Globalización y política internacional: desencanto en la V Cumbre de las Américas

La V Cumbre de las Américas se realizó en medio de importantes hechos en materia de política internacional para Colombia y América Latina en un contexto de globalización mundial. El evento dejó mucho que desear.

Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 21 de abril de 2009

El 19 de abril de 2009 terminó la V Cumbre de las Américas en Trinidad Tobago, en ella se dieron cita los 34 Jefes de Estado y de Gobierno de los países del Hemisferio Occidental, salvo Cuba, para tratar asuntos comunes y, supuestamente, definir una visión conjunta para el futuro desarrollo de la Región a nivel económico, social y político.

La reunión anterior de la Cumbre de las Américas, tuvo lugar en Argentina hace tres años; entre tanto nuevos e importantes hechos en materia de política internacional para Colombia y América Latina han tenido lugar en un contexto de globalización mundial, entre ellos podemos destacar tres:

I- Un mapa político latinoamericano con fuertes vientos de cambio
En primer lugar, el mapa político de Latinoamérica ha seguido cambiando, los vientos favorables a las izquierdas siguen soplando, desde la victoria de Chávez en Venezuela hace diez años, pasando por la elección de más de una decena de Presidentes progresistas con programas que incluyen reformas sociales de fondo, políticas de inclusión de sectores sociales tradicionalmente marginados y una mejor redistribución de la riqueza. El más reciente hecho ha sido el triunfo de Mauricio Funes, candidato del FMLN, en El Salvador, en un proceso por lo demás muy significativo para nosotros, la izquierda colombiana, en la medida en que la izquierda de ese país logra ganarle el poder a la derecha dura y guerrerista por la vía de las urnas, luego de que el FMLN decidiese abandonar la opción guerrillera. Y en Ecuador, el Presidente Correa acaba de renovar su mandato presidencial con el respaldo la amplia mayoría del pueblo ecuatoriano que se volcó a las urnas.

Este mapa político en América Latina ha cambiado a tal punto que un reciente artículo del periodista Ramonet publicado en el periódico francés “Le Monde Diplomatique”, decía que estamos asistiendo “a un renacimiento, a una verdadera refundación del continente”, concluyendo que Latinoamérica “se ha convertido en la región más progresista del planeta. Donde más cambios se están produciendo en favor de las clases populares y donde más reformas estructurales están siendo adoptadas para salir de la dependencia y del subdesarrollo.” Sin embargo, hay también que señalar que estos cambios en nuestra región tienen muchos matices, y que básicamente podemos señalar dos tendencias, una radical en donde se reflejan gobiernos como el de Venezuela y Bolivia y otra de izquierda-centro, más cercana a la socialdemocracia, como el gobierno de Brasil y Chile.

A su vez, en el plano de la integración de los países de la Región, y del establecimiento de nuevos instrumentos de cooperación, además del Mercosur, que agrupa a los 260 millones de habitantes de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela, se han lanzado recientemente otras iniciativas como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), se trabaja hacia la creación de una Zona Monetaria Común (ZMC) y en marzo pasado varios gobiernos suramericanos decidieron constituir el Consejo de Defensa Suramericano (CDS).

II- Cambios y anuncios en Estados Unidos
En segundo lugar, hay un nuevo presidente en los Estados Unidos; la elección de Barack Obama, ha despertado gran entusiasmo en Estados Unidos y en muchas regiones del mundo. Frente a la política del gobierno neoconservador de Bush, que se caracterizó por su unilateralismo y su política de “halcón” hegemónico, se han creado nuevas expectativas el sentido de que el nuevo líder de la Casa Blanca le abrirá las puertas a una política internacional multilateral, abandonando la política de la “guerra preventiva” para combatir el terrorismo, y en particular en América Latina se espera que Obama tenga una actitud de mas amplio diálogo y un cambio frente al infame bloqueo económico que sufre Cuba, así como una política más activa en materia de protección de los derechos humanos en el continente. El cierre de la prisión de Guantánamo en Cuba, la autorización del envío de remesas de los cubanos residentes en Estados Unidos a sus familias y el anuncio del retiro de las tropas norteamericanas en Irán, son “gestos” que indican, quizás, nuevos tiempos en las relaciones internacionales de la primera potencia mundial.

Sin embargo, muchos analistas en América Latina estiman que no hay que hacerse grandes ilusiones en la medida en que los centros de poder económico en Estados Unidos mantienen sus conocidas políticas imperiales y, a su vez, las preocupaciones centrales del gobierno de Obama están focalizadas actualmente en los conflictos de Afganistán, y en la relación con Europa, China, Rusia y demás potencias del G-20 para el manejo de la crisis económica global.

