Francisco Trujillo ha partido

Bogotá, 14 agosto 2014 – Bogotá, 09 diciembre 2020
Se ha escrito el presente texto a partir de documentos del archivo personal de Francisco Trujillo, de entrevistas que le fueron realizadas y de aportes de su esposa, Tila Uribe, y sus hijos Mauricio, Esperanza, Pilar y Francisco.

Por: Pilar Trujillo Uribe

INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Francisco José Trujillo Trujillo nació el 14 de agosto de 1924 en Bogotá, Colombia. Fue hijo de Matilde Trujillo Buendía, se casó con María Tila Uribe Jiménez en 1949, y tuvieron cuatro hijos, Mauricio, Esperanza, Pilar y Francisco Trujillo Uribe.

La madre, una dulce señora proveniente de un hogar rural acomodado del municipio de Gigante, Huila, contaba con la fortuna de haber estudiado durante 4 años en una escuela para señoritas de la época, lo que le dio la oportunidad de ser maestra rural. Pero la mayoría de su familia la rechazó por el pecado de haber tenido un “hijo natural”: Francisco nunca conoció ni quiso conocer a su padre y de hecho sus apellidos corresponden al primer apellido de su madre.

Matilde llegó a Bogotá para el nacimiento de Francisco y vivió por años en enormes y azarosas casas de inquilinato, habitadas por gentes humildes: campesinos llegados de provincia probando sustento, trabajadoras domésticas, prostitutas, ladronzuelos, obreros y estudiantes. Obtenía ingresos haciendo costuras caseras para ese pauperizado y en su mayoría analfabeta público, en el que tenía un sitio de respeto y cariño de la gente.  El niño creció ayudando a su madre, llevaba las costuras a los clientes, calentaba la plancha de carbón y hacía las compras diarias. Entre los 8 y los 10 años se empleó por temporadas en un taller de carpintería, en un almacén entregando mercados a domicilio y en “… el más bonito de todos, una fábrica de pólvora ayudando a hacer y empacar triquitraques, totes, buscaniguas, luces de bengala, mechas y voladores”, recuerda Francisco.

Matilde enseñó al niño a leer y escribir y le transmitió sus conocimientos de ávida lectora: lo ponía a leerle poemas y pasajes a su alcance y en 1935 se fue de maestra a las veredas de Cunday y Villarrica, Tolima, para que Francisco, ya de casi 11 años, pudiese estudiar interno en el Oratorio Festivo de San Juan Bosco, pues su sueño era que su hijo llegara algún día a ser sacerdote.

Esa institución educativa era regida por sacerdotes extranjeros que castigaban con reglazos, golpes y expulsión la más mínima rebeldía de los alumnos y celebraban jubilosos los avances de Franco y Mussolini, con la clara desaprobación de algunos profesores laicos y sacerdotes colombianos que allí laboraban. En la vecindad del colegio estaba ubicada la Fábrica Bavaria, en donde estalló la famosa huelga de 1936. Francisco recuerda: “Los trabajadores se tomaron las instalaciones y se atrincheraron en ella. Muchos muchachos nos aliamos con los huelguistas: tomábamos las mogollas y la panela de nuestra comida y sacábamos de la huerta zanahorias y remolachas, que poníamos en las canastas que ellos descolgaban desde las torres. Los obreros nos saludaban y para nosotros aquello fue inolvidable. Años más tarde me enteré que Teótimo Nieto (esposo de una prima de mi madre) había sido uno de los líderes de aquella huelga”. Así, haciendo sus primeros pinitos de líder, se estrenó Francisco en la rebeldía y la solidaridad.

Tres años más tarde ingresaría al Colegio Salesiano de Mosquera, de donde pasaría al preparatorio sacerdotal para llegar finalmente al Seminario. Este paso constituyó para el niño la certeza de que llegaría a ser sacerdote porque el estatus era de “aspirantado” y los chicos usaban sotana. En aquel ambiente de recogimiento, conversaciones bajas, y trabajo en las labores agrícolas, Francisco fue extraído del anonimato cuando los sacerdotes descubrieron sus dotes de lector: leía en voz alta en el comedor y en el dormitorio, en el catecismo y en clase. Sus inclinaciones a discutir de política, precedidas por algún conocimiento de sus escarceos en San Juan Bosco, llamaron la atención de algunos sacerdotes que lo acogieron con cierto respeto y confianza, mientras otros lo sintieron como peligroso para el colegio. Aquellos años de enseñanza fueron suficientes para desarrollar lo que sería su gran pasión por la lectura, el conocimiento y su férrea disciplina autodidacta.

JUVENTUD E INGRESO A LA MILITANCIA POLÍTICA

Un tío político de Francisco, Fabriciano Díaz, quien jugaba desde hacía algún tiempo un cierto rol paterno, fue el encargado de que colgara los hábitos sin haberse recibido como sacerdote. Francisco recuerda: “Se presentó en el colegio para aconsejarme: que yo era hijo único y ante la pobreza y sacrificio de mi madre pasando penalidades en el campo, era preciso que aprendiera un oficio, que me convirtiera en técnico”. Fabriciano era un líder sindical liberal integrante de la Confederación de Trabajadores de Colombia, CTC, que tuvo sobre el joven Francisco enorme influencia.

