fondo: Gaza asediada

El bloqueo de Gaza lo resume con crudeza Saif Abukeshek, uno de los organizadores de la flotilla: “la falta de agua, electricidad y comida, es intencionada”. Dicho bloqueo hace parte de la guerra israelí iniciada en octubre de 2023 –luego de la acción terrorista de Hamas- que ha dejado más de 63.000 muertos, en su mayoría menores y mujeres. Los informes de organismos internacionales describen un territorio en el umbral de la hambruna y con servicios básicos colapsados.

La travesía de la Flotilla Global Sumud no ha sido tranquila. A mediados de septiembre, frente a las costas de Túnez, varias embarcaciones reportaron ataques de drones que causaron daños materiales. Y en estos días, en aguas internacionales próximas a Grecia, al menos 15 drones volvieron a hostigar a la flotilla, generando explosiones, interferencias en las comunicaciones y averías graves, como la sufrida por la nave insignia Family Boat.

Los organizadores señalan directamente a Israel como responsable, aunque la agencia europea Frontex –cuya función es vigilar la seguridad de las fronteras exteriores del espacio Schengen- ha declarado no tener pruebas concluyentes. Más allá de las versiones, lo cierto es que las embarcaciones han tenido que interrumpir temporalmente su ruta en Creta, redistribuir a tripulantes y reorganizar la misión. La respuesta de los activistas ha sido tajante: “No nos intimidarán”. Cada intento de frenar la flotilla, aseguran, refuerza su compromiso de llegar a Gaza.

Europa entre la ambigüedad y la presión

El ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Saar, ha defendido el bloqueo como “legal” y ha calificado la flotilla de “provocación política”. Las Fuerzas de Defensa de Israel (Tzahal), han reiterado que están preparadas para interceptar las embarcaciones. Esta narrativa pretende enmarcar la misión como un desafío al derecho internacional, cuando en realidad el bloqueo ha sido cuestionado reiteradamente por organismos de la ONU, que lo consideran una forma de castigo colectivo contra la población civil, prohibido por la Convención de Ginebra.

La reacción de los gobiernos europeos revela las tensiones internas en torno a Gaza. Cincuenta y ocho eurodiputados han solicitado a Ursula Von der Leyen, Presidente de la Comisión Europea, una intervención urgente de Frontex para garantizar la seguridad de la flotilla. Francia ha condenado los ataques en alta mar y ha pedido respeto al derecho internacional marítimo. España ha prometido protección consular a sus ciudadanos a bordo y ha recordado su demanda de permitir la entrada de trabajadores humanitarios en Gaza.

En contraste, la primera ministra italiana Giorgia Meloni ha tildado la misión de “irresponsable y peligrosa”, mientras su cancillería ha propuesto desviar la ayuda hacia Chipre bajo supervisión del Patriarcado Católico de Jerusalén, para luego hacerla llegar a Gaza en acuerdo con Israel, idea rechazada por los activistas por considerarla una maniobra dilatoria.

La Unión Europea, en general, oscila entre declaraciones de condena a los ataques de Israel y una prudencia excesiva frente al gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien tiene orden de detención por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y lesa humanidad. Esa vacilación alimenta la percepción de que las instituciones europeas actúan más como observadores pasivos que como actores capaces de frenar la catástrofe humanitaria en Gaza.

La sociedad civil frente a la inacción institucional

Junto al reciente reconocimiento del Estado de Palestina por parte de varios países, la iniciativa de la sociedad civil es clave para entender el simbolismo de la Flotilla Global Sumud: centenares de ciudadanos arriesgan su seguridad para abrir un canal de ayuda directa al pueblo palestino.

Es poco probable que Israel permita que los barcos lleguen a Gaza. El historial de interceptaciones violentas –como la de la flotilla Mavi Marmara en 2010, donde murieron nueve activistas- muestra hasta qué punto el Estado hebreo está dispuesto a mantener el bloqueo. Sin embargo, la importancia de la Flotilla Global Sumud no solo radica en si logra físicamente entrar en Gaza, sino en su capacidad de mantener la cuestión palestina en el centro del debate internacional.

La travesía de la flotilla refleja también un dilema moral que interpela a la comunidad internacional: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a tolerar la impunidad de un bloqueo que produce hambre, enfermedad y muerte? Las palabras de Lazzarini recuerdan que la historia juzgará no solo a quienes cometen atrocidades, sino también a quienes, pudiendo actuar, se limitaron a mirar hacia otro lado.

La Flotilla Global Sumud, con sus barcos pequeños y su carga de esperanza, se convierte así en un espejo incómodo para las instituciones internacionales y afirma que la resistencia civil puede ser, en determinadas coyunturas, la última línea de defensa de la dignidad humana.