¿Cuál satélite para Colombia?

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Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

El periódico El Tiempo publicó el 23 de febrero un artículo del ex-Vicepresidente Germán Vargas Lleras titulado «El satélite, un juguete caro» en el que critica la decisión del Gobierno Nacional de «volver a poner en marcha el negocio del satélite de observación de la Tierra con el cual se pretende, además, que Colombia entre con pie firme en la era espacial». Y se declara sorprendido de enterarse a través de los medios de comunicación de que «Colombia le apostaría nuevamente a tener un satélite propio de última tecnología».

Recordemos que un satélite de este tipo permite tomar imágenes en muchos campos: estado de las carreteras, recursos hídricos, incendios forestales, minería, pesca y otros. El ex-Vicepresidente se refiriere en particular a la aprobación del Gobierno de Duque al Conpes (Consejo Nacional de Política Económica y Social) # 3983 de enero pasado. El documento en cuestión se titula «Política de Desarrollo Espacial: Condiciones habilitantes para el impulso de la competitividad nacional», en el que se incluye la siguiente línea de acción: «El Ministerio de Defensa Nacional, en coordinación con la FAC, el IGAC y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, realizará un estudio costo-beneficio sobre las diferentes alternativas de adquisición de infraestructura espacial de observación de la Tierra».

La inconformidad de Vargas Lleras tiene que ver con el costo que implicaría la compra del satélite, cerca de 350 millones de dólares, más los gastos de mantenimiento, cuando hoy en día esas imágenes se pueden comprar a otros satélites extranjeros por cerca de 2 millones de dólares anuales «e incluso provistas gratuitamente por medio de la cooperación internacional, como en el caso de los cultivos ilícitos», agrega. También alerta sobre los intereses que se moverían detrás del «negocio» y dice «la idea de tener no solo uno, sino varios satélites propios, incluso para generar emprendimientos, no parecería corresponder con las prioridades nacionales en materia del gasto».

Este artículo suscitó fuerte controversia y la W Radio entrevistó al abogado y experto en derecho espacial, Alfredo Rey, quien aseguró que es más conveniente, tiene mayor prioridad, adquirir un satélite de comunicaciones que un satélite de observación de la Tierra y dio la razón a Vargas Lleras confirmando que las imágenes se consiguen en el mercado y Colombia los compra actualmente.

El profesor Rey también manifestó que en materia de comunicaciones dependemos de los satélites de otros países, a pesar de que la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), que administra las posiciones orbitales de los satélites, le asignó a Colombia tres posiciones. Agregó que un satélite de comunicaciones tiene más o menos el mismo costo que uno de imágenes y permitiría cubrir todo el territorio nacional, conectar a todas las regiones y dejaríamos de pagar los costos por el alquiler de satélites extranjeros para hacer las telecomunicaciones.

Colombia rezagada
Aun cuando comparto lo fundamental de ambas posiciones, éstas ameritan ciertas precisiones y aclaraciones. En primer lugar, Colombia no ha tenido hasta ahora una política pública espacial con una visión estratégica de largo plazo, los esfuerzos en esta materia han sido muy limitados y la clase política no ha sabido conducir al país para aprovechar el potencial que tiene este sector, quedando Colombia rezagada frente a otros países de América Latina. A pesar de que se han aprobado en las últimas décadas tres documentos Conpes para la compra de satélites, dos de comunicaciones y uno de observación de la Tierra, estas adquisiciones nunca tuvieron lugar, se quedaron en el papel.

El reciente Conpes plantea la necesidad de una Política de Desarrollo Espacial para impulsar la economía colombiana mediante una serie de estrategias que permitan generar tres condiciones habilitantes: sentar las bases para construir una visión de largo plazo del sector espacial; facilitar la entrada de la iniciativa privada; y revisar el rol de la Comisión Colombiana del Espacio, adaptar la normatividad existente y propiciar la cooperación internacional. Sin embargo, este Conpes apenas destina recursos por 1904 millones de pesos para su implementación, lo cual parece insuficiente.