Matilde recibió la noticia del retiro de Francisco con dolor y estoicismo, pues veía a su hijo con sotana y sustento asegurados. Él relata: “Guiado por el tío Fabriciano trabajé 9 meses en un taller de mecánica perteneciente a un señor judío rico, mecenas y organizador de actos musicales en el Teatro Colón y a la vez protector de correligionarios antinazis venidos de Europa. Tres de ellos fueron mis primeros maestros en el trabajo y en la explicación de las penurias de los refugiados políticos”.

Francisco y su madre habían regresado a casas de inquilinato en Bogotá y pronto se hizo amigo de dos inquietos obreros. Uno de ellos, en particular, que se declaraba “ateo y darwinista”, lo invitó a las primeras reuniones y fiestas sabatinas del Partido Comunista y allí entabló pronta relación con viejos españoles refugiados de la Guerra Civil. Esta intensa vida social y laboral empezó a tornarse en vida política y los temas obligados de conversación, aprendizaje y asombro para Francisco fueron el fascismo, la guerra y la paz, el comunismo.

Él mismo era ya un obrero en la Fábrica Nacional de Chocolates: su jefe de turno lo alimentaba con periódicos y boletines, y fue quien organizó el primer efímero sindicato de la empresa en 1941, “del que fui nombrado Secretario Auxiliar, por la simple razón de ser uno de los pocos que sabían leer fluidamente y se atrevía a garrapatear líneas”. Simultáneamente frecuentaba las oficinas de la CTC para visitar a Fabriciano, conocer a sus amigos y disfrutar de sus historias.

Fue la invasión nazi a la URSS la que decidió su inclinación política; amplió su círculo de amigos, militantes entusiastas, con quienes seguía la guerra paso a paso. La ruptura del cerco de Stalingrado fue motivo de gran celebración en 1943. Ávido por aprender, cuenta: “Me volví lector incansable de la literatura marxista de la que entonces se disponía, reducida a unas cuantas revistas, folletos de Lenin y Stalin, boletines y periódicos viejos que venían de México, La Habana y Chile y el Manifiesto Comunista se volvió mi libro de cabecera. Leía además economía, cuestiones filosóficas y sociológicas que no entendía muy bien y cuanto libro caía en mis manos, en indigesto atracón”.

En 1943 abandonó la fábrica para trabajar en una editorial y dos años más tarde se hizo funcionario permanente del Partido Socialista Democrático, PSD (en 1944 el PCC cambió de nombre por el de PSD): se sentía plenamente seguro de que la construcción socialista y democrática, y de que la lucha política y revolucionaria por un cambio del país, sería en adelante la razón de su vida.

LOS CONVULSIONADOS AÑOS 40

“El virus del militantismo político me había invadido temprana y rápidamente -escribió Francisco-. Se me convirtió en una necesidad cuasi-religiosa -¡cuánto pesaba el pasado en el seminario!-: organizar actos, mítines, manifestaciones, asambleas del partido, sindicatos, fuerzas políticas; leer cuanto periódico, hoja y libro se relacionaba con el tema; visitar barrios y fábricas, apoyar con tareas en los locales sindicales, llevar boletines y periódicos a los camaradas artesanos, promover rifas, organizar círculos de estudio. ¡Y para todo ello necesitaba tiempo!”.

El PSD crecía cuantitativamente en el país, tenía senadores, representantes, diputados y concejales, y habiendo tenido “activa participación en la reelección de López Pumarejo en el 42[1], había hecho causa común con éste “en el escenario antifascista, con abierta simpatía por las potencias aliadas y “los cuatro grandes”: Stalin, De Gaulle, Roosevelt y Churchill”, narra Francisco. Los parlamentarios comunistas exigían la declaratoria de guerra al fascismo y defendían en el Congreso al Presidente ante la amenaza de fortalecimiento del Partido Conservador, a pesar del desprestigio causado por los turbios y millonarios negocios que enriquecieron a su hijo, Alfonso López Michelsen, como el de la Trilladora del Tolima y el Negociado Handel en la Cervecería Bavaria[2], de la cual era fuerte accionista la familia presidencial, oscuros sucesos que contribuirían a su renuncia en 1945.

En ese año el triunfo de las fuerzas aliadas y fin de la Segunda Guerra Mundial fue celebrado ampliamente en las calles bogotanas. Francisco recuerda a sus amigos republicanos españoles felices por el desenlace global, pero dolidos por el futuro de su país: “¡En esta hora de victoria, acordaos de España!”, decían.

