En memoria de Ricardo Lara Parada, 30 años después

Uno de los elementos diferenciadores del proceso de paz en curso, con respecto a los anteriores procesos que han tenido lugar desde mediados de los años 70, es el haber colocado en el centro del debate a las víctimas de este conflicto.

Por Mauricio Trujillo Uribe

En esta etapa crucial de la historia del conflicto armado interno en Colombia, en el que el Gobierno y las FARC se acercan a la firma de un acuerdo de paz para poner fin a más de 50 años de confrontación, y parece próximo el inicio de la mesa de diálogo con el ELN,  el presidente Santos ha insistido en que uno de los elementos diferenciadores del proceso de paz en curso, con respecto a los anteriores procesos que han tenido lugar desde mediados de los años 70, es el haber colocado en el centro del debate a las víctimas de este conflicto.

Este punto es justamente uno de los más sensibles que componen la actual agenda de negociación y tiene como base los principios de verdad, justicia y reparación para todas las víctimas del conflicto que han sufrido violencia y desplazamiento, y así mismo, que los victimarios de todas las partes involucradas en el conflicto, pidan perdón y adquieran el compromiso de no repetición.

Entre estas víctimas se encuentran Ricardo Lara Parada y, por consiguiente, su familia; su esposa, Rocío Agudelo, ya fallecida, y sus hijos Fernando y Mónica. En noviembre de 1985, Ricardo fue asesinado por el ELN, según lo reconoció públicamente esa organización, justificando lo injustificable.

Lo mismo ocurrió años atrás con Jaime Arenas, Julio César Cortés, Víctor Medina Morón, Heliodoro Ochoa, Juan de Dios Aguilera, Carlos Uribe Gaviria y otros tantos jóvenes revolucionarios que se vincularon a esta guerrilla creyendo que ese era el camino para luchar por un profundo cambio social, económico y político del país.

Pero hacer justicia a la memoria de Ricardo Lara Parada significa también dar a conocer y poner en alto su visión y actividad política democrática, luego de que se acogiese a la ley de amnistía del presidente Betancur en 1983.

«Queremos diferenciarnos del movimiento armado porque tradicionalmente en este país la política depende de las decisiones de los polos de la guerra. Lo que representa a la derecha y la reacción, espera de los estamentos militares del Estado las orientaciones para trazar políticas. Y el movimiento revolucionario también está habituado a esperar las orientaciones de los movimientos guerrilleros. Nosotros en consideración que el país necesita una política de centro-izquierda que se identifique con esos diez millones de abstencionistas que no participan en esos dos polos antagonizados por la lucha de clases», decía Ricardo en el marco del proceso de paz y de la apertura democrática que se iniciaba en ese período.

Líder natural, Ricardo decide entonces junto con otros compañeros, lanzar el Frente Amplio del Magdalena Medio (FAM), enarbolando las aspiraciones más sentidas de Barrancabermeja y la región, movimiento que lo llevó en 1984 a ser electo concejal de la ciudad.

De esta manera, el joven soñador y ávido de justicia social que había sido cofundador del ELN en el período del Frente Nacional, el hombre que había pagado años de cárcel por su rebelión, el intelectual que había replanteado su quehacer político frente a las nuevas realidades del país, opta por la lucha democrática dando ejemplo y señalando un camino legal y pacífico.

Hoy, 30 años después, cuando las negociaciones de paz en La Habana pasan por un acuerdo sobre la participación en política de quienes dejarán las armas, cobra plena vigencia el ejemplo de Ricardo Lara para procurar los cambios por los que nuestra Colombia requiere avanzar.

Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 26 de noviembre de 2015


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Foto: blog Ricardo Lara Parada