III- Crisis económica en un mundo globalizado
En tercer lugar, justamente, aparece esta crisis económica en un mundo globalizado en el que el modelo neo-liberal predomina. Es así como en la Cumbre del G-20, realizada en Londres a comienzos de este mes, abril de 2009, se reunieron de urgencia los líderes de los países cuyas economías representan más del 80% de la riqueza global, para acordar, en medio de sus contradicciones, un paquete de medidas que permitiesen PALIAR la actual crisis económica mundial, la más grave desde la II Guerra Mundial y quizás desde los años 30, conocida como la «Gran Recesión». Allí se dieron cita los jefes de Estado de los países más poderosos o influyentes, entre ellos Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y Japón, y de los países emergentes como Rusia, China, India, Brasil, Arabia Saudí y México.

Esta crisis, comenzó en el sector financiero de los Estados Unidos como resultado de un manejo especulativo de los créditos privados inmobiliarios ocasionado pérdidas monumentales a los grandes conglomerados financieros y bancarios y a la gran industria, y en poco tiempo ha desembocado en una vasta recesión económica y en el desempleo de millones de personas, primero en los países del “Norte”, extendiéndose luego hacia los países del «Sur”. De hecho Colombia comienza a recibir sus efectos y podemos decir que en general se trata de una crisis que afecta a la vida de las mujeres, hombres y niños de todos los países.

Los Presidentes y Jefes de Estado reunidos en Londres, aceptaron la necesidad de actuar conjuntamente para enfrentar esta crisis, tomar medidas para sacar a la economía mundial de la recesión, reactivar la economía y evitar que una crisis de este tipo se repita nuevamente, al menos esos eran los propósitos anunciados.

Así, un primer punto que abordaron los dirigentes del G-20 fue intentar ponerse de acuerdo sobre los riesgos que conlleva la falta de reglamentación financiera internacional, propios del modelo neo-liberal y, en consecuencia, sobre una reforma de las instituciones internacionales que no supieron ni prever ni evitar la actual crisis.

Adicionalmente, discutieron medidas excepcionales a tomar respectivamente en los bancos centrales de sus países, como por ejemplo la recapitalización de los mismos con dineros de fondos públicos, lo cual ha provocado las protestas del sindicalismo y de organizaciones sociales en los países del Norte, por considerar que mientras los grandes patronos reciben ingentes compensaciones, los trabajadores y los sindicatos son obligados a hacer concesiones.

Entre los propósitos de esa cumbre del G-20, se enunció la necesidad de abstenerse de provocar las devaluaciones competitivas de las monedas y, de manera especial, de fomentar un sistema monetario internacional estable y en buen funcionamiento. Se acordó entonces el fortalecimiento de la supervisión y de la regulación del sistema financiero global, con medidas, entre otras, no vamos a hacer aquí una lista, como establecer un nuevo Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), el cual debe colaborar con el FMI, cuyo papel en la imposición de los modelos neo-liberales que tanto daño han causado a nuestros países latinoamericanos y del mundo en desarrollo es bien conocido, todo esto teniendo como meta advertir de antemano los riesgos macroeconómicos y financieros y sobre las medidas necesarias para superarlos.

De otro lado, en esta Cumbre del G-20 se manifestó la insistencia de los países emergentes, como China, India y Brasil, entre otros, para aumentar su poder de influencia por sobre el FMI y sobre los organismos de regulación financiera mundial. Y cabe destacar que Argentina, Brasil y México coincidieron en la necesidad de combatir el proteccionismo como uno de los elementos clave de la recuperación.

La evaluación de los resultados de la cumbre G-20 no se puede ver en la grandilocuencia de los mandatarios al anunciar el paquete de medidas, ni en la respuesta positiva de los mercados en el corto plazo: se medirá, con el tiempo, cuando la economía global reaccione en un sentido u en otro. Tanto más que los efectos tremendos de esta crisis son la consecuencia de un modelo ultra-liberal, asentado en el “dejar hacer”, en la acumulación rápida de ganancias por una minoría, en la repartición injusta de las riquezas y en un sistema comercial mundial no equitable, entre otros factores estructurales.

Desencanto en la V Cumbre de las Américas
Estos son a primera vista tres de los principales grandes cambios en materia de globalización y política internacional en los que tuvo lugar la V Cumbre de las Américas, la cual terminó con una sensación de desencanto casi generalizada en la medida en que, en un hecho sin precedentes, su declaración final sólo fue firmada por uno de los asistentes, el primer ministro de Trinidad y Tobago, por encargo de los otros 33 asistentes.

Sin embargo puede decirse que ésta fue una reunión que posiblemente sirvió para que al menos América Latina y el Caribe, y los Estados Unidos propicien una nueva forma de verse, de debatir y de tratar nuestras diferencias con mayor madurez.

Mauricio Trujillo Uribe
Bogotá, 21 de abril de 2009


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Foto: El País, España