Por aquel entonces Francisco desarrolló otro rasgo que le acompañaría toda su vida: la construcción de iniciativas visionarias, siempre al lado de gentes comprometidas. Dentro de estos proyectos estuvo “Colombia Necesita” un programa radial y periodístico “al servicio del pueblo y de la democracia”. También en 1945 participó en la Universidad Obrera, orientada por Diego Montaña Cuéllar y Renato Arango y apoyada efímeramente por los Concejos Municipales de Bogotá, Barranca y Barranquilla: dentro de los profesores que allí aportaban Francisco destaca a una mujer, Paulina Ceballos, estudiante de medicina “quien por su propia decisión enseñaba educación sexual a los alumnos con gran regocijo de la mayoría de éstos y con escándalo de algunos, pues el tema era por completo tabú. Por mi parte, creía dentro del más craso conservatismo que era absoluta pornografía”.

Y en Barranca, donde Francisco viajó para apoyar la huelga de los trabajadores del río Magdalena, fue testigo directo del golpe brutal propinado por el transitorio gobierno de Lleras Camargo a la Federación Nacional de Transporte Fluvial, FEDENAL, columna vertebral de la CTC, aliada poderosa de las demás federaciones sindicales que desarrollaba su acción en Barranquilla, Cartagena y a lo largo del río Magdalena, formando sindicatos y federaciones departamentales; en sus luchas se habían conquistado reivindicaciones para los trabajadores. Nadie esperaba la toma de las embarcaciones, la militarización del puerto, ni la captura de los dirigentes a lo largo del río. Refiere Francisco: “El pretexto de Lleras fue “No puede haber en Colombia dos gobiernos: uno en el Río Magdalena y otro en el Palacio de los Presidentes”; pero se trataba del reagrupamiento de la burguesía, finalizada ya la segunda guerra mundial, para golpear y desembarazarse del movimiento sindical, vigorizado desde 1936. Allí comenzó la violencia contra los trabajadores que en los años siguientes haría carrera, siendo parte de la pavorosa “Violencia” de aquella época”.

Para Matilde la lucha partidaria de su hijo era un viacrucis: no comprendía cómo había abandonado sus estudios en el seminario y luego su trabajo –y a ella- para vivir en medio de privaciones, y de alguna manera se alegró cuando Francisco se vio obligado a entrar en el cuartel: al menos tendría alimento, vestuario y un sueldo que, aunque mínimo, era mejor que nada.

Lo que no podía sospechar era que su hijo haría del cuartel otro frente de militancia política. “¿Por qué no actuar dentro del ejército en la misma forma que lo hacíamos en los sindicatos, las universidades, los sectores indígenas y campesinos? ¿No eran gentes del pueblo, particularmente campesinos, los reclutados como soldados?”.  Y con esta reflexión Francisco vivió una vida militar en la que desarrolló gran liderazgo y capacidad organizadora; fue conocido y castigado por repartir boletines y folletos, y por organizar círculos de estudio.

Redactó un Proyecto de Ley contemplando “… aumento de sueldos para soldados y suboficiales –los soldados ganábamos 4 pesos mensuales-, dotación gratuita de betún, pomada brilladora, jabones, cremas dentales y demás implementos de aseo personal, pasajes libres en buses y entrada libre a espectáculos. Envié el proyecto a Augusto Durán, senador del Partido a quien había tratado con cierta asiduidad. Pero Julio César Turbay Ayala, congresista y vocero de oficio de los militares, incluyó amplios beneficios para la oficialidad y recortó drásticamente los de soldados y suboficiales. No obstante, se aprobaron aumentos para todos, los suboficiales quedaron con 30 pesos y nosotros los soldados con 15 pesos”, recuerda Francisco.

Este hecho fue divulgado en el cuartel y le evitó la expulsión del ejército por su negativa a obedecer las órdenes de represión de la huelga de la CTC, en 1947 en Villavicencio. Con la copa rebozada, un futuro Ministro de Rojas Pinilla y a la sazón Director de la Escuela Motorizada donde estaba Francisco, informó sobre “la infiltración moscovita a la que se pondría coto inmediatamente”, para lo cual confiscó las lecturas que reposaban debajo de las almohadas de muchos soldados. A cambio, se distribuyeron en adelante las revistas “Selecciones” del Reader Digest.

La salida de Francisco del cuartel se produjo una semana antes de la realización del IV Congreso del PSD, en Bucaramanga en 1947, por lo que no participó. Las agudas contradicciones internas de años atrás estallaron en dos grandes grupos que se identificaban con los nombres de sus líderes, “vieiristas” y “duranistas”[3], y el PSD se dividió: la mayoría quedó con Vieira y retomó su nombre original, Partido Comunista Colombiano; Francisco optó por el Partido Comunista Obrero -PCO, nombre que tomó el otro sector del partido, dadas su afinidad con Durán, sus desavenencias con los métodos de trabajo, el sectarismo y el dogmatismo, las posturas políticas contra Jorge Eliecer Gaitán, y porque prefería concentrarse en la realidad colombiana y latinoamericana “en donde lo esencial era superar el atraso económico”.

La división fue manejada políticamente de manera lamentable, allí donde el PCC tenía influencia se desató una guerra sin cuartel contra los miembros del PCO: “Fuimos enjuiciados como agentes pagos de la burguesía, luego agentes pagos del gobierno y más tarde del imperialismo”. Decenas de personas en el país recibieron similar tratamiento por parte del PCC.

