El Exilio

El exilio político siempre ha estado presente en la sorprendente eternidad de la violencia en Colombia, desde la independencia hasta nuestros días. Sin embargo, en las últimas dos décadas cerca de medio millón de colombianos ha salido del país en busca de refugio. Para quienes viven o hemos vivido el exilio, es un hecho muy importante y un bálsamo para el espíritu, ver que en el Encuentro El Retorno de Nuestras Voces, convocado por la Comisión de la Verdad el pasado 13 de noviembre, se hizo un reconocimiento público y oficial de los exiliados, mujeres y hombres, niños y niñas, como población víctima del conflicto interno armado y del Exilio como componente de la verdad de dicho conflicto.

Por Mauricio Trujillo Uribe (1)

El viernes pasado, 13 de noviembre de 2020, asistí con mi madre, Tila Uribe, al encuentro «El Retorno de Nuestras Voces: reconocimiento al exilio, las víctimas en el exterior y la población retornada», convocado por la Comisión de la Verdad (2).

Se realizó en el antiguo Coliseo El Campin, ahora Movistar Arena. Por y con las debidas medidas de bioseguridad, asistimos sólo veinte invitados en nuestra condición de antiguos exilados retornados al país. Nos recibió el padre Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, el comisionado Saúl Franco que acompañó el evento, y el equipo de colaboradores de la Comisión, que se encargó de que el acto saliera impecable, como en efecto lo fue. También vino el embajador de Alemania, país que respalda decididamente el proceso de paz.

Lo más importante, sin duda, fue la presencia de decenas de exilados, de manera virtual, conectados simultáneamente y proyectados sobre las pantallas del escenario donde estábamos reunidos, muchos en familia, de 23 países de América y Europa, acompañados por el comisionado Carlos Beristain, quien desde el país Vasco, España, coordinó el encuentro en el exterior.

Más de mil testimonios de exilados colombianos fueron previamente recogidos por voluntarios que conformaron nodos de la Comisión de la Verdad en el exterior, con la asesoría del comisionado español. En los 25 años que viví en Francia, los primeros 5 como exiliado, conocí algunas iniciativas para recoger la memoria de refugiados políticos, pero nunca antes como ahora se había logrado alcanzar tal cobertura, tal participación y tal resultado. Esta meritoria labor de escucha ha permitido recabar un acervo fundamental para que El Exilio ocupe el lugar que le corresponde en el informe final que la Comisión debe presentar en septiembre del año próximo.

Durante el encuentro, que duró medio día, se presentaron en vivo diez testimonios, muy diversos y representativos de la diáspora colombiana en condición de exilio. Entre ellos, en el momento en que tuvieron que irse del país, un dirigente sindical de Barranquilla, una diputada de Antioquia de la Unión Patriótica, un funcionario del Estado negociador de paz, un defensor de Derechos Humanos, una juez de la República, una fiscal afrodescendiente del Pacífico, un coronel retirado de la Policía, una campesina lideresa social, un asesor de consejos regionales indígenas y un poeta, fotógrafo y periodista que con versos contó cómo fue su salida de Colombia.

También habló una joven hija de exiliados nacida en el exilio, en Suiza, que me impactó porque me pareció ver a mis dos hijas reflejadas en su figura, condición y forma de hablar. Y por sus significativas palabras que han vivido chicos y chicas de la segunda generación: «Tuve que vivir con una enorme crisis de identidad durante mi infancia y adolescencia. En casa era salsa, vallenato y música folclórica colombiana; por otro lado, en la escuela la cultura era completamente diferente”.

El testimonio de la población exiliada que ha retornado al país estuvo a cargo de Tila Uribe, que a su avanzada edad se refirió con emoción a lo vivido en la época del Estatuto de Seguridad, años 78 a 82, bajo el gobierno de Turbay Ayala. «Quiero decir a los jóvenes que la verdad de lo ocurrido durante décadas de conflicto interno armado en Colombia, del que hace parte el exilio de miles de colombianas y colombianos, deja enseñanzas profundas, como la solidez de los principios por los que debemos regirnos en nuestra vida, el no albergar odios, el defender las ideas de manera democrática y ¡el propender por una Colombia en paz!», manifestó (3).

Según cifras del Registro Único de Víctimas y la Comisión de la Verdad (4), cerca de 550 mil colombianos se han exiliado en los últimos veinte años. Es decir, cerca del 10% de la diáspora colombiana en todo el mundo. Han salido del país por amenazas a su vida, muertes de familiares y colegas, despojo y desplazamiento, entre otras causas. Y según la misma fuente, los actores responsables de ese exilio son, entre otros, 33% los grupos paramilitares, 23% la fuerza pública, 19% la guerrilla, 8% otros agentes del Estado, 5% terceros civiles y 3% otros grupos armados.

El exilio no se desea, se asume por necesidad. No es un paseo. Trunca la vida construida, separa familias, frustra sueños y proyectos, deja atrás todo, casi siempre de manera urgente. El exilio es un salto a lo desconocido. Comienza entonces una nueva etapa de la vida, nada fácil para el recién llegado a otro país, a otra cultura, a otro universo, lejos de todo. Empezando por la incomunicación cuando no se habla la lengua del nuevo mundo. Y aparecen los momentos difíciles, resultado de tener la cabeza en el país de origen y los pies en el de acogida, de conocimientos subutilizados y empleo precario, de los mea culpa y los reproches familiares, del desarraigo y la añoranza.

Pero también hay que decir que con el paso del tiempo la población exiliada sale adelante y logra dar a sus hijos una vida digna en el país real, que también, de alguna manera, se va volviendo el suyo. Y es justo recordar que muchos países con tradición democrática protegen el derecho de asilo político, brindan ayudas a los demandantes y dan por cierto tiempo apoyos a los que han obtenido el estatuto de refugiado político. Eso es clave para el arranque, más si se llega con familia.

El exilio político siempre ha estado presente en la sorprendente eternidad de la violencia en Colombia. Desde la independencia hasta nuestros días. Sin embargo, hoy ese exilio ha pasado del goteo de las primeras décadas del conflicto a la salida de cientos de colombianos por año en busca de refugio. Para quienes viven o hemos vivido el exilio, es un hecho muy importante y un bálsamo para el espíritu, ver que a través de este acto, El Retorno de Nuestras Voces, se hace un reconocimiento público y oficial de los exiliados, mujeres y hombres, niños y niñas, como una población víctima del conflicto interno armado, al tiempo que se visibiliza el Exilio como un componente insoslayable de dicho conflicto.

Se trata entonces de un proceso de reconocimiento esencial para la construcción de la verdad, la memoria histórica y la paz, que conlleva un enorme desafío metodológico y práctico para la Comisión de la Verdad.

Bogotá, 16 de noviembre de 2020.

(1) Consultor en proyectos de Ciudad Inteligente.
Blog: https://agoradeldomingo.com

(2) El Retorno de Nuestras Voces. Comisión de la Verdad. Bogotá, 13 de noviembre de 2020: https://comisiondelaverdad.co/actualidad/noticias/verdad-sin-fornteras-encuentro-verdad-exilio-comision-verdad

(3) Video palabras de María Tila Uribe. La validez histórica de reconocer el exilio: https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZPiNzXZB1Oplf5XEPSejoMbihcU8mu0k31y

(4) https://my.pcloud.com/publink/show?code=XZbNNzXZBPouHzNDMiLQf8MQSQCGN0EGJ7qV

Fuente: Artículo publicado en https://www.sur.org.co/el-exilio/
Foto del autor de este artículo.

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