Tensión con países los vecinos, oportunidad para la paz y lucha contra el narcotráfico

Las naciones latinoamericanas deben y pueden ayudar a que termine el conflicto armado en Colombia y contribuir al tratamiento adecuado del fenómeno internacional del narcotráfico, pues ambos hechos afectan cada vez más la región.

Mauricio Trujillo Uribe *
Washington, 22 de marzo de 2008

En la Cumbre de Río en Santo Domingo celebrada el pasado 7 de marzo y en la reunión de cancilleres de la OEA en Washington que tuvo lugar en la misma semana, los países latinoamericanos rechazaron la violación de la soberanía de Ecuador por parte de Colombia, el presidente Uribe presentó disculpas a Ecuador y su canciller, Fernando Araujo, se comprometió a que este tipo de actos no se repetirán bajo ninguna circunstancia.

Por eso, las insólitas declaraciones del ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, al manifestar que el ataque a las FARC en territorio ecuatoriano fue un “acto de guerra legítima” y que si fuese el caso se ordenarían acciones para combatirlas donde quiera que estén, han causado gran sorpresa y malestar en América Latina.

De nuevo la credibilidad del gobierno de Uribe quedó por los suelos, no obstante que el canciller colombiano salió a decir que esas declaraciones de Santos no correspondían a la línea de la Cancillería. Credibilidad ya fuertemente cuestionada cuando quedó claro que la versión inicial que dio el presidente Uribe sobre las circunstancias del asalto de las tropas colombianas era por lo menos amañada, como era infundada la versión inicial de las autoridades colombianas cuando le «deslizaron» al periódico El Tiempo, la foto del computador de Reyes sugiriendo que era la del Ministro de Seguridad de Ecuador.

Ante semejante fiasco del gobierno colombiano en el manejo de las relaciones internacionales, los demócratas en Colombia debemos exigirle al presidente Uribe acatar al menos las principales conclusiones de la declaración de la Cumbre del Grupo de Río y de la Resolución de la reunión de cancilleres ante la OEA, en donde:

– Se reiteró «la plena vigencia» del principio de la soberanía territorial «sin ninguna excepción», consagrado en la Carta de la OEA, «como un principio vital de la convivencia entre las naciones americanas». También se reiteró la «abstención del uso o amenaza de uso de la fuerza» y la «no injerencia en los asuntos de otros Estados», consignados igualmente en la Carta de la OEA.

– Se derrotó la tesis, inaceptable, que defendían Colombia y Estados Unidos que pretendía respaldar la violación de la soberanía de Ecuador invocando el “derecho a la legítima defensa” (por encima del derecho internacional) y la resolución de la ONU que condena el apoyo a terroristas (sin probar que ese sería el caso del gobierno de Ecuador). Tesis similar a la que Estados Unidos acudió en su momento para “justificar” las agresiones en Afganistán e Irak.

– No pasó el concepto de «la lucha contra el terrorismo» que el gobierno de Uribe quiso hacer aprobar en referencia a las FARC. Los países reiteraron «el firme compromiso de combatir las amenazas a la seguridad» en la región «por parte de organizaciones criminales, en particular aquellas vinculadas al narcotráfico», pero siempre con sujeción al derecho nacional e internacional.

– Se hicieron recomendaciones para restablecer un clima de confianza entre Ecuador y Colombia, entre ellas: crear una comisión especial de la OEA para que le haga seguimiento y verificación a los acuerdos fronterizos, desarrollar programas de integración y promover el diálogo entre la sociedad civil en las fronteras y fortalecer el comercio bilateral (el Secretario General de la OEA deberá presentar en la próxima Asamblea General en Colombia un informe sobre el cumplimiento de estos puntos).

– Se renovó la importancia de los foros multilaterales con base en el derecho internacional, se comprobó que los países de América Latina y Caribe tienen la capacidad de trabajar juntos y con autonomía frente a Estados Unidos, y se avanzó en la idea de crear la Organización de Estados Latinoamericanos.

– Quedó claro que las naciones latinoamericanas deben y pueden ayudar a que termine el conflicto armado en Colombia y contribuir al tratamiento adecuado del fenómeno internacional del narcotráfico, pues ambos hechos afectan cada vez más la región. Además se fortaleció la idea de crear un grupo de países amigos, al estilo Grupo de Contadora, que facilite el diagnóstico de soluciones conjuntas y la construcción de un escenario de paz.

La crisis diplomática causada por la decisión del presidente Uribe de atacar a las FARC en territorio ecuatoriano generó la reacción de los países de América Latina, quienes finalmente dejaron en firme el principio de que las relaciones entre los países deben observar de manera estricta la soberanía y el derecho internacional.

Esta crisis con los vecinos también puso de presente que es necesario persistir en una solución política del conflicto armado en Colombia y que alcanzar la paz en nuestro país requiere del respaldo de la comunidad internacional.

Mauricio Trujillo Uribe *
Washington, 22 de marzo de 2008

* Miembro de la Dirección Nacional y del Comité Ejecutivo Nacional del Polo Democrático Alternativo. Miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Polo.


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Fuente: Página Web Polo Democrático Alternativo

Foto: ipTimes – Imágenes Google