En el PCO Francisco fue gerente y jefe de redacción del periódico Clase Obrera. El trabajo político continuó en sindicatos, organizaciones campesinas y centros fabriles. Francisco cuenta: “En Bogotá, varios sindicatos nos facilitaron oficinas y modestos recursos para nuestro trabajo diario. Participando en estas labores conocería a mi compañera de siempre, María Tila Uribe Jiménez. Varios de sus hermanos habían militado por años en el Partido Comunista y la madre, Enriqueta Jiménez, tenía vínculos con el PCO”. Además el padre de Tila, Tomás Uribe Márquez, cofundador y Secretario General del Partido Socialista Revolucionario en la década del Veinte, y su madre, Enriqueta Jiménez Gaitán, eran todavía citados como referentes en los círculos de izquierda.

Francisco indica lo inevitable: “Retrocedíamos en conjunto, los dos partidos, abandonados por muchos camaradas asqueados por las luchas internas y las ambiciones personales a las que se atribuía la división. En ambos lados otros muchos prefirieron regresar cuando llegara la reunificación. Esta tremenda orfandad se comprobó dramáticamente el nueve de abril de 1948, cuando fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán”.

En sus memorias de aquellos años, “Recuerdos del 9 de abril”, Francisco relata lo vivido, sucesos en los que participó en la toma de la Radio Nacional en Bogotá. Con un tono que parecería revivir el dolor de cada minuto y que las generaciones posteriores escuchamos a sobrevivientes de aquellas trágicas jornadas, afirmaba que el bogotazo partió en dos el Siglo XX; dedica páginas enteras al análisis de la situación y el papel jugado por el gobierno y los partidos tradicionales, el PPC y el PCO, el ejército y la policía, y la iglesia. Destaca en todo ello la desazonada desorientación del pueblo colombiano, la convulsión en la ciudad y en el país, y especialmente la profundización posterior de aquella “Violencia”. En el año 49 se llevó a cabo el Congreso Unitario en el que triunfó la línea mayoritaria: Durán y otros dirigentes quedaron por fuera y “…poco a poco fuimos expulsados la mayoría de quienes habíamos pertenecido al PCO”.

LA INCURSIÓN EN EL MUNDO DEL TRABAJO

Francisco estaba ahora casado con Tila, con quien empezaba una vida de lucha por el sustento diario y de convicciones compartidas. En aquellos años 50 nacieron los cuatro hijos y murió Matilde. Se hizo fotógrafo y Tila retocaba las fotos en un improvisado taller en la casa, además de dedicarse a la crianza de los hijos. Siguiendo sus pasiones, Francisco se dedicó a estudiar y desentrañar cuanto podía sobre la técnica y el arte de la fotografía y a “organizar organizaciones”: promovió y participó en la conformación de la Asociación Nacional de Fotógrafos –de la que fue su primer fiscal- y de la Cooperativa Nacional de Fotógrafos.

Bajo el Estado de Sitio se desató la conocida y brutal persecución contra el partido liberal, cuya respuesta fue la creación de las guerrillas liberales, en una suerte de guerra civil. Destinatarios menos visibles de la represión fueron el movimiento sindical, el campesino y las fuerzas políticas de izquierda. Las asambleas de la Asociación se hacían con permiso y bajo vigilancia policial. Los cuerpos secretos vigilaban el modesto taller fotográfico, que fue allanado y destruido dos veces. Por esa misma época montaron también un taller de tamigrafía para imprimir afiches.

En 1953 un excompañero de la Escuela de Transmisiones, entonces Comandante de la Estación Central de Bomberos de Bogotá, solicitó a Francisco sacar la revista “Alarma” del Cuerpo de Bomberos. ¡Cómo imaginar que aquello cambiaría su vida! Se estrenó entonces como editor, y más allá de eso “…me adentré en un mundo completamente nuevo. Para responder con responsabilidad a la revista, me dediqué a estudiar todo lo relacionado con incendios e inundaciones. Conseguí revistas, artículos, libros, acudí a expertos de compañías de seguros. Al estudiar lo relacionado con la protección de las plantas industriales frente a esos riesgos, asocié estos programas a otros necesarios, como la protección de los trabajadores, las campañas de prevención de accidentes y las enfermedades provenientes del trabajo. Recordé entonces cómo en mis primeros años de actividad sindical con frecuencia se presentaban quejas de los trabajadores por enfermedades y lesiones profesionales, mutilaciones y pérdidas de órganos vitales, ambientes ruidosos y desorganizados de empresas y talleres. Y sobre todo, recordé cómo la FEDENAL había creado RIOCAJA en 1943, precisamente para compensar a sus afiliados en casos de accidentes y enfermedades”.