Un valioso recurso natural
En segundo lugar, Colombia al igual que otros 9 países en el mundo, Brasil, Ecuador, Congo, Gabón, Kenia, Somalia, Uganda, Zaire e Indonesia, goza del privilegio de poseer una órbita geoestacionaria, un valioso recurso natural que hubiese podido ser gran fuente de ingresos para el país pero que hoy ha sido declarado por las grandes potencias como un recurso de la humanidad, en contraposición al concepto de soberanía nacional que firmaron estos países en el año 1976.

Recordemos que la órbita geoestacionaria (O.G.E.) es una autopista circular sobre la línea ecuatorial a casi 36.000 kilómetros de altura. Ella permite que los satélites allí situados giren en el mismo período de rotación del planeta, desplazándose siempre encima de un territorio dado. Por ello, esta órbita presenta grandes ventajas para los satélites de comunicaciones, televisión y navegación GPS (Global Position System), reduciendo a su vez los costos de los equipos terrestres.

La Constitución colombiana establece que también es parte de Colombia el segmento de la órbita geoestacionaria. Pero en la vida real la O.G.E. está casi llena con satélites de las grandes potencias y es clara la inclinación de la UIT en favor de los países con capacidad tecnológica. Sin embargo, Colombia conserva aún tres posiciones en derecho, que nos corresponden entre los 70 y 75 grados al oeste del meridiano de Greenwich.

Satélite de comunicaciones vs fibra óptica
Debido a la compleja geografía colombiana, el Ministerio de Tecnologías de Información y Comunicaciones (MinTIC) abrió en el 2010 un proceso para la compra de un satélite de comunicaciones con el fin de dar conectividad a miles de centros educativos, hospitales y otras instituciones públicas, buscando así superar el aislamiento de buen número de regiones y a la vez reducir la brecha digital.

En esa ocasión la licitación se declaró desierta y tampoco tuvo éxito un nuevo intento. Finalmente el Gobierno consideró que era mejor desplegar una red nacional de fibra óptica, estableciendo un plan gradual para llegar a las cabeceras de la gran mayoría de los 1.100 municipios del país, y allí en donde no fuese posible implementar esta infraestructura de comunicaciones de alta velocidad se acudiría a empresas prestadoras de servicios inalámbricos de voz y datos (satelitales y micro-ondas).

Este programa de fibra óptica se ha ido cumpliendo en general, aunque a nivel local la solución del «último kilómetro» para llegar al usuario final, que corre a cargo de empresas de servicios públicas o privadas, avanza a paso lento en muchos sitios. A su vez, numerosas zonas rurales del país aún carecen de comunicaciones de alta velocidad, a pesar del esfuerzo hecho por algunos operadores.

Conclusión
Antes que hacer una inversión económica en la adquisición de un sistema satelital de imágenes, el gobierno debería dar prioridad a la adquisición de un satélite geoestacionario de comunicaciones que beneficie el desarrollo equitativo de las regiones del país.

Desde luego, ello exigiría una inversión económica importante, además de asegurar necesariamente otros factores de éxito. Lo ideal sería ponerse de acuerdo con los países vecinos, en particular con Venezuela y Ecuador, pero tal cooperación es improbable en el contexto político actual.

Y como quiera que las comunicaciones en el siglo XXI pasan en gran medida por las telecomunicaciones y Colombia no tiene un satélite de comunicaciones propio, será necesario seguir acudiendo a los servicios de satélites de otros países y de empresas privadas. Esa es por ahora nuestra realidad.

Por Mauricio Trujillo Uribe*
29 de febrero de 2020

* Ex-Alto Consejero Distrital de TIC para Bogotá.
Blog: https://agoradeldomingo.com


Artículo publicado en Revista Sur: https://www.sur.org.co/cual-satelite-para-colombia

Foto tomada de: larepublica.pe
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