En 1955 fundó la revista “Protección y Seguridad”, buscando apoyo de ingenieros y químicos industriales, médicos del trabajo, abogados laboralistas, arquitectos, técnicos, con quienes constituyó el Comité Nacional de Prevención de Accidentes, CONALPRA, al que también se unieron fabricantes y vendedores de equipos técnicos y especializados. En el año 56, recién llegada la televisión al país –durante el gobierno de Rojas Pinilla- Francisco fundó un programa que se transmitía cada día por 5 minutos, llamado “Prevenir es vivir”, convirtiéndose en referente del tema para el país entero. Ya se desarrollaban en Colombia algunas labores preventivas empresariales y siempre encontró Francisco gentes genuinamente interesadas que se sumaron al Comité.

Francisco fue el primer Presidente de CONALPRA y Tila la primera secretaria, sin remuneración. En el taller de tamigrafía hicieron folletos, carteles y materiales educativos para la labor preventiva y seguridad en el trabajo, lo que les dio una fuente de ingresos. En 1989 Francisco recordaría: “Los siguientes 35 años de mi vida de trabajo, estuvieron ligados total o parcialmente al estudio y conocimiento directo, tanto en Colombia como en el exterior, de cuestiones relacionadas con el complejo y rico campo de la Seguridad, Higiene y Medicina del Trabajo, de los sistemas de producción y organización de las empresas y más específicamente de la Economía Política del Trabajo. Durante años abandoné el activismo político para sumergirme en este apasionante mundo. Fue la Revolución Cubana la que me hizo retornar a él”.

Francisco pasó de relacionarse con trabajadores y gentes sencillas a hacerlo con profesionales, técnicos y pequeños industriales; vinculó antiguos dirigentes de la FEDENAL y compañeros del movimiento sindical o político. Inició una lucha que nunca ganó en el Comité: la participación directa de los sindicatos allí y en los programas preventivos dentro de las fábricas. Después, en 1956 “… los pliegos de peticiones de los trabajadores comenzaron a incluir estudios de las condiciones de trabajo, modificación de condiciones internas, equipos de protección personal, alimentación especial para ciertos oficios y primas por ruidos, calor, trabajo en calderas, en alturas o socavones.

Ganó Francisco una enorme cualificación en este trabajo pionero, gracias a su estudio y a las visitas a fábricas, laboratorios, centros mineros, ferrocarriles, bodegas, ingenios azucareros, en donde se relacionaba con las gerencias y los sindicatos. El Comité se había convertido en el “Consejo Colombiano de Seguridad Industrial” y Francisco fue su primer Director Ejecutivo, siendo parte también de su Junta Directiva. Las Sociedades de Medicina del Trabajo en Colombia y Argentina, así como instituciones extranjeras de Ingeniería Industrial, lo adscribieron como “Miembro Honorífico”. Viajó a varios países del continente y en 1959 organizó en Bogotá el Primer Congreso Latinoamericano de Higiene y Seguridad Industrial, creando la Asociación Americana de Seguridad Social, en cuya representación viajó a varios países de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos.

Entre más conocía la situación empresarial del país, más insistía en la responsabilidad patronal en la falta de aplicación de medidas de prevención y protección y en el desprecio por la vida. “En Colombia se amasan fortunas con sangre humana”, señalaba en las reuniones del Consejo, de donde poco a poco le fueron retirando el respaldo. Renunció a la Dirección Ejecutiva y luego a su Junta Directiva, dejando constancia escrita de que el Consejo se había transformado en un apéndice de las empresas industriales y de los vendedores de equipos. Este acto le valió ser borrado de la historia oficial de ese organismo.

LA REVOLUCIÓN CUBANA

Francisco había conocido en México al Comandante Bayo, famoso militar republicano español que a la sazón entrenaba a los revolucionarios cubanos encabezados por Fidel Castro en aquel país; igual había acontecido en Washington con Antonio Suárez, cubano, traductor en el Consejo Inter-Americano de Seguridad Social, integrante del Movimiento 26 de Julio. Fueron ellos, Bayo y Suarez, quienes le mostraron los avances, posturas políticas y aspiraciones de la Revolución Cubana; ellos lo apoyaron en sus posteriores viajes a la isla. En el Primer Congreso de Unidad Latinoamericana -México, 1960- convocado por Lázaro Cárdenas, Francisco fue nombrado vicepresidente y recibió invitación del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos para visitar la isla.

A su regreso a Colombia, junto a otras muchas personas de diversas vertientes, fundaron el FUAR, Frente Unido de Acción Revolucionaria, que de inmediato fue calificado de procastrista. Era la época del Frente Nacional entre conservadores y liberales que marcaba el fin del período de la violencia bipartidista pero abría el de la exclusión política e institucional a quienes no se inscribieran en alguna de esas dos colectividades. Simultáneamente, Francisco aceptó la invitación de un grupo de médicos para gerenciar una semi-cooperativa creada por la Federación Médica Colombiana, llamada Seguros Médicos Voluntarios. Era un organismo de servicio social sin ánimo de lucro que prefiguró lo que décadas después sería la medicina pre-pagada.

En el FUAR hizo parte de la Comisión Política y fue cofundador del periódico Unidad Popular. Allí convergieron gaitanistas liderados por Gloria Gaitán y Luis Emiro Valencia;  integrantes del Bloque Sindical Independiente en Cali, orientados por Marina Goenaga y Andrés Almarales; pequeños grupos socialistas de Cali, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla; antiguos comunistas; médicos agrupados en “Bisturí”, liderados por Julio César Cortés y Hermías Ruiz; sindicatos; organizaciones campesinas; agrupaciones tabacaleras; estudiantes, profesionales e intelectuales. El FUAR declaró la defensa de la Revolución Cubana, la abstención electoral y la organización del pueblo por la base.

En 1963 viajó a Polonia a la Primera Reunión Mundial de Prevención de Riesgos Profesionales de la AISS (Asociación Internacional de Seguridad Social).  El gobierno cubano no tenía membresía en este organismo y pidió a Francisco representarlo. La participación en Varsovia fue seguida de invitaciones a Checoslovaquia, República Democrática Alemana, Hungría y la URSS, visitando centrales sindicales, federaciones, fábricas e instalaciones agroindustriales de muchas ciudades.  Aprendió y aportó mucho, tanto en lo profesional como en lo político, aunque su paso por la RDA le dejó el amargo sabor del impacto del Muro de Berlín en sus habitantes. A su regreso a la Habana presentó el informe completo de su viaje al Che Guevara, Ministro de Industrias, con quien compartió jornadas de análisis de la política latinoamericana y colombiana. De regreso a Bogotá, realizó en la televisión el programa semanal “Accidentes en el Hogar” que tuvo gran audiencia nacional.

CAMILO Y EL FRENTE UNIDO DEL PUEBLO

Los compañeros integrantes de la FUN (Federación Universitaria Nacional) decidieron, de común acuerdo con el sacerdote Camilo Torres, revivir un organismo que éste había fundado años atrás, el Movimiento Universitario Pro-Desarrollo de la Comunidad, MUNIPROC. Las primeras labores fueron los seminarios sobre Desarrollo de la Comunidad y Formación de Líderes: Francisco fue uno de los instructores al lado de Camilo en la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, las Universidades del Valle, de Antioquia, en barrios y sindicatos, en organizaciones campesinas, en ciudades y pueblos.

En Camilo rondaba la idea de conformar una especie de “Frente Nacional Popular” en que se comprometieran “la inteligencia, las organizaciones gremiales y los movimientos revolucionarios”, así como los sacerdotes y en general los cristianos movidos por un auténtico amor al pueblo. Apenas un poco antes de ingresar a la guerrilla del ELN, Camilo todavía creía genuinamente que podría encontrar aliados en este empeño en las filas de la burguesía, en el ejército nacional o en la jerarquía eclesiástica. Llegaba a todas las fuerzas políticas con su propuesta unitaria, sin atizar diferencias ni parcializarse. “Tenemos que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan”, dijo en su Conferencia del 22 de mayo de 1964 en la Universidad Nacional. Elaboró un programa con el ánimo de que se convirtiera en herramienta de estudio y trabajo, que incluía el análisis de los puntos de mayor interés y las soluciones que él creía aconsejables y alcanzables para una inmensa mayoría nacional, que fue conocido como la “Plataforma del Padre Camilo”, que Francisco contribuyó a difundir.

Dice Francisco: “Camilo encarnaba el tipo de líder que el pueblo colombiano había buscado… y aunque él era consciente de las tendencias caudillistas del pueblo colombiano, creyó que serían superables en la medida en que hubiese organización por la base. Camilo aparecía como un hombre aislado de los centros de poder, limpio, capaz, preparado, conocedor de la realidad colombiana y además, aspecto de gran importancia en el país, sacerdote católico del pueblo”.

Camilo había tomado partido por la “abstención beligerante”, convocando a la conformación del Frente Unido del Pueblo. Francisco hizo parte desde la primera hora de su Comité Coordinador y acompañaba a Camilo en sus giras. Había establecido con él un sincero compañerismo y amistad, contribuía con la elaboración de documentos y especialmente del Periódico Frente Unido. Fue Camilo radicalizando su lenguaje en la medida en que la jerarquía católica le fue quitando respaldo, hasta cuando lo aisló del sacerdocio, hecho que aprovechó el gobierno para reprimir brutalmente sus giras en Viotá y Girardot. En esos finales de 1965 empezaba seriamente a temerse por su vida, cuando ya Camilo había tomado la decisión de vincularse al ELN; en el último encuentro de Francisco con él, al lado de Jaime Arenas, Julio César Cortés y Enrique Valencia, realizaron un largo análisis de la situación, hicieron propuestas y recibieron tareas de Camilo. A Francisco le pidió que pusiera en marcha “Soluciones Colombianas”, proyecto de estudio y producción documental de iniciativas políticas, tarea que Francisco realizó entre 1966 y 1969, cuando ya Camilo había muerto.

LA CÁRCEL. VIAJE A EUROPA

A comienzos de los años 70 Francisco fundó el “Instituto de Capacitación y Asesoría Técnica, ICAT” en el que se impartía formación en diversas temáticas tanto a profesionales como a integrantes del movimiento sindical, campesino y comunitario. Por años el ICAT fue escenario de encuentros y tertulias de análisis político sobre América Latina y Colombia, y en medio de este trabajo fue detenido por el Ejército, en marzo de 1976, junto con su esposa, Tila, y al año siguiente, en septiembre de 1977, en el Paro Cívico Nacional, su hijo mayor, Mauricio. Se les llevó ante la justicia penal militar acusados de ser miembros del ELN. Hay que recordar que en esa época muchos veían a los rebeldes como idealistas y ese movimiento guerrillero tenía cierta simpatía entre estudiantes y docentes, sindicatos, comunidades religiosas e intelectuales. Escribe Francisco: “Duré encarcelado 55 m. Este proceso estuvo precedido por un Consejo de Guerra Verbal al que fuimos llevados los tres junto con 18 personas más[4]. Como abogados defensores actuaron el Maestro Eduardo Umaña Luna y su hijo Eduardo Umaña Mendoza –éste asesinado años después-, como antes lo había sido otro de nuestros defensores, Alberto Álava Montenegro; Ciro Quiroz, Eduardo Carreño y Miguel Sornoza Falla, entre otros, completaron el calificado equipo de defensores”.

Fue en esta dura etapa de la vida que Francisco escribió su “Diccionario Socio-Político Elemental”, apoyándose en libros llevados por muchas gentes, cuya inmensa solidaridad se manifestó siempre. Sin embargo, vivió gran dolor por sus hijas Esperanza y Pilar, por Francisco el menor, y por sus cuñados Sofía, Juan Francisco, Carlos, Miguel, Alfredo, y toda la familia de Tila, cuya presencia y apoyo nunca faltó: “Fueron los familiares las víctimas principales: desde la solicitud semanal de la boleta de visita y luego el trato denigrante y despótico de los guardianes; acentuado esto cuando la detención se desarrolló en El Barne, en Boyacá, cárcel que contaba con escasa agua y unas instalaciones lamentables”. Allí estuvo con Mauricio y Tila, ella en la sección de mujeres. No se perdía el tiempo: los presos políticos, que llenaban las cárceles del país, eran tratados con respeto por parte de los presos y de algunos guardianes: “… en general, tuvimos buena convivencia con los otros presos políticos y con presos comunes; hacíamos tertulias, deporte y constituimos círculos de estudio”.

Una vez puesto en libertad, a finales de los 80, cuando su proceso pasó a la justicia ordinaria, viajó al Ecuador y allí consiguió, a través de Amnistía Internacional, la “reunificación familiar” con Tila, quien había recobrado su libertad un año antes y se hallaba ya en París asistida por Amnistía Internacional. Realizaron una gira de denuncia en toda Europa, invitados por organizaciones amigas afligidas por la situación que se vivía en Colombia, los métodos de tortura y lo que significó el Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala. La compañía y apoyo de Mario Calderón –exsacerdote jesuita asesinado años después en Bogotá- fue un aliciente para la pareja, y gracias a él se obtuvo financiación para escribir un libro con sus memorias. Luego viajaron a Managua.

OTRA VEZ EN LA BREGA

Llegó Francisco a Nicaragua a mediados de 1982, época de la Revolución Popular Sandinista, y desde allí participó en las reflexiones y debates de los internacionalistas latinoamericanos y en las actividades políticas a las que era invitado por el FSLN. La tensión de la guerra se sentía por doquier y el bloqueo económico se manifestaba en la escasez de alimentos y el desabastecimiento de tiendas y mercados, pero nada frenaba su entusiasmo por las tareas de la revolución, apoyando iniciativas del Centro Ecuménico Antonio Valdivieso, donde conocían su cercanía con Camilo Torres.

Se vinculó al Ministerio del Trabajo, dirigido por el comandante Tomás Borge: lo invitaron a trabajar en el campo de la seguridad industrial, la prevención de riesgos y protección de los trabajadores. Fue enviado por el Ministerio a Europa, a realizar gestiones oficiales y a México, donde gestionó la solidaridad de las Editoriales Siglo XXI, Era y el Fondo de Cultura Económica, regresando a Managua cargado de libros que nutrieron las bibliotecas de algunos Ministerios. Además dedicó su tiempo a escribir sus memorias con Tila, quien había viajado a Nicaragua invitada por el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, las cuales plasmaron posteriormente en el libro “Desde Adentro”.

Regresó con Tila a Colombia en 1985 y fundaron, junto con su hija Pilar, el Centro de Estudios e Investigaciones del Trabajo, CESTRA, cuya dirección asumió. Institución a la que también se unió su hija Esperanza, desarrollando una investigación con los indígenas y un trabajo en alfabetización, entre otras actividades. Su hijo Francisco colaboró igualmente con Cestra en el plano artístico.

Desde allí participó en importantes jornadas de educación de organizaciones sindicales de Bogotá y el país y formó parte de la fundación de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, en 1986, de la cual fue Presidente Honorario, y fue invitado a integrar su Tribunal de Garantías, además de contribuir a la creación del Departamento de Salud de los Trabajadores, en donde formó varias promociones; desde allí también cofundó otra organización: el Centro Nacional Salud y Trabajo, CENSAT.

Viajó a Francia con Tila gracias a una beca otorgada por la Fundación Norte-Sur y financiada por el Comité Católico contra el Hambre y por el Desarrollo, CCFD.  Y Tila por invitación de la Fundación Mitterand, que dirigía Madame Mitterrand, esposa del presidente de Francia en esos años. Allí se reunieron con sus hijos: Mauricio había llegado a París en diciembre de 1985, el gobierno francés le había otorgado refugio político. Había recobrado su libertad a comienzos de 1983 mediante la ley de amnistía de Belisario Betancur y pocos meses después, a mediados del mismo año, fue electo Diputado de la Asamblea de Cundinamarca para el período 1984-1988. Fue el primer beneficiario de la ley de amnistía en haber sido electo a una corporación pública por voto popular. A finales de 1985, estando en pleno ejercicio de diputado, tuvo que salir del país por amenazas a su vida. En Francia, Mauricio se vincularía al Centro Nacional de Investigación Científica. En París también estaba radicado su hijo menor, Francisco, pintor y artista plástico, había salido del país como miles de colombianos lo hicieron en la época del Estatuto de Seguridad del Presidente Turbay.

Francisco padre fue acogido por la Confederación Francesa Democrática de Trabajadores, CFDT, para intercambiar sobre el trabajo y la salud de los trabajadores colombianos y conocer lo nuevo de la organización productiva en la Europa del momento. En París se conmemoraron por ese tiempo los 200 años de “La Declaración de los Derechos del Hombre” y con tal motivo una editorial escogió 17 títulos de denuncia latinoamericanos, entre ellos “Desde Adentro”.  Viajaron los dos, Francisco y Tila, a Barcelona para adaptar los textos y el libro fue editado en francés con el título de “La Colombie derrière les barreaux”. Tiempo después Francisco viajó a Inglaterra, en donde estableció lazos con organizaciones que brindaron, por muchos años, apoyo solidario al trabajo realizado por CESTRA.

Vino el regreso definitivo a Bogotá en 1991 donde continuó trabajando en CESTRA, vinculado a la Central Unitaria de Trabajadores y a otros movimientos sociales. Fue ésta la etapa en que junto a Tila comenzaron el trabajo relacionado con los derechos de las Personas Mayores, desarrollando proyectos sociales y publicando numerosos artículos, folletos y cartillas en este campo.

Francisco ha escrito diversas biografías, publicadas para divulgación popular, entre ellas “Francisco Miranda, Precursor de nuestra independencia”, “Simón Bolívar, El Libertador”, “General José María Córdoba”, “Artesanos e ideas socialistas, el General Melo”, “Rafael Urdaneta, el General ambicioso”, “Galán el comunero, Camilo el guerrillero”, “Vida de Carlos Marx”, “Socialistas y Anarquistas en Colombia”, “Sandino, General de hombres libres”, “A propósito del Ché Guevara”, “Camilo y el Frente Unido”, “El maestro Eduardo Umaña Luna”. Igualmente, ha escrito ensayos tales como “Escuelas filosóficas, filósofos, pensadores”, “Problemática de América Latina y Economía Solidaria”, “El desplazamiento en Colombia”, “Neoliberalismo y la Apertura”, “Otra América es posible”, “Qué significa ser socialista en el siglo XX”, “Momentos en la vida de América Latina”, “La dura ruta del trabajo”, entre otros. Su última publicación se titula “Versos y Utopías”[5], una recopilación de notas y referencias sobre 130 poetas y poetisas de origen latinoamericano y español.

Francisco va llegando a los 94 años de vida sin dolores físicos, aún lee, juega ajedrez y está pendiente de las noticias, recibe los cuidados diarios, especialmente de Tila, su esposa, y su vida transcurre en medio de una vejez digna y del cariño de hijos, familiares y amigos.

Pilar Trujillo Uribe
Bogotá, abril de 2018

[1] Era éste el segundo período de López Pumarejo. En el primero había impulsado la llamada “Revolución en Marcha”, con reformas importantes que contrastaban con las políticas retardatarias y represivas de la Hegemonía Conservadora.

[2] Confiscación por parte del Estado de bienes pertenecientes a alemanes nazis, en cuya venta a particulares se benefició el llamado “Hijo del Ejecutivo”.

[3] Unos respondiendo al liderazgo de Gilberto Vieira, de la llamada línea oficial pro-soviética, y otros a Augusto Durán, defensor de las tesis de Earl Browder, intelectual norteamericano, defensor de la “coexistencia pacífica”, lo que fue interpretado como la supresión de la lucha de clases.

Se agregan los siguientes enlaces a esta biografía (12 diciembre 2020):

[4] Una Historia Para La Paz. Entrevista a Mauricio Trujillo Uribe, Comisión de la Verdad.

[5]  https://agoradeldomingo.com/2017/03/01/versos-y-utopias-antologia-de-130-poetas-y-poetisas-de-francisco-trujillo

 

Artículo tomado del Revista Sur, 17 diciembre de 2020 , Bogotá Colombia: https://www.sur.org.co/francisco-jose-